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Temer da la cara

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Michel Temer es el hombre y el nombre del momento en Brasil, la séptima economía del mundo, con 200 millones de habitantes, una extensión el doble de la UE, el 40 por 100 del PIB de Latinoamérica, y uno de los destinos preferentes de la inversión española desde hace décadas.

Seis veces diputado federal, tres veces presidente de la Cámara de los Diputados, muchas veces interinamente presidente de la República, asumió definitivamente el cargo a los 76 años tras el "impeachment" convulso que costó el puesto a Dilma Rousseff como consecuencia de la cadena de corrupciones del "lava jato" y las delaciones del empresario Marcelo Odebrecht.

Temer nos recibió afable, sonrisa amplia, traje impecable, y un portugués casi académico, en el Palacio de Planalto, con la lógica hora de retraso.

Planalto, obra de Niemeyer, es un edificio kitsch más que singular, de estética pop puro años sesenta, con grandes espacios para pasear, muebles urbanos, diseño de vanguardia y todo al estilo de Brasilia, esa ciudad administrativa utópica construida artificialmente sobre una meseta de tierra roja en medio de la nada.

Temer nos dio 45 minutos milimetrados, empleando en la entrevista su tono habitual de hombre tranquilo y seguro, al que no parece importarle demasiado que la justicia haya imputado a buena parte de sus ministros, ni tan siquiera que se implique a su partido en financiación irregular (como al resto de los partidos brasileños, por cierto) ni que él mismo sea citado (como Lula y como Dilma, como Cardoso, Aecio Neves y cien políticos más), como perceptores de "caixa dos", la 'caja B' con la que la constructora Odebrecht sobornaba a la clase política del país.

Temer está siendo acosado, pero está dando la cara. Una entrevista cada día en alguna televisión, en alguna radio, o en la Agencia Efe, por ejemplo. Tiene claro que su tiempo concluye en 2018, y que ese escaso tiempo lo va emplear en hacer las grandes reformas que necesita Brasil, para que quien venga después se encuentre el trabajo hecho, y una nación ordenada, fuera ya de la crisis, dispuesta a liderar Latinoamérica gracias en parte a la apuesta de multinacionales de países como España.

De ahí que vaya a recibir este lunes a Rajoy en Planalto con toda la pompa que se merece el jefe del Gobierno del segundo país con más inversión en Brasil después de Estados Unidos.

Temer sabe de la importancia de España y sus empresas, y espera una segunda ola de inversión hispana como una parte más del ambicioso plan de privatizaciones y licitaciones que anuncian para los próximos años.

Temer es presidente del Partido del Movimiento Democrático Brasileiro (PMDB) desde hace 12 años. El PMDB es en realidad el partido más importante de Brasil hoy día, pese a la idea errónea que muchos podían tener en el sentido de que el primer partido de Brasil era el PT de Lula y Rousseff.

Es verdad que la presidenta que ganó las elecciones era del PT y que el PT es la segunda fuerza en la Cámara de Diputados. Pero en primer lugar se sitúa el PMDB, que también es el primer partido en el Senado, el que mayor número de gobernadores y alcaldes tiene, el que tiene mayor número de "vereadores" (concejales) y también de diputados "estauais" (autonómicos).

El partido de Temer sigue siendo, hoy por hoy, el más importante por la diversificación de su poder: controla la presidencia de la República, tiene a un firme aliado en la presidencia de la Cámara de Diputados y dirige el Senado. Y las áreas de gobierno más relevantes, desde luego.

Controla por supuesto la economía y la dirección de las seis grandes reformas que quiere finalizar Temer antes de que acabe su mandato. Unas reformas que afectan a las jubilaciones, la Seguridad Social, el empleo, las empresas, la educación y el fisco. O sea, todo lo que necesita Brasil para dejar atrás la crisis y volver a crecer.

Hijo menor de 8 hermanos de una familia de libaneses que emigró a Brasil en 1925, el presidente brasileño es católico, un hombre moderado que ha hecho una gran carrera como abogado, profesor y doctor en Derecho.

Es considerado uno de los mayores constitucionalistas del país, autor de libros de éxito en este ámbito, algunos de ellos con más de 200.000 ejemplares y más de 20 ediciones vendidas.

También es persona de gran cultura, con inquietudes literarias. Hace tres años publicó "Anónima Intimidad", una colección de poesías escritas en servilletas de papel durante sus largos viajes en avión como vicepresidente de Brasil.

Aunque, sobre todo, es un político de primer nivel, un hombre de unión, un hombre de diálogo, un pacificador, y durante años la voz de Brasil en numerosos foros internacionales.

En la calle es impopular hasta extremos incalculables, pero él tiene claro que su obligación es ahondar en la política de mudanzas, de modo y manera que sea recordado no como el presidente de la época más convulsa de Brasil, sino como el más reformista de la historia. El tiempo dirá la última palabra.

De momento, al equipo de Efe (Eduardo Davis, Carlos Meneses, Joédson Alves Ferreira Lima, Carmen Gurruchaga y servidor de ustedes) nos ha concedido 45 minutos de ese tiempo y todo tipo de explicaciones. Lo cual siempre se agradece.

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