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Las delegaciones libias deciden proseguir las negociaciones por separado

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Las delegaciones libias deciden proseguir las negociaciones por separado

Las delegaciones libias deciden proseguir las negociaciones por separado

Las delegaciones del este y el oeste de Libia decidieron proseguir por separado sus trabajos para la enmienda del anterior "Acuerdo Nacional", primer paso en el nuevo y controvertido plan de reconciliación lanzado esta semana en Túnez por la ONU.

Fuentes de una de las delegaciones explicaron a Efe que cada una de ellas analizará las opciones para reestructurar el poder ejecutivo y el marco político, y volverán a encontrarse en una plazo "de cinco o siete días".

"La enmienda del acuerdo político es difícil y necesita una fuerte voluntad. Si lo afrontamos con espíritu constructivo, vamos a lograr una gran convergencia", explicó el jefe del comité de diálogo del este del país, Adel Salam Nasia.

"Pero si (nos centramos) en las corrientes políticas o personas es difícil alcanzar una solución. Hay que centrarse en las estructuras y distanciarse de los nombres", agregó.

Ambas delegaciones se reunieron el pasado martes por primera vez para comenzar a negociar el nuevo plan de reconciliación propuesto por la ONU, que debe conducir a la formación de un nuevo gobierno en el verano de 2018 y que pretende incluir a islamistas y gadafistas.

El proyecto contempla la enmienda del polémico "Acuerdo Nacional Libio", forzado por la propia ONU en diciembre de 2015 y que en estos dos años solo ha servido para enconar aún más el conflicto que atraviesa el país desde la caída en 2011 de la dictadura de Muamar al Gadafi.

Desde entonces, el estado está dividido en dos, con una autoridad en el este, bajo el control del Parlamento en Tobruk y la tutela del mariscal Jalifa Hafter, y otra en Trípoli, sostenida por la ONU y representada por el primer ministro, Fayez al Serraj.

Uno de los puntos más polémicas de la nueva iniciativa es la pretensión del nuevo enviado especial de la ONU, Gassam Saleme, de que se sumen a ella tanto los islamistas considerados moderados como los miembros del antiguo régimen, con Saif al Islam, uno de los hijos predilectos del depuesto Muamar al Gadafi, a la cabeza.

El diplomático libanés abrió, incluso, la puerta a que el propio Saif pueda presentarse, pese a la oposición de numerosos grupos y de que pende sobre él una orden de búsqueda y captura de la Corte Penal Internacional sobre crímenes de lesa humanidad.

Una denuncia, la de crímenes de guerra, que también pende sobre otro de los actores de la tragedia libia, el mariscal Hafter, en estos momentos el hombre fuerte del país.

Fuentes cercanas a la delegación en Trípoli revelaron a Efe que sobre la mesa existe también una propuesta, aún no pública, que ofrece la dirección de la transición hasta las elecciones a los líderes del Parlamento en Tobruk (este) y al Consejo Superior de Estado (en Trípoli).

Y la dirección de las futuras Fuerzas Armadas, y del ministerio de Defensa a Hafter, que dominaría sobre el resto de las milicias en el país.

Un plan al que se oponen varias de esas milicias, tanto en la capital como en el sur y en la poderosa ciudad-estado de Misrata, y que ninguno de representantes de las dos delegaciones negociadoras quiso comentar.

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