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La tasa de natalidad de los refugiados sirios se dispara entre la pobreza

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Casi cuatro millones de niños refugiados no tienen acceso a la educación

Casi cuatro millones de niños refugiados no tienen acceso a la educación

La idea de preservar la existencia de su pueblo, escapar del estrés, la pobreza y la falta de educación son algunos de los factores detrás de la alta natalidad de los refugiados sirios, que duplica la de los libaneses a pesar de sus precarias condiciones de vida.

Las cifras son contundentes: 40.000 bebés sirios nacen al año en el Líbano en una población de más de un millón y medio de personas, mientras que entre los cuatro millones de libaneses se dan 70.000 nacimientos, según el director general del Ministerio de Salud libanés, Walid Ammar.

Ammar, que atribuye la alta natalidad a "una cuestión cultural vinculada a la pobreza, la ignorancia y la falta de educación", destacó en declaraciones a Efe que los nacimientos aumentaron "considerablemente" a partir de 2014.

La mayoría de los refugiados sirios que viven en el Líbano, que cobija el mayor número de ellos per capita del mundo, residen en campos informales en condiciones deplorables.

No todos están registrados como refugiados debido a que por motivos económicos no pudieron renovar sus permisos de residencia y a que el Gobierno libanés impuso restricciones a la entrada de sirios.

Por ello, las cifras del Ministerio de Salud no coinciden con las del Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), que documentó en agosto pasado la presencia de 1.033.000 sirios en el Líbano, la mitad de ellos menores de edad.

Una de las portavoces de ACNUR, Lisa Abu Jaled, detalla a Efe, por su parte, que su agencia registró un número menor de nacimientos de bebés sirios en el Líbano, un total de 100.000 desde el comienzo del conflicto en Siria en 2011.

La alta natalidad entre los refugiados sirios inquieta a los libaneses de todas las comunidades religiosas, que temen que si la guerra perdura en Siria superarán su número.

Muchos de los sirios no entienden esta preocupación ni la incomprensión que suscita su deseo de tener tantos vástagos pese a que tienen poco que ofrecerles.

Jadiche, una refugiada siria pasa todo el día pidiendo limosna en una calle de Beirut con sus cinco hijos, se extraña de la pregunta.

"¿No es el papel de la mujer perpetuar la especie?. Además, a pesar de nuestra vida, un lecho de espinas, no podemos privarnos del único placer que nos queda y demostrar que continuamos siendo deseadas", comenta a Efe.

Esta vida sexual y el interés por procrear tienen sentido en situaciones de conflicto para la socióloga libanesa Ugarit Lubnan, cofundadora de la Universidad Académica de la No Violencia y de los Derechos Humanos.

"Una situación de angustia extrema -explica- se refleja en la intimidad y durante una situación de guerra la vida sexual aumenta ya que es un medio de acercarse al otro y dar la impresión que se puede hacer algo por sí mismo, sobre todo en el seno de la familia".

Según Lubnan, el gran número de nacimientos entre los refugiados sirios es un "reflejo de la sociedad", que busca de esta forma un desahogo ante "una situación de pérdida total" en el marco de las normas morales que marca el islam.

La socióloga afirma, además, que "en una guerra, el ser humano tiene que demostrar que tiene un poder sobre la vida y lo hace a través de la procreación, perpetuando su pueblo, ya que los niños son una compensación y así conservan cierta esperanza frente a la muerte".

Este último punto es el factor más importante que explica la alta tasa de natalidad entre los refugiados sirios, a juicio del jeque Mohamad Nokari, juez y profesor universitario, quien argumenta que con ello se busca "reemplazar el gran número de muertos en la guerra".

Nokari indica a Efe que otras razones son la poligamia y los matrimonios precoces, que se deben "más bien a la tradición y a las costumbres que a la religión".

"El islam no prohíbe la contracepción y nada impide que una familia limite el número de hijos", dice el jeque, que achaca esta situación a la pobreza.

Gran parte de los refugiados proceden del campo y, para ellos, un hijo es "una mano de obra suplementaria y una fuente de ingreso", mientras que los matrimonios precoces significan "una boca menos que alimentar", lamenta el jeque Nokari.

Esto, sumado a los recursos limitados y los obstáculos que impone el Gobierno libanés hacen que, según un reciente informe de Human Rights Watch (HRW), más de la mitad de los cerca de 500.000 niños sirios en edad escolar registrados en el Líbano no acudan al colegio, alejando cualquier posibilidad de un futuro mejor.

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