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Los pechos secos de la guerra de Irak

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Los pechos secos de la guerra de Irak

Los pechos secos de la guerra de Irak

Cuando Fatma, de 26 años, salió huyendo de su pueblo, al sur de Mosul, por los combates entre las fuerzas iraquíes y los yihadistas, llevaba en sus brazos a su hija Maha, de cuatro meses, quien sufrió malnutrición severa, porque su madre, como muchas otras desplazadas, se quedó sin leche para darle el pecho.

Entre vómitos y diarreas, pasaron los primeros días de Maha en el campamento de Al Yada, en la comarca de Qayara, situada al sur de Mosul, donde su madre y su familia encontraron refugio.

Ante la gravedad de su estado, fue trasladada a un centro de la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF), donde hasta hoy, cuatro meses después de su llegada, sigue recibiendo atención médica junto con otros lactantes que también sufren malnutrición.

Fatma, que se casó cuando tenía 16 años, ha dejado a sus otras dos hijas, una de ella tiene polio, en el campamento, para quedarse con su bebé en la sala del centro donde otras 13 madres siguen con preocupación la evolución de sus niños.

"Hemos visto tragedias, sufrimos el frío, el hambre y el miedo, hemos vivido todo esto, nos han encarcelado los de Dáesh (Acrónimo árabe del Estado Islámico (EI) y no podíamos salir (del pueblo)" recuerda Fatma, sentada en una camilla en la que ha colgado la ropa de Maha para secarla mientras la acuna en su regazo.

Cuenta cómo antes de llegar al hospital intentaba inútilmente darle a su hija el pecho, pero se había quedado yermo, como tantas cosas en la guerra, y su bebé llegaba a estar hasta tres días sin comer.

Según MSF, hay madres en los campamentos de desplazados que no producen leche como consecuencia de la guerra que están sufriendo, además de por la dura situación en la que vivían durante los combates de los últimos nueve meses.

"Por la guerra en Mosul no tenían suministros alimentarios como la leche de fórmula, por lo que empezaron a dar sus niños agua azucarada o agua con arroz, cosas así, pero no alimentos adecuados", destaca Roxana Stavila, la directora de las actividades médicas en este hospital de campo.

Atienden a 13 lactantes en el centro, que ha recibido desde que ha abierto sus puertas, el pasado abril, a al menos 450 bebés de solo los campamentos cercanos a Qayara, que además de malnutrición sufren fiebres, por las altas temperaturas, que llegan a 50 grados y otras enfermedades como consecuencia de la precaria situación.

En total dice, un diez por ciento de los recién nacidos de la zona sufre algún tipo de padecimiento por la escasa o mala alimentación.

La hija de Fatma, que con cuatro meses pesaba solo dos kilos cuando fue hospitalizada, ahora pesa cinco. Cuando llegó sufría también neumonía por el humo de la hoguera que solía encender su madre para iluminar la casa, debido a la falta de electricidad durante el cerco impuesto por las fuerzas iraquíes para expulsar a los yihadistas.

Las madres y sus lactantes no solo sufrieron las consecuencias directas de la guerra, sino también otras indirectas como la falta de alimentos o medicinas, o el deterioro de los servicios de salud.

"Las madres sufren por que no hay un sistema de salud básico (...) y no hay atención prenatal adecuada, ni tampoco educación para ellas", destaca Stavila.

Algunas madres también por ignorancia y falta de leche de fórmula dan a sus bebés comida que no pueden digerir sus hijos, en lugar de darles el pecho, con la creencia que así van a crecer más fuertes.

En el lado opuesto a Fatma, está sentada Sachda, de 19 años, madre de dos niños. El más pequeño Hamza, de siete meses, sufre malnutrición desde que escaparon del oeste de Mosul hace también cuatro meses.

Hamza llegó hace dos meses al centro de MSF con menos de tres kilos de peso, y la salud muy deteriorada porque su madre lo alimentaba a base de agua con azúcar.

Tras dos meses hospitalizado ha ganado dos kilos y medio, y los médicos esperan que en los próximos días pueda ser dado de alto.

La directora del hospital de campo cree que en los próximos meses continuarán recibiendo estos lactantes que sufren malnutrición, y opina que la solución de esa situación, de momento, es muy simple: proporcionar leche de fórmula en los campamentos de desplazados.

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