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Con la puesta el sol Colombia vivió el ocaso del conflicto con las FARC

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Con la puesta el sol Colombia vivió el ocaso del conflicto con las FARC

Con la puesta el sol Colombia vivió el ocaso del conflicto con las FARC

La Torre del Reloj, uno de los símbolos de Cartagena de Indias, marcaba las 5.30 de la tarde y el sol del Caribe se ponía detrás de las murallas de la ciudad cuando la multitud rompió en vivas y aplausos, acababa de firmarse el acuerdo de paz que marcó el ocaso de 52 años de conflicto con las FARC.

Primero fue Rodrigo Londoño, número uno de las FARC, despojado hoy de sus alias guerrilleros de "Timochenko" o "Timoleón Jiménez", quien estampó su firma en el "Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera", tras lo cual recibió en la solapa de manos del presidente colombiano, Juan Manuel Santos, la paloma de la paz.

"Sí se pudo, sí se pudo", coreó la multitud, vestida de blanco impecable, al ver que por fin las FARC, después de una lucha de más de medio siglo con miles de muertos, heridos, desaparecidos, desplazados, secuestrados, un universo del que forman parte más de ocho millones de víctimas, firmaba la paz con el Gobierno.

Enseguida fue el turno del jefe de Estado de tomar el "balígrafo", un bolígrafo hecho con un casquillo de fusil, para firmar el histórico acuerdo al que unas 2.500 personas invitadas al acto respondieron con salvas de aplausos y vivas a la paz.

"Abrazo, abrazo, abrazo", coreó la multitud deseosa de ver del jefe de Estado y del jefe guerrillero un gesto de reconciliación más estrecho, ante lo cual los dos se dieron la mano, como ya lo habían hecho dos veces en Cuba durante el último año de negociación, y se pusieron mutuamente las manos en el hombro.

Fue el clímax de un momento para la historia, saludado con pañuelos blancos por los presentes y desde el aire por una escuadrilla de aviones que sobrevolaron la explanada del Centro de Convenciones Julio César Turbay despejando chorros de humo con los colores amarillo, azul y rojo de la bandera nacional.

Para entonces la emoción era generalizada y lo mismo aplaudían o agitaban pañuelos un grupo de víctimas instaladas en la parte de atrás de un graderío construido para la ocasión como un grupo de jubilados o sindicalistas que mostraban una bandera de la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC).

"Es un gran honor participar en este evento después de haber trabajado durante años porque fuera posible, por tanto, formo parte de la sociedad civil y ahí es donde me encuentro a gusto y feliz", dijo a Efe el exjuez de la Audiencia Nacional Española Baltasar Garzón, invitado al acto.

Desde unas tres horas antes, y guarecidos bajo sombrillas de un sol de justicia que brilló después de un aguacero, la multitud aplaudía y llamaba a personalidades cuando los reconocía a su llegada, como el expresidente Belisario Betancur (1982-1986), el primero que intentó una negociación de paz con las FARC.

Políticos de distintas vertientes ideológicas, el sacerdote jesuita Francisco de Roux, un trabajador incansable por la paz, artistas y deportistas eran saludados por el gentío que coreaba "Se vive, se siente, la paz está presente".

Uno de los más entusiastas se paseaba por el último graderío con una bandera tricolor a la que agregó debajo de la franja roja, que simboliza la sangre de los héroes colombianos por la Independencia, una tira blanca, símbolo de la paz.

Aplausos hubo también muchos cuando se abrieron en el fondo del escenario las "Puertas de la paz", decoradas con la paloma blanca con una cinta tricolor y un ramo de olivo, para "pasar a un país más tolerante", dijo el presidente Santos, quien invitó a los colombianos a iniciar "juntos una nueva etapa de nuestra historia".

En la terraza superior del Centro de Convenciones ondeaban decenas de banderas blancas que al atardecer formaban un curioso contraste con la silueta de los francotiradores, vigilantes ante cualquier imprevisto, aún en tiempos de paz.

Con la ceremonia ya por la mitad llegó el momento del susto para todos los presentes pero principalmente para Rodrigo Londoño, que estaba en la parte final de su discurso cuando un avión cazabombardero Kfir causó un estruendo al romper la barrera del sonido volando a baja altura por todo el centro del escenario.

Enseguida otros dos Kfir surcaron el cielo y la multitud aliviada tuvo tiempo de volver los ojos al cielo para ver el vuelo rasante con el que la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) dio su particular saludo a la paz, según Santos.

Repuesto del susto, el jefe de las FARC, vestido como todos con la guayabera blanca, reanudó su discurso con el comentario: "Bueno, esta vez venían a saludar la paz y no a descargar bombas", una experiencia de guerra que han dejado atrás con la firma de hoy.

Jaime Ortega Carrascal

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