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Pastores italianos se reponen a duras penas de la pesadilla del terremoto

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Pastores italianos se reponen a duras penas de la pesadilla del terremoto

Pastores italianos se reponen a duras penas de la pesadilla del terremoto

Hace poco más de un año que muchos pastores del centro de Italia sintieron temblar la tierra bajo sus pies y desde entonces intentan reponerse de unas pérdidas económicas que han hecho su existencia todavía más dura de la que ya tenían.

La pesadilla no acabó después de los terremotos y sus innumerables réplicas que entre agosto y octubre de 2016 dejaron unos 300 muertos y cuantiosos daños materiales en localidades como Amatrice o Norcia.

El entorno rural se ha visto especialmente sacudido, con numerosos productores de los valorados embutidos y quesos de la zona que, además de sufrir la destrucción de sus casas, se quedaron sin medios para retomar su trabajo.

"Yo me pasé el invierno durmiendo en una tienda de campaña", destaca a Efe el joven pastor Marco Scolastici, que ha llevado su queso de oveja biológico desde los Montes Sibilinos, en los Apeninos centrales, hasta una cata benéfica del festival Cheese, organizado por el movimiento Slow Food en la localidad de Bra (norte).

Sin poder volver a habitar su vivienda y con los establos dañados, se refugió con su ganado en las montañas, donde ya estaba acostumbrado a pastorear en mitad del frío y la soledad.

Una sensación que se fue mitigando a medida que, según dice, los pastores vecinos, que antes apenas se ayudaban al estar tan alejados unos de otros en el campo, empezaron a organizarse y echarse una mano entre ellos.

"Espero que esto sea un punto de fuerza para el futuro", apunta Scolastici, que recuerda los momentos en que tuvieron que pedir ayuda para mantener la producción de requesón porque, al ser fresco, pensaban que resistiría peor.

Las campañas solidarias para apoyar a los pequeños productores de las zonas afectadas por los seísmos han aflorado en los últimos meses, pero el comercio tardará en restablecerse.

Como comenta otro ganadero, Luigi de Carlo, tienen problemas en colocar sus productos, ya que los vendían en los restaurantes y tiendas locales que han cerrado por los destrozos.

El valle del río Nera, donde cría sus cabras y ovejas, se ha convertido en "un muerto a nivel empresarial y, sobre todo, psicológico". "Es más el miedo cuando nos vamos a dormir, quién sabe lo que nos podemos encontrar al levantarnos por la mañana...", reflexiona sobre el efecto anímico que le han dejado los temblores.

En otros casos, los daños son bien visibles: animales muertos y heridos, maquinaria inservible e infraestructuras en mal estado, así como la caída de la producción de leche y cultivos por la fuga de turistas y residentes.

Coldiretti, la principal asociación de ganaderos y agricultores de Italia, calcula pérdidas por valor de unos 2.300 millones de euros en terrenos que suman casi 300.000 hectáreas y en los que operan unas 25.000 empresas del sector primario, la mayoría familiares.

Mientras los productores se quejan de los retrasos en las tareas de reconstrucción, el Gobierno insiste en que se han autorizado diversos pagos para revitalizar esas actividades con fondos estatales, regionales y europeos, incluidos 34 millones de euros para subsanar la falta de ingresos.

Las autoridades italianas han elevado el coste total para la economía de la zona a más de 23.500 millones de euros.

Según Davide Olori, investigador de la Universidad italiana de Bolonia, la respuesta de las instituciones ha llegado solo después de la presión ejercida tras los terremotos de octubre pasado, en forma de establos y casas prefabricadas de emergencia.

"Los agricultores y ganaderos rurales no han sido expulsados del territorio, pero no es fácil para ellos trabajar en el desierto, a menos que su producción se destine al extranjero", opina.

El experto afirma que "o se mira a la montaña en su complejidad, en su conjunto, con toda la comunidad, o salvar solo a los agricultores y ganaderos puede ser contraproducente porque pueden salvarse solo los grandes" y quedarse aún más atrás los pequeños, los que dependen del consumo local y custodian la biodiversidad.

Y tras los graves incendios e inundaciones de los últimos meses, avisa: la falta de inversión pública en mantenimiento está transformando los fenómenos ambientales en "desastres".

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