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La Semana Santa de Zamora vive su momento culmen con el Miserere del Yacente

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La Semana Santa de Zamora vive su momento culmen con el Miserere del Yacente

La Semana Santa de Zamora vive su momento culmen con el Miserere del Yacente

El canto del Miserere ha marcado esta madrugada uno de los momentos más significativos de la Semana Santa de Zamora, cuando el silencio de la noche se ha roto por la entonación gregoriana del coro de la Penitente Hermandad del Jesús Yacente en una abarrotada plaza de Viriato.

El buen tiempo ha invitado a que miles de personas hayan seguido esta madrugada la procesión del Yacente y se hayan congregado en mayor número en el canto del Miserere, uno de los momentos de la Semana de Pasión zamorana más conocidos y difundidos internacionalmente.

La estética medieval del desfile, la austeridad y recogimiento que refleja la procesión o el silencio que respetan de forma rigurosa cofrades y público son algunos de los elementos más llamativos que han dado fama internacional a la procesión.

Del mismo modo, han contribuido al ambiente de dolor en la escenificación de la muerte de Jesucristo el sonido de las campanillas del viático o los clavos de plata y la corona de espinas que portan algunos de los cofrades más jóvenes.

Los disciplinantes han vestido túnica de estameña blanca y caperuz (capirote) alto del mismo color, fajín morado, sandalias franciscanas y una medalla que tiene distinto color según la antigüedad del penitente para marcar su disposición en el desfile.

Tres de los cofrades, dos de ellos mayordomos, han arrastrado cruces de madera que llegan a pesar 40 kilos y medir más de dos metros.

La procesión ha recorrido este año calles emblemáticas del casco histórico como la cuesta de Balborraz para adentrarse en los barrios bajos, subir por la cuesta de San Cipriano y llegar a la plaza de Viriato para protagonizar allí el momento más esperado del desfile.

Previamente, a la estética medieval ha contribuido también el paso de la procesión junto a siete templos románicos zamoranos como son la iglesia de Santa María la Nueva de la que ha partido, San Juan de Puerta Nueva, San Leonardo, Santo Tomé, Santa María de la Horta, Santa Lucía y San Cipriano.

Una vez en la plaza de Viriato, los cerca de 1.250 cofrades han abarcado todo el contorno de la plaza y la han iluminado con las velas de sus hachones para dar luz a la única talla del desfile, el Cristo Yacente que da nombre a la cofradía, que data del siglo XVII y del que es autor Francisco Fermín, un discípulo de Gregorio Fernández.

Mientras el Santísimo Cristo de Jesús Yacente ha caminado de forma lenta portado en andas, los hermanos que conforman el coro, situados en la zona central de la plaza, han comenzado a cantar el Miserere del Padre Alcácer pasadas la una y media de la madrugada.

Oír dos centenares de voces entonando en latín el Salmo 50 ha resultado sobrecogedor para muchos de los presentes y constituye uno de los momentos más emblemáticos de la Semana Santa de Zamora desde que en el año 1953 fue introducida esta aportación sonora para complementar la estética visual de la procesión del Yacente.

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