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Marcelo busca empleo

Rajoy logra aparcar al reprobado Fernández Díaz como presidente de una comisión en el Congreso. Entre todos, le pagaremos la subida de sueldo al exministro acusado por espiar a opositores

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El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (d) y el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el ex ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz EFE / ARCHIVO

Cuenta Fernández Díaz que fue en Las Vegas donde tuvo "una experiencia personal muy intensa" y se convirtió para seguir a Cristo. Después, llegaron las medallas a la virgen que tuvimos que pagar entre todos. Es curioso, porque el mismo Fernández que hizo tan fácil esa conversión celestial, no ha asumido, aquí en la tierra, que debería convertirse a la vida mundana y dejar de cobrar una pasta en un cargo público.

No es que queramos castigar a Fernández Díaz. Él, que predica la moral, debería comprender que no es digno de este puesto alguien acusado de grabar a opositores siendo Ministro del Interior. Esto, que es gravísimo en democracia, no ha ocurrido en el infierno, ni en Venezuela, ha pasado en España. Aun así, el todopoderoso Rajoy no se conforma con que Fernández siga como diputado. Le ha puesto la medalla de presidir una comisión en el Congreso. Ha bendecido al ministro de las escuchas con un plus de 20.000 euros. En total, le pagaremos unos 85.000 euros al año.

Primero iba a ser el PSOE el monaguillo de semejante alumbramiento. Fue cuando Antonio Hernando nos dijo que había un pacto con el PP y que no iban a proponer o votar a un candidato alternativo. Luego, algún socialista tuvo una conversión como la de Las Vegas y concluyó que comulgar con Fernández era mucho flagelo. Demasiado para el PSOE castigar a los presidentes de comisión sanchistas y elevar a los altares al exministro al mismo tiempo. Así que, al final, Rajoy, que ahora va de dialogante, coloca a Fernández Díaz en Peticiones, que no requiere votación. Ruega por nosotros, te pedimos, que ya sabemos que a Dios rogando…

Fernández Díaz cita a San Pablo y nos dice que "donde sobreabundó el pecado, sobreabundó la gracia". Sobreabunda el bochorno que presida una comisión, reprobado y pendiente de investigar por espionaje. Sobreabunda la gracia, pero de chiste, que el PP diga que no absolver a Fernández sería "populismo como el venezolano". El mundo al revés. No va a gustarle a San Pablo.

Hay otro santo, San Agustín, con el que Fernández Díaz dice sentirse "identificado por las cosas que cuenta de cuando era un golfo". Señor Fernández, piense usted en aquel espíritu de conversión. Con 66 años, hace ya casi 40 que empezó a cobrar de la política y acaba de darnos un triste ejemplo. Después de pillarle con las escuchas, debería haber pedido perdón, haber hecho penitencia y haberse ido a su casa. Habría tenido más tiempo para recibir a Rato, volverían a hablar "de Twitter" y hasta podría acompañarle a rezar, como tanto le gusta, al Valle de los Caídos.

Ahora, señor Fernández, no cuente ya con su ángel Marcelo, aquel que le ayudaba a aparcar. Marcelo también se ha ido al paro, porque Rajoy acaba de quitarle el puesto. Ahora, es Mariano el que le ha buscado a usted un buen aparcamiento. Pero dígale a don Mariano qué es pecado: quitarle el curro a Marcelo y que tengamos que seguir pagándole a usted semejante aparcamiento.

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