Andalucía Opinión y blogs

Sobre este blog

ALVIC, cuando exportar calidad e innovación para el mobiliario tiene sello jiennense

0

En el corazón industrial de la provincia de Jaén, lejos de los grandes polos tradicionales de producción, una compañía ha construido durante décadas un modelo que combina arraigo local y proyección global. ALVIC, con sede en Alcaudete, se ha consolidado como uno de los actores relevantes en la fabricación de paneles y componentes para la industria del mueble y la decoración, en un sector cada vez más competitivo y tecnificado.

Fundada en 1965 por Alejandro Rosales, la empresa ha evolucionado desde un proyecto familiar hacia una estructura internacional con presencia comercial en más de 130 países. Ese crecimiento no ha implicado, sin embargo, una ruptura con sus orígenes. La compañía mantiene en Andalucía buena parte de su capacidad industrial, con varias plantas en la comunidad -entre ellas las de Alcaudete y La Carolina- y un volumen de producción que refleja la escala alcanzada.

Esa historia empresarial tiene también una dimensión personal que ayuda a entender el vínculo con el territorio. Como explica Juan José Barrios, manager técnico de la compañía, el origen está marcado por la trayectoria de su fundador: “Era un inmigrante que se fue a Cataluña y empezó trabajando en una carpintería”. A partir de ahí, la evolución fue progresiva, con la creación de una primera empresa en Vic, la adquisición de participaciones y una reinversión constante de los beneficios que permitió ampliar instalaciones, incorporar maquinaria y abrir nuevas plantas. “Todo lo que ganaba lo reinvertía en hacer naves nuevas y comprar máquinas”, explica.

El regreso a Jaén no fue un movimiento menor. Según relata Barrios, la implantación en Alcaudete llegó después de consolidar el proyecto en Cataluña y ha terminado convirtiéndose en uno de los principales motores del grupo en las últimas décadas. De hecho, el nombre de ALVIC nace de unir Alcaudete con Vic, las dos sedes iniciales de la compañía. A esa presencia en la propia localidad jienense se han sumado otras instalaciones en Andalucía, como la planta de La Carolina o la incorporación más reciente de un centro en la provincia de Sevilla, configurando un eje productivo con fuerte peso en el sur.

Más allá de la historia, la relación con Jaén se traduce hoy en términos muy concretos: empleo y arraigo. “Prácticamente toda la gente que trabaja aquí es de la provincia”, señala Barrios, que acumula 25 años en la empresa. Esa vinculación se mantiene incluso en un contexto de expansión internacional, con plantas en Estados Unidos y presencia en otros mercados europeos. “Las inversiones más próximas están previstas aquí”, añade, en referencia a ampliaciones tanto en La Carolina como en Alcaudete, donde la compañía proyecta nuevas instalaciones y líneas de producción.

La trayectoria de ALVIC permite observar una de las transformaciones más significativas de la industria en el sur de España: el paso hacia actividades con mayor componente tecnológico. En este caso, el foco ha estado en el desarrollo de materiales y acabados que responden a nuevas demandas del mercado, donde el diseño, la durabilidad y la eficiencia productiva marcan la diferencia.

Innovación como seña distintiva

Ese posicionamiento se ha apoyado en una estrategia sostenida de innovación. “Lo que nos distingue es algo muy simple: la innovación”, afirma Barrios. No se trata sólo de un eslogan, sino de una práctica que, según explica, viene desde los orígenes de la empresa. “Siempre que había algo nuevo, era el primero en comprar la máquina”, recuerda sobre el fundador, Alejandro Rosales. Esa filosofía se mantiene hoy en la búsqueda constante de nuevas tecnologías, materiales y procesos, así como en el desarrollo de productos propios que han marcado tendencia dentro del sector.

En paralelo, la compañía ha ido adaptándose a los cambios en la demanda. Uno de los ejemplos es la evolución del mercado del mueble, que está pasando de formatos en kit hacia soluciones más completas. “Ahora el sector está virando hacia el mueble montado”, explica Barrios, lo que ha llevado a orientar parte de las inversiones hacia nuevas líneas que permitan dar respuesta a esa transformación.

La sostenibilidad es otro de los ejes que atraviesa la actividad industrial. En un sector históricamente cuestionado por el uso de recursos forestales, el responsable técnico apunta que la materia prima utilizada cuenta con certificaciones que garantizan su origen sostenible. “No se pueden cortar árboles si no están certificados”, señala, en referencia a sistemas que obligan a la repoblación forestal. A ello se suma el aprovechamiento de residuos propios del proceso productivo: “El serrín y los restos se utilizan como biomasa para generar calor”, explica, junto con el uso de instalaciones fotovoltaicas que contribuyen a reducir el consumo energético.

La dimensión internacional de la compañía convive así con un fuerte anclaje territorial y con una apuesta por la modernización industrial. En ese contexto, el futuro se plantea en términos de crecimiento sostenido. “Desde que estoy aquí, la empresa no ha parado de crecer y esperamos que siga haciéndolo”, afirma Barrios. Las inversiones previstas en maquinaria, automatización y nuevas instalaciones apuntan en esa dirección, respaldadas por un grupo inversor que, según indica, mantiene una estrategia ambiciosa.

A corto plazo, el horizonte pasa por un proceso intenso de ampliación y actualización tecnológica. A medio y largo plazo, por mantener una posición competitiva en un sector donde el valor añadido ya no depende sólo del coste, sino de la capacidad para innovar de forma constante. “Siempre estamos buscando novedades, nuevos productos, nuevos procesos”, explica Barrios, que describe un ritmo de desarrollo que incluso supera la capacidad actual del equipo técnico.

En un contexto marcado por la transición ecológica, la digitalización y la reconfiguración de las cadenas globales de suministro, la evolución de empresas como ALVIC dibuja un modelo industrial que busca equilibrio entre tradición y cambio. Un modelo que, desde enclaves como Alcaudete, trata de consolidarse en el mapa global sin perder de vista el territorio del que parte.