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Podemos contra los esbirros mediáticos de la casta

Podemos será todo lo moderno, subversivo, rebelde, contestatario y esperanzador que se quiera, pero entre sus múltiples atributos y virtudes, que por supuesto que los tiene, no se halla precisamente la capacidad para encajar las críticas ni la de asumir que pueden ser tan criticados como esos partidos políticos a los que odian con tanta fiereza y agresividad verbal.

Es casi un axioma. Para la cúpula del partido encumbrada en Vistalegre, toda crítica a sus dirigentes y a sus propuestas pasa automáticamente y sin derecho de réplica a la categoría de ataque despiadado de los siervos del capitalismo concebido por los esbirros mediáticos de la casta para desprestigiar a los nuevos héroes del pueblo.

Todo como muy de cómic. Los buenos buenísimos a un lado, con sus sonrisas al viento a la espera de asaltar el cielo, y los malos malísimos en el otro desplegando odios y rencores. Y sin matices, no vaya a ser que la idea no quepa en los 140 caracteres de un tuit y haya quien empiece a dudar de la viabilidad del evangelio popular nacido en los círculos de internet.

Tomemos como referencia su giro estratégico tras la entrevista de Ana Pastor a Pablo Iglesias del domingo 16 de noviembre. Ese día, los dirigentes de Podemos descubrieron que el prime time de las televisiones puede seguir llevándoles bajo palio hacia el triunfo final en las generales de noviembre de 2015 (las encuestas no engañan), pero que en cuanto se descuiden sólo un poco, pueden también desnudar sus monumentales carencias y debilidades. Y eso ya les gusta menos.

Lo hemos comprobado luego con el caso de Íñigo Errejón y con el del camuflaje de la productora de la Tuerka como asociación sin ánimo de lucro. Más allá de que tienen derecho a pensar que las críticas vertidas son injustas y que responden a una campaña concertada, no deja de llamar la atención que terminen comportándose exacta y literalmente como cualquier partido de la supuesta casta, envolviéndose en la bandera del victimismo y acusando al mundo mundial de conspirar contra ellos.

Si acaso, la única diferencia es que a tremendismo no les gana nadie. Lo mismo te dicen que España es como la Chile de Salvador Allende (Monedero dixit) como que te recuerdan (Pablo Iglesias dixit) que la existencia de medios de comunicación privados “ataca la libertad de expresión”. Todo muy mesurado y muy tranquilizador.

Diré algo en favor de los nuevos dirigentes de Podemos. Me parecen hombres y mujeres inteligentes y con una capacidad contrastada para entender el malestar ciudadano y canalizar esa irritación por los cauces de la política.

Y diré algo más: no debe ser fácil digerir un éxito tan repentino ni vivir en un estado de vértigo permanente, asediados como estrellas de fútbol y de cine y con el peso ético y moral de no defraudar a tanta gente que ha depositado en ellos sus esperanzas de cambiar esta sociedad.

Pero que entiendan esto también: de poco les valdrá lo que están haciendo si no son capaces de entender que ellos también pueden ser objeto de críticas, ya sean éstas justas, injustas o del sector de las despiadadas. Es lo que tiene vivir en una democracia occidental. Que hay que soportar a los que no piensan como tú y que hay que soportar que hasta se expresen en tu contra. Ya va siendo hora de que lo acepten.

Podemos será todo lo moderno, subversivo, rebelde, contestatario y esperanzador que se quiera, pero entre sus múltiples atributos y virtudes, que por supuesto que los tiene, no se halla precisamente la capacidad para encajar las críticas ni la de asumir que pueden ser tan criticados como esos partidos políticos a los que odian con tanta fiereza y agresividad verbal.

Es casi un axioma. Para la cúpula del partido encumbrada en Vistalegre, toda crítica a sus dirigentes y a sus propuestas pasa automáticamente y sin derecho de réplica a la categoría de ataque despiadado de los siervos del capitalismo concebido por los esbirros mediáticos de la casta para desprestigiar a los nuevos héroes del pueblo.