La guerra de Irán amenaza al campo andaluz y al bolsillo de la ciudadanía por la escalada de precios

Álvaro López

Granada —
11 de marzo de 2026 06:00 h

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La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán sigue provocando consecuencias a nivel mundial. Además de perturbar el panorama geopolítico y de generar tensiones diplomáticas que reconfiguran un nuevo mapa mundial, la escalada bélica que está provocando bombardeos en refinerías de Oriente Medio o el cierre del estrecho de Ormuz, por el que pasa el 20% del petróleo mundial y el 25% del gas natural licuado (GNL), también se está empezando a notar en sectores como el primario. Algo que, en el caso de Andalucía, está ahogando a agricultores y ganaderos por el incremento de costes asociado y porque el tren de borrascas de enero y febrero ya había dañado severamente su producción.

El hecho de que una guerra impacte de lleno en la economía de terceros países no es nuevo. Es una tónica habitual en un mundo tan globalizado como el nuestro y el último ejemplo al respecto se produjo durante los primeros días de la guerra de Ucrania. En 2022, por las mismas fechas que ahora, el petróleo y el gas mundial incrementaron mucho su precio, generando una subida en cascada del coste de producción de gran parte de las materias primas. Ahora, la guerra en Irán ha elevado el precio del barril de crudo entorno a los 100 dólares y el gas ha hecho lo propio encareciéndose más de un 50%. Algo que se traslada directamente al coste que han de afrontar agricultores y ganaderos para seguir con sus explotaciones, pero que no tiene por qué reflejarse en la cesta de la compra por cómo está configurada la cadena alimentaria, puesto que los precios los suele establecer la distribución y no la producción.

Sebastián González es uno de los agricultores andaluces que está haciendo números para sobrevivir a otro revés económico, apenas unas semanas después del tren de borrascas que han dañado severamente los campos de Andalucía. Explica que en su zona, Lebrija (Sevilla), muchos agricultores han perdido prácticamente toda la cosecha de invierno. “En mi zona hay agricultores que han tenido daños del 90% o del 100% en cultivos hortícolas como coliflor, brócoli o espinaca”, señala.

Este agricultor de regadío, que también es el secretario provincial de Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) en Sevilla, asegura que cuando el sector apenas comenzaba a preparar la campaña de primavera se ha encontrado con un nuevo golpe: la escalada del precio de la energía y de los bienes agrícolas. “Hace tres semanas el gasóleo agrícola estaba a 0,88 euros y el sábado ya estaba a 1,25”, explica. A eso se suma el encarecimiento de los fertilizantes, que según cuenta ya han subido entre un 30% y un 40% y podrían seguir aumentando a lo largo de la campaña. “Los fertilizantes ya han subido entre un 30% y un 40%, y durante la campaña prácticamente se van a duplicar”, sostiene.

El agricultor denuncia además que parte de estas subidas responden más a movimientos especulativos que a un aumento real de los costes. “Hay cierta especulación, porque el gasóleo y el abono que se está vendiendo ahora ya estaban en el mercado desde hace semanas”, afirma. En su caso, explica, se trata de explotaciones que manejan cifras muy elevadas de gasto y que ahora ven cómo se disparan sus cuentas. “Estamos hablando de explotaciones que gastaban en torno a 800-1.000 euros de gasoil y fertilizante por hectárea y ahora se están acercando a los 2.000 euros de gasto”.

Una situación que llega en un momento especialmente delicado para el campo andaluz, que aún arrastra las pérdidas provocadas por el tren de borrascas de comienzos de año. “Los agricultores nos estamos jugando mucho sin tener la certeza de que la producción vaya a llegar a buen puerto”, resume González, que además advierte de que parte del encarecimiento acabará trasladándose al consumidor. “Sin duda va a haber una subida coherente con lo que nos cuesta producir y transportar, pero también intuyo que habrá subidas especulativas”, añade.

El impacto también alcanza al olivar

La situación tampoco es mejor en el olivar jiennense, el mayor productor mundial de aceite de oliva. Francisco Elvira, agricultor de Jaén, explica que el encarecimiento de la energía ya está teniendo efectos directos en los costes de producción. “Tenemos una subida en torno a 20 céntimos en el combustible y unos 200 euros por tonelada en el nitrógeno que utilizamos para abonar el campo”, explica.

En el caso de los fertilizantes, el problema está directamente relacionado con el gas natural, del que se obtiene el nitrógeno que utilizan los agricultores. “El nitrógeno que utilizamos para abonar se saca del gas, así que cuando sube la energía suben también nuestros costes”, señala. Pero en el caso del olivar la crisis llega además en mitad de una campaña complicada. Las lluvias han impedido terminar la recolección con normalidad y han dejado parte de la producción en el campo. “Nos pilló la lluvia con un tercio de la cosecha sin recoger y de ese tercio la mitad se ha quedado tirada en el campo”, explica.

La combinación de pérdidas y aumento de costes está poniendo contra las cuerdas a muchas explotaciones. “Es como una empresa que pierde el 15% de sus ingresos y al mismo tiempo ve subir sus costes otro 15%”, resume Elvira. El agricultor también advierte de que el mercado del aceite de oliva es especialmente sensible a cualquier movimiento geopolítico. “Somos un sector muy psicológico y cualquier noticia internacional afecta al precio del aceite en origen”, afirma. De hecho, asegura que en estos momentos los precios que reciben los productores están incluso a la baja. “La tendencia ahora mismo en el aceite en origen es a la baja”, sostiene.

A su juicio, una de las razones por las que los agricultores no pueden trasladar fácilmente el incremento de costes es el funcionamiento de la cadena alimentaria. “Los precios al final se siguen conformando desde el supermercado hacia el productor”, critica. Aunque existe la Ley de la Cadena Alimentaria para evitar la venta a pérdidas, Elvira considera que su aplicación es insuficiente. “Es una ley bien intencionada, pero no se ha dotado de presupuesto para que realmente se cumpla”, sostiene.

El encarecimiento de los piensos

La situación tampoco es muy distinta en la ganadería. Clara Torreblanca, ganadera de caprino de leche y productora de huevos camperos en Granada, explica que el aumento del precio de la energía afecta directamente al funcionamiento diario de las explotaciones. “Siempre tenemos un generador de apoyo porque si falla la luz necesitamos mantener el frío para conservar la leche”, explica. Pero más allá del combustible, la mayor preocupación está en la posible subida de los alimentos que se utilizan para el ganado. “En ganadería la materia prima que más utilizamos son los piensos y los forrajes, y ahí es donde tenemos el mayor miedo”, señala.

Torreblanca también advierte de que algunas subidas se están produciendo de forma demasiado rápida como para responder únicamente a la evolución del mercado. “La subida del gasóleo o de los fertilizantes se ha producido en horas, cuando todavía no hay una falta real de materias primas”, afirma, denunciando que existe “una especulación pura y dura” en algunos mercados. Además, alerta de que el aumento del precio de la energía también puede encarecer otros elementos de la cadena alimentaria, como los envases. “El cartón se va a encarecer muchísimo”, explica, algo que terminará repercutiendo en el precio final de productos como los huevos o los lácteos.

A su juicio, esta situación vuelve a poner de manifiesto la vulnerabilidad del sistema alimentario europeo ante conflictos internacionales. “En cuanto estalla una guerra en un país del que dependemos para materias primas, el campo europeo empieza a sufrir”, sostiene. Por ello, defiende reforzar la soberanía alimentaria. “No podemos dejar la alimentación en manos de terceros países”, concluye.

El peso económico del campo andaluz

El impacto potencial de estas crisis no es menor en una comunidad como Andalucía, donde el sector agrario tiene un peso clave en la economía. Según datos de la Consejería de Agricultura de la Junta de Andalucía, los productos del olivar alcanzaron en 2024 un valor de 5.401 millones de euros, lo que supone el 31,6% del valor de la producción agraria andaluza.

En términos macroeconómicos, la propia administración autonómica estima que el olivar aporta en torno al 2% del PIB andaluz. Además, su impacto en el empleo rural es muy significativo: una campaña media puede generar unos 18 millones de jornales en la aceituna para aceite y otros 4,25 millones en la aceituna de mesa. La Junta también recuerda la importancia de las exportaciones agroalimentarias andaluzas, especialmente hacia Estados Unidos. En 2025, Andalucía exportó productos agroalimentarios a ese país por valor de 1.165,8 millones de euros, de los cuales 813,6 millones correspondieron a productos relacionados con el olivar.

Desde el Gobierno central, el Ministerio de Agricultura asegura que está siguiendo la situación de cerca: “Desde el Gobierno seguimos muy de cerca la evolución de los precios del petróleo, del gas y de los fertilizantes, porque tienen un impacto directo en los costes de producción agraria y pesquera”. El Ejecutivo afirma que permanece atento a la evolución del conflicto y a sus efectos sobre el sector. “Estamos vigilantes y preparados para afrontar condiciones imprevisibles”, añaden. Entretanto, agricultores y ganaderos siguen pendientes de cómo evolucionará un conflicto que, a miles de kilómetros de distancia, ya empieza a sentirse en los campos andaluces.