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'Doce en el prao', el tema folclórico coral que pone banda sonora al regreso del Racing a Primera División

El Coro Joven de Santander junto al resto de participantes en la grabación de 'Doce en el Prao'.

Bárbara Ferrer

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Además de un éxito deportivo, el ascenso del Real Racing Club de Santander a la Primera División se ha convertido en un fenómeno social que atraviesa generaciones. En este contexto de euforia colectiva ha visto la luz 'Doce en el prao', una composición de Ettore Formicone que nace con el objetivo de sumarse al repertorio musical de El Sardinero.

La obra no es una canción de fútbol al uso, sino una pieza coral y épica que busca sus raíces en la identidad más profunda de Cantabria para celebrar que el equipo vuelve a la máxima categoría del fútbol nacional.

Ettore Formicone, músico, compositor y productor de origen italiano pero afincado en Santander desde hace 15 años, escribió este tema en diciembre del año pasado pero decidió esperar al mejor momento para presentarlo y, ese, no ha sido otro que el cumplimiento del sueño del ascenso.

Para Formicone, el Racing es mucho más que un club: “el Racing es Cantabria y Cantabria es el Racing”. El músico confiesa que, a título personal, acudir por primera vez a un partido en El Sardinero le permitió hace muchos años “comprender mucho mejor la idiosincrasia de la ciudad de Santander”.

Puente entre la tradición celta y el fútbol moderno

Lo que diferencia a 'Doce en el prao' de otras composiciones deportivas es su apuesta decidida por el folclore cántabro. El tema, con predominancia de voces femeninas, pretende convertirse en “una especie de grito de guerra de la afición”, utilizando como punto de partida el pasado celta, la cultura marinera y la tradición montañesa de la región. Para lograr esta atmósfera, Formicone ha integrado instrumentos típicos que conectan directamente con la memoria colectiva de Cantabria: el cuerno, el bígaro, la gaita y, como no, las panderetas.

La participación de las pandereteras, con su “canto hipnótico”, y el sonido de la gaita a cargo de Luis Ángel Jorrín Terán, aportan una dimensión mística y ancestral a la canción. El uso del bígaro y el cuerno tampoco es casual; funcionan como instrumentos de llamada, evocando la forma en que los antiguos cántabros se comunicaban entre montes o los pescadores saludaban al mar, trasladando ahora ese eco a las gradas de El Sardinero.

El carácter intergeneracional y multicultural de la actual afición del Racing ha querido reflejarse en la estructura coral de la canción. Así, el tema cuenta con una diversidad de voces que simbolizan “la heterogeneidad de la grada”. Entre las voces solistas destacan Raquel Cobo Gutiérrez, Yevdokiya Sverdlova, Lara Santos Rodríguez, Giulia Formicone Soto y el propio Ettore Formicone.

Además, el alma de la pieza reside en la potencia del Coro Joven de Santander, bajo la dirección de César Marañón. Su intervención eleva la canción a una dimensión más emotiva y grandiosa, reforzando la idea de que en el estadio no juegan solo once, sino que hay “doce en el prao”: los 11 futbolistas sobre el terreno de juego más la afición entregada. Como afirma el autor, “aquí sumamos todos, porque para restar ya están los adversarios”.

El himno de una nueva era

La letra del tema, que menciona sentimientos “verdes y poderosos como los montes” y olas “blancas e innombrables”, refuerza la conexión entre el paisaje de la región y los colores del club. “20.000 voces se unen en una que vibra, desde El Sardinero al mundo entero”, reza uno de los versos más potentes, subrayando la ambición de una afición que, tras 14 años de lucha, vuelve a lo más alto.

Para Formicone, ir a ver al Racing es casi una “liturgia”. El Sardinero no es solo un lugar físico, sino el hogar de una afición que ha demostrado su resiliencia en los momentos más difíciles. El deseo del compositor es que 'Doce en el prao' perdure en el tiempo y se convierta en el recuerdo de un gran momento para los niños y niñas que hoy visten la camiseta verdiblanca por primera vez.

Con el ascenso ya consumado, su objetivo es que sea el himno de una nueva era: un homenaje a la identidad cántabra y a ese “sentimiento verde y blanco” que, como el viento sur mencionado en la letra, sopla con fuerza para llevar al Racing de nuevo a lo más alto.

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