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La tormenta perfecta y la confluencia imperfecta

Podemos e IU llaman a organizaciones políticas y sindicales a sumarse a la confluencia para poner en centro a Andalucía

Antonio Maíllo y Teresa Rodríguez

Todo se ha precipitado. La compra del chalet de dos dirigentes de Podemos convertida en asunto de Estado por los medios y la consulta de Podemos que convierte en asunto de partido lo del chalet; la sentencia Gürtell que declara oficialmente corrupto al partido mayoritario de nuestro país; la moción de censura de Sánchez que devuelve al PSOE al tablero político, deja con el paso cambiado a C's  y obliga a reaccionar a lo que queda del Partido Popular. La tormenta perfecta para que los plazos se acorten y todos tengan que mover ficha de cara al próximo ciclo electoral.
Tambien las izquierdas y sus cercanos, que desde hace unos días llevan filtrando y adelantado por capítulos los detalles del acuerdo electoral que llevan meses preparando en las cocinas de la confluencia. Pero, una vez más, se trata de un preparado de "alta cocina" que ha sorprendido a buena parte de sus bases. Los miles de militantes y simpatizantes de Podemos, Izquierda Unida y EQUO han ido recibiendo las noticias estratégicamente filtradas y luego convertidas en comunicados oficiales y más tarde en comunicaciones de los partidos a sus inscritos.
Empiezan a desvelarse las fórmulas que pasan por visibilizar siglas de los actores principales, que en general realizarán primarias por separado y luego encajarán sus resultados en unas listas únicas en función de los acuerdos de cuotas y posiciones pactadas en cada una de las citas electorales y lugares.
Hasta aquí, todo dentro de los normal, y nada nuevo en la lógica partidista de quienes se declaran cercanos ideológicamente, salvo el detalle de que, precisamente, sí que debía haber ocurrido algo nuevo.
La tormenta perfecta parece haber generado una "confluencia imperfecta". Las fuerzas del cambio, las que pretendemos aportar nuevos aires a la política y sus formas para luego trasladar esas formas a la gestión de los gobiernos y atender así a los retos de nuestra sociedad, hemos vuelto a olvidarnos de "las bases".
Los acuerdos vuelven a ser definidos y negociados por las cúpulas de las organizaciones y presentados a la sociedad y a las personas que soportan y apoyan los distintos proyectos políticos a golpe de titular de prensa, que luego se matiza y perfila en los comunicados de partido.
Todo está decidido, o en una fase muy adelantada de decisión antes de comunicarlo y consultar a las bases, porque para ser rigurosos y escrupulosos con lo que decimos y pretendemos, no debe confundirse el mandato a los respectivos organos de “explorar o negociar las confluencias” con cerrar los acuerdos y anunciarlos de esta manera. Por mucho que luego se maquillen con la frase "los acuerdos serán sometidas a la aprobación de los afiliados". Así no somos distintos a lo que hay. Así, las confluencias sólo confluyen en los despachos. Y en los despachos no caben todos los militantes y simpatizantes de un partido. Y menos los votantes.
Tal vez en la izquierda es donde más ocurre que si las organizaciones no tienen en cuenta a sus gentes, a los que se movilizan y las sostienen, se produce el divorcio que luego deriva en falta de movilización y votos. Probablemente, esta fue una de las razones por las que se perdieron mas de un millón de votos en la última convocatoria a elecciones generales respecto a los conseguidos por los confluyentes por separado solo unos meses antes.
Y no aprendemos. Tampoco a nivel local, donde estas jugadas tienen su reflejo en precipitados anuncios y llamadas a la confluencia por parte de los representantes locales de los grandes partidos que atendiendo a las instrucciones de "arriba" pretenden capitalizar los movimientos, justificar ante su electorado las extrañas compañías y precipitar los posicionamientos de los agentes locales, en especial de los movimientos municipalistas, auténticos gérmenes del cambio, que en muchos casos tienen otros tiempos y procesos que no responden a las estrategias ni intereses de los partidos estatales. Movimientos que tienen detrás a muchísimas personas que no están pensando en repartos de cargos y recursos, puestos en listas o estrategias supramunicipales. Aunque probablemente en muchos lugares también acaben sumando a las confluencias, en su momento.
Ojalá algún día haya, desde abajo, una auténtica confluencia de organizaciones, colectivos y personas que crean, defiendan y practiquen primero la participación y la transparencia interna, para ser ejemplo de lo que se quiere hacer cuando se gobierne.

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