A Juan Ramón Ferreira nadie le pudo recriminar nunca que no atendiese a las palabras ajenas. Quienes más le conocían coinciden en que era un hombre siempre dispuesto a escuchar y menos dado a hablar. De hecho, su verbo, casi siempre pausado, le otorgó la categoría de “caballero” en los mentideros políticos de la ciudad, no sólo por su capacidad de expresión, sino por su voluntad constante de entenderse con todos. Discreto, pero activo en lo institucional, Ferreira falleció el pasado 31 de diciembre a causa de un infarto cuando se preparaba para la cena de Nochevieja junto a su familia. Una noticia tan inesperada como impactante en Granada, la ciudad que le acogió -nació en Alcalá la Real (Jaén) en 1961- y que explica la conmoción no sólo por su personalidad, sino por una dilatada y coherente trayectoria pública.
Su origen y su final al servicio de la ciudadanía están, paradójicamente, unidos. En 1995 accedió al Ayuntamiento de Granada como concejal del Partido Popular y asumió la responsabilidad de Turismo bajo el mandato de Gabriel Díaz Berbel; un cargo que retomó, junto al de Cultura, en 2023, cuando Marifrán Carazo confió en él para liderar ambas áreas. Y no lo hizo para pasar de puntillas por el puesto. En el año y medio que ocupó la concejalía, Juan Ramón Ferreira se volcó en dos cuestiones estratégicas para la ciudad: la celebración de la primera ceremonia de los Premios Goya en Granada y el impulso decidido a la candidatura para que la ciudad andaluza sea Capital Europea de la Cultura en 2031.
Un sueño que dejó prácticamente atado antes de fallecer. Tan sólo unos días antes de su muerte, Ferreira protagonizó el envío a la Comisión Europea de los documentos clave de la candidatura, el conocido ‘Bid book’, que recoge el proyecto estratégico elaborado de forma conjunta por las principales instituciones y agentes culturales de la ciudad. Un hito que, de materializarse, tendrá buena parte de su mérito en el trabajo desarrollado por el concejal, que convirtió esta aspiración en una de sus principales luchas políticas, asumida con convicción y una ilusión que quienes compartieron con él los últimos meses describen como contagiosa.
No era la primera vez que Ferreira dejaba huella en la proyección exterior de Granada. En los años noventa, durante su primera etapa como edil, revitalizó el área de Turismo hasta situar a la ciudad en el foco internacional, siendo testigo de visitas como las de Bill Clinton o las Spice Girls. Fue un periodo de modernización y apertura al exterior en una ciudad que, pese a su enorme patrimonio cultural, aún no había terminado de creerse su potencial. Tras aquella etapa como responsable de Turismo y Empleo, permaneció en la oposición municipal hasta 2003.
Un hombre de partido
Licenciado en Derecho por la Universidad de Granada, Ferreira ejerció como procurador de los tribunales y mantuvo una vinculación constante con el Partido Popular, formación en la que militó desde el final de su etapa universitaria. Fue concejal en tres mandatos y diputado del Parlamento de Andalucía entre 2012 y 2023, donde llegó a ostentar la portavocía de Justicia de los populares. Un cargo que desempeñó con solvencia y que no le hizo perder de vista un bagaje cultural y social que ya había intentado aplicar previamente como vicepresidente primero de la extinta Caja Granada, desde 2008, apostando de forma decidida por la obra social y la proyección cultural de la entidad.
Crítico con el expresidente provincial del PP, Sebastián Pérez, Juan Ramón Ferreira se mantuvo fiel a su partido incluso en los momentos más complejos para la organización en Granada, aportando experiencia y estabilidad cuando el proyecto atravesaba su peor etapa. Esa trayectoria, y el respeto cosechado a lo largo de los años, explican la confianza que Marifrán Carazo depositó en él para incorporarlo a su equipo de gobierno, con mayoría absoluta, como concejal de Cultura y Turismo, cargo que ostentaba en el momento de su fallecimiento.
Entre sus logros más recientes también destaca que Granada acogiera su primera Bienal de Flamenco o que, en el ámbito turístico, se impulsara una normativa para endurecer la apertura de nuevos pisos turísticos en la ciudad. En esa misma línea de firmeza institucional, Ferreira tuvo que gestionar decisiones incómodas, como el traslado de un trabajador de la casa museo de Federico García Lorca tras conocerse la publicación de mensajes enalteciendo la figura de Franco en sus redes sociales. Como responsable de Cultura y Turismo, ordenó su salida del centro y lo hizo también con discreción alegando que fue el propio empleado el que pidió su relevo.
Su fallecimiento ha generado una oleada de mensajes de reconocimiento que trascienden siglas. La alcaldesa de Granada, Marifrán Carazo, lo ha definido como “un hombre especial, buen compañero, padre y amigo que tanto empeño y voluntad ha puesto en su vida pública, al servicio de su ciudad, Granada”. El presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, que lo tuvo en el grupo de los populares en el Parlamento de Andalucía, dice que era “una de esas personas que honraba la política con su presencia”. Y desde el propio equipo de gobierno municipal, el portavoz Jorge Saavedra ha recordado que “compartir un rato con él era un placer” y que “a todos nos hacía mejores”.
Su transversalidad como político, ganándose el respeto de todas las visiones, ha hecho que también desde la oposición, la portavoz del PSOE, Raquel Ruz, asegurase estar “desolada” por una pérdida que deja “en shock” a la corporación municipal, recordando a Ferreira como “una persona querida por todos, afable, amable, conciliador y amante de su ciudad”. Un retrato compartido también por quienes coincidieron con él en los tribunales, en el Parlamento andaluz o en la vida cotidiana.
Persona dialogante, generadora de consensos y vitalista, Juan Ramón Ferreira deja tras de sí una forma de entender la política basada en el respeto, la escucha y el servicio público. Una figura singular en tiempos de ruido, cuyo legado institucional y humano queda ya ligado de forma inseparable a la historia reciente de Granada.