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Las trabajadoras de las escuelas infantiles alzan la voz contra la precariedad: “Hay mucho abandono en la profesión”

En España el 97,4% de los profesionales que trabajan en Educación Infantil (0 a 6 años) son mujeres

María S. Rivas

17 de febrero de 2026 22:34 h

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Trabajar por el salario mínimo, tener una gran carga emocional y terminar las tardes en otro empleo, porque no llegas a fin de mes, esa la realidad de muchas de las trabajadoras en los centros de educación infantil. Desde hace años reclaman a las instituciones mejores condiciones laborales. Son ellas las que conocen de primera mano la precarización del sector: en España el 97,4% de los profesionales que trabajan en Educación Infantil (0 a 6 años) son mujeres, según los últimos datos del INE.

Este miércoles 18 de febrero, una plataforma que agrupa a las escuelas infantiles del Estado presentará una Proposición No de Ley en la que reivindican una mayor financiación pública para dignificar las condiciones de sus profesionales, y pide impulsar una reforma del marco normativo estatal del ciclo 0-3 años, que garantice la equidad, la calidad educativa y la atención individualizada en todo el territorio. La iniciativa cuenta con el apoyo del PSOE, Podemos y Sumar. 

Mayor concienciación social

La infancia es una etapa fundamental en el desarrollo de los individuos. En los primeros años de vida se aprende a comer, caminar, hablar o relacionarse con los demás. Las escuelas de educación infantil son el primer paso y el recurso de las familias mientras trabajan. No solo sirven para la conciliación, son el espacio, fuera de sus casas, en el que niños y bebés exploran, juegan y aprenden. No son guarderías, insisten quienes se dedican a ello: “Hay familias que solo vienen a que les guardemos a sus hijos”, cuenta Laura (35 años) que es educadora en un centro infantil en la Comunidad de Madrid. 

“No son guarderías”

Las trabajadoras de estos centros cuidan, enseñan y educan: “Cuando hacemos una actividad no solo estamos jugando, les estamos enseñando algo”. Y para ello, cuenta Laura, hay que dedicar tiempo, programar, hacer reuniones o adaptar actividades a aquellos que tienen necesidades educativas: “Nosotros queremos a esos niños porque pasamos más tiempo con ellos que sus propias familias”, expresa la educadora. 

Las escuelas de educación infantil son diferentes en toda España. Cada comunidad autónoma tiene sus propios centros, y cada centro su propio modelo. Desde aquellos completamente públicos, y que dependen de las administraciones autonómicas o municipales; hasta los completamente privados. Esto dificulta unificar las reivindicaciones del sector, cuentan desde la Plataforma de Escuelas Infantiles, que aúna a diferentes profesionales de toda España. 

A camino entre estos dos modelos, en la Comunidad de Madrid, existen los centros de gestión indirecta. Son centros públicos que salen a concurso, y la empresa ganadora se hace con la gestión durante cuatro años. Las condiciones laborales distan mucho entre las diferentes trabajadoras: mientras una profesora en un centro público de gestión directa puede llegar a ganar 1.800 euros mensuales, una que realice el mismo trabajo en un centro de gestión indirecta gana poco más de 1.000 euros: “Queremos que se nos trate igual en toda España”, cuenta Inma (50 años), que es técnica superior de educación infantil, y además estudia el grado de Magisterio.

Un sector muy feminizado

Tengo compañeras que comparten piso, otras alquilan una habitación para poder llegar a fin de mes, y algunas no pueden ser madres

Rosa Trabajadora en una escuela infantil

Las trabajadoras de centros infantiles desarrollan su labor en un contexto cada vez más complejo, acentuado por las exigencias educativas, emocionales y administrativas: “Tenemos que hacer mucho papeleo e informes y, al final, terminas haciéndolo en casa porque no te da tiempo en la escuela”, cuenta Rosa de 47 años. Licenciada en Química, Rosa decidió dedicarse a la educación infantil y estudió el grado superior y, posteriormente, magisterio. Gana como maestra 1.270 euros netos al mes: “Cuando tenía la categoría de técnico educativo mi sueldo eran 1.003 euros”, cuenta. 

Rosa es madre y gracias a la suya, que de vez en cuando, le echa un cable, puede llegar a fin de mes, pero tiene compañeras se encuentran en una situación aún más complicada: “Unas comparten piso, otras alquilan una habitación para poder llegar a fin de mes y algunas no pueden ser madres”, cuenta. 

La subida salarial es una de las principales reivindicaciones de las trabajadoras. Así lo explica Nieves, que trabaja en una escuela infantil en el municipio de Marchena (Sevilla). Es maestra en Educación Infantil y Primaria, y desde hace más de 15 años desarrolla su labor en escuelas infantiles. En su caso, su centro es “adherido”, lo que significa que pertenece a un Ayuntamiento, pero su gestión es privada. La profesional reconoce que en su escuela la organización es buena, pero el problema siguen siendo los salarios: “Una educadora con la categoría de técnico hoy gana menos de lo que será el salario mínimo si lo suben este 2026”, cuenta, “es más, solo cobra 10 euros más que una limpiadora en el centro educativo”. 

Salarios míseros empujan a pluriemplearse

Nieves es directora de la escuela infantil, por lo que su salario es algo superior al resto de sus compañeras. Aunque las pagas extra están prorrateadas, la mayoría de sus compañeras tienen otros empleos, cuenta. “Trabajan en animación o cuidan niños, algunas cuando salen del centro se van a dar clases particulares para complementar el salario”, señala. 

Inma también describe esta realidad, tiene compañeras que, después de estar ocho horas en la escuela, se van a otro trabajo: “Hay mucho abandono en la profesión y es por las condiciones, mira que a mi me encanta lo que hago, pero en cuanto pueda me voy”, expresa. Su sueldo ronda los 1.100 euros al mes. 

El camino hacia la huelga

Entre los profesionales de diferentes partes de España ya comienza a escucharse la posibilidad de acudir a una huelga indefinida como hicieron en Navarra o Mallorca, donde mejoraron las condiciones. Así lo cuenta Narila (44 años) que trabaja en una escuela infantil en Navarra: “En 2022 hicimos una huelga de dos meses y conseguimos la equiparación salarial con las trabajadoras de las escuelas infantiles del Gobierno navarro, pasamos de ganar 1.140 euros a 1.500”, cuenta. 

En Navarra también hay diferentes modelos de escuelas infantiles, desde las de gestión directa, que dependen del Gobierno o ayuntamientos; hasta las de gestión indirecta que también funcionan a través de concurso público. Narila trabaja en una escuela de gestión indirecta y lleva más de 20 años haciendo este trabajo.

La profesional cuenta que, tras la huelga, el Gobierno de Navarra prometió la reducción de ratios para incorporar progresivamente la pareja educativa en cada unidad de alumnos, pero la realidad, explica Narila, es que esto se tradujo en una figura de apoyo que cubre un profesional a media jornada, que además tiene que trabajar en otra cosa porque no se puede vivir con ese sueldo: “Los apoyos nos han dado algo de mejora, pero se han creado empleos que no son sanos, la gente no puede independizarse con ese sueldo”, señala.

Los ratios

En Andalucía también hay dos tipos de escuelas: las de la Junta y las adheridas. En el caso de las adheridas están las que dependen de los ayuntamientos y los centros privados. En el caso de los ayuntamientos, un tipo de escuelas son las de gestión indirecta que, al igual que en la Comunidad de Madrid, su gestión depende de empresas ganadoras de concurso. En estas escuelas, como la que trabaja Nieves, los ratios son mayores que en las de la Junta de Andalucía. Y en una clase de primer curso (0 años) trabaja una profesional con ocho bebés, una cifra superior en el segundo y tercer curso (1 y 2 años) con 13 y 20 niños, respectivamente. 

Los elevados ratios de alumnado son una de las reclamaciones que las trabajadoras de las escuelas infantiles llevan tiempo reivindicando. Así lo cuenta también Laura: “Quiero que se sientan escuchados y bien tratados, pero, ¿qué hago si seis niños piden mis brazos? Es una frustración saber que no puedes”, cuenta la profesional. 

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