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Artemis II: un ensayo general antes de volver a la Luna

Vicedirector de Tecnología del Instituto de Astrofísica de Andalucía

9 de abril de 2026 22:10 h

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Estamos siendo testigos de un momento que, con el paso del tiempo, probablemente se recordará, esperemos, como un punto de inflexión. Cuatro astronautas —entre ellos Christina Koch, la primera mujer en viajar alrededor de la Luna— forman parte de la misión Artemis II, un viaje que no incluye un alunizaje, pero cuyo valor científico y humano es enorme. De pequeño tenía la sensación de haber llegado tarde al primer alunizaje, por apenas unos años. Ahora puedo disfrutar del inicio de esta nueva era, y espero ver a una persona en la Luna dentro de no mucho tiempo.

Durante décadas, la exploración espacial tripulada quedó congelada en la órbita baja terrestre. La Estación Espacial Internacional, situada a 400 kilómetros de altura, nos enseña muchísimo, pero siempre bajo el abrigo invisible del campo magnético de la Tierra. Artemis II rompe, por fin, ese límite. Es la primera vez en más de cincuenta años que seres humanos abandonan esa burbuja protectora y se adentran en el espacio profundo. La Luna está a 300.000 kilómetros de distancia, lo que convierte la misión en algo más que un vuelo alrededor de la Luna.

Fuera de la magnetosfera, el cuerpo humano vuelve a ser un interrogante abierto: ¿cómo reaccionan los huesos cuando la radiación aumenta? ¿Cómo responde el sistema inmunitario? ¿Qué ocurre con la visión, el equilibrio o el sueño cuando el entorno es radicalmente distinto al terrestre durante varios días?

Cada sensor, cada muestra y cada registro recogido durante Artemis II ayudará a responder estas preguntas. Y en esta ocasión, por primera vez, esos datos incluirán la experiencia directa de una astronauta, algo que nunca ocurrió en las misiones Apolo, integradas exclusivamente por hombres.

La NASA está probando el uso de gemelos digitales, avatares virtuales que representan a los astronautas en tiempo real

Pero Artemis II no se limita a observar el cuerpo humano. También inaugura una nueva forma de presencia en el espacio. La NASA está probando el uso de gemelos digitales, avatares virtuales que representan a los astronautas en tiempo real. Estos modelos se alimentan de datos biométricos recogidos por sensores corporales y permiten simular cómo reaccionaría el organismo ante situaciones extremas sin necesidad de poner en riesgo a la persona. Es, en cierto modo, como disponer de una copia digital del cuerpo que puede someterse a pruebas imposibles en la realidad.

Estos gemelos digitales no solo sirven durante el vuelo, sino también después. Una vez finalizada la misión, los científicos podremos recrear escenarios futuros: estancias más largas, mayor radiación, situaciones de estrés prolongado o aislamiento extremo. En este contexto, Artemis II funciona como una revisión médica y tecnológica a gran escala, un ensayo general de todo lo que vendrá después.

Uno de los momentos más esperados del viaje ha sido el sobrevuelo de la cara oculta de la Luna. Durante aproximadamente una hora, la nave Orión ha permanecido sin contacto directo con la Tierra, una experiencia que no deja de ser simbólica: por primera vez en medio siglo, seres humanos han vuelto a ver un paisaje lunar que ningún telescopio puede observar en tiempo real. Hubo sondas que fotografiaron la cara oculta, sí, pero personas, muy pocas, y hace ya más de 50 años.

(Un inciso: ¿soy el único que piensa que esto de dar tanta importancia al hecho de estar incomunicados durante una hora es un poco exagerado? En un vuelo largo, hasta hace poco tiempo, estábamos sin conexión más tiempo, ¿no?).

En esa región permanentemente invisible desde nuestro planeta, los astronautas han podido estudiar cráteres recientes y observar impactos de pequeños meteoritos que golpean la superficie lunar sin iluminación solar. Estos eventos, difíciles de detectar desde la Tierra, ofrecen información clave sobre la actividad actual del entorno lunar y los riesgos a los que se enfrentarán futuras bases habitadas. Desde el IAA-CSIC observamos estos eventos de impacto en la parte oscura de la Luna y hemos detectado muchos de ellos. 

Conviene no confundir la cara oculta, que es la parte de la luna que nunca vemos desde la Tierra, con la cara oscura, es decir, la que en ese momento no está iluminada por el Sol. La cara oculta también recibe luz solar cada 15 días. Durante la Luna nueva, por ejemplo, se encuentra completamente iluminada.

Artemis II no busca protagonismo histórico inmediato, sino solidez científica. La misión mide, registra, verifica y corrige. Es el paso necesario antes de plantear estancias prolongadas en la Luna

A esto se suma otro experimento fundamental: la transmisión de datos mediante láser. Artemis II ha servido para poner a prueba sistemas de comunicación óptica capaces de enviar grandes volúmenes de información usando haces de luz, en lugar de las tradicionales ondas de radio. Es como pasar de una conexión telefónica antigua a la fibra óptica del espacio. Si esta tecnología se consolida, permitirá comunicaciones mucho más rápidas y eficientes con futuras misiones lunares y marcianas, algo indispensable cuando la distancia hace que cada segundo de retraso sea crítico.

Todo esto confirma que Artemis II no busca protagonismo histórico inmediato, sino solidez científica. La misión mide, registra, verifica y corrige. Es el paso necesario antes de plantear estancias prolongadas en la Luna y, más adelante, viajes tripulados a Marte. Nada de eso sería posible sin entender primero cómo se comportan nuestros cuerpos y nuestras tecnologías lejos de la Tierra.

Además, la ciencia que surge de Artemis II no se quedará en el espacio. Muchos de los avances en monitorización médica, simulación digital y transmisión de datos tendrán aplicaciones directas en la Tierra: desde la telemedicina en regiones remotas hasta tratamientos personalizados para enfermedades crónicas, pasando por mejoras en la detección temprana de problemas de salud. La exploración espacial, una vez más, actúa como catalizador de innovaciones que terminan beneficiando a toda la sociedad.

Mirando al futuro, no resulta descabellado pensar que en menos de una década existan bases científicas permanentes en la Luna. Quizás la Agencia Espacial China instale una base tripulada en menos de cinco años. Artemis II es el terreno donde se ensaya cómo vivir, trabajar y mantenerse sano en un entorno sin protección natural.

Cuando imaginamos el regreso a la Luna, pensamos en cohetes, módulos de descenso y banderas. Pero uno de los mayores desafíos se está desarrollando en silencio: dentro del cuerpo humano y en su adaptación a un nuevo medio ambiente más agresivo, para el cual no estamos preparados… aún.

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**Para seguir explorando estos temas y profundizar en la ciencia detrás de Artemis II y la salud en el espacio, puedes encontrar más artículos en https://todoastronomia.net.