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Mirada al pasado para entender el presente y el futuro de los bosques secos del planeta

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Los bosques son fundamentales para mantener la salud del planeta, ya que nos ayudan a mantener la biodiversidad, a secuestrar carbono y a regular la producción global de oxígeno. En la actualidad nos encontramos inmersos en múltiples procesos globales de restauración de bosques y reforestación asociados al decenio de Naciones Unidas sobre la restauración de los ecosistemas (2021-2030; UN Decade on Restoration). La restauración y reforestación de bosques puede jugar un papel fundamental contra el cambio climático, pero si no se hace bajo el paraguas del rigor científico también puede resultar en altos costes de mantenimiento y esfuerzos fallidos en la reforestación. Por ello, conocer la distribución de los bosques y las variables ambientales que la determinan es hoy más importante que nunca para restaurar con éxito los ecosistemas degradados forestales de las zonas áridas y mitigar los impactos del cambio climático y la desertificación. 

Las zonas secas del planeta cubren casi la mitad del planeta y se espera que su extensión siga aumentando en un contexto de cambio climático. Estas zonas mantienen un porcentaje importante de bosques secos que cumplen papeles esenciales en el mantenimiento de la biodiversidad y el funcionamiento de estos ecosistemas. La disponibilidad de agua es el principal factor limitante para el desarrollo de los bosques en zonas áridas, pero hasta ahora no se había estudiado el papel que juegan los acuíferos y el clima de épocas pasadas como impulsores de su distribución a escala global. A pesar de tener unas necesidades de agua relativamente altas en comparación con los arbustos y las hierbas, los bosques cubren grandes extensiones de tierras secas en todo el mundo. ¿Cómo es posible que estas zonas secas puedan mantener bosques? ¿Podemos reforestar este tipo de ecosistemas? A día de hoy sabemos que el clima de la tierra cambia de forma natural paulatinamente a lo largo de miles de años. Zonas que eran más húmedas hace miles de años podrían ser ahora mucho más secas y viceversa. De este modo, un clima pasado más húmedo podría haber contribuido al establecimiento de los bosques secos que aún perduran en la actualidad. 

Un reciente estudio basado en datos de 100,000 bosques, herramientas de inteligencia artificial y modelos estadísticos avanzados ha demostrado que la extensión de los bosques en las zonas áridas de nuestro planeta está influenciada por el clima del pasado y la presencia de el agua subterránea, factores que deberían considerarse en acciones de restauración forestal. Este conocimiento es vital para guiar presentes y futuros procesos de restauración y reforestación de estos ecosistemas. Un lugar que sustenta un bosque en zonas áridas que se estableció en condiciones pasadas más húmedas y frías o que se sustenta en recursos hídricos subterráneos puede no soportar este bosque en el futuro bajo condiciones climáticas más secas o con acuíferos con tendencia a agotarse. Además, debemos ser precavidos sobre el papel de la reforestación como herramienta contra el cambio climático. Más de la mitad de la superficie forestal mundial de las zonas secas está influenciada por las condiciones climáticas del pasado. Muchas zonas áridas boscosas eran mucho más húmedas en un pasado (hace unos 6.000 años), dejando un legado de acuíferos poco profundos que los árboles pueden aprovechar en la actualidad.

Considerando esta información sobre el legado climático en los bosques, podemos orientar las acciones de restauración evitando zonas inadecuadas para el establecimiento de árboles. Ya que en este caso, los árboles plantados tendrían dificultades para afianzarse y los recursos hídricos podrían verse amenazados. Las proyecciones de las condiciones climáticas futuras, así como la expansión de las zonas urbanas y de cultivo, sugieren que los bosques de las tierras secas están más amenazados en partes de América del Norte y del Sur y en Australia, mientras que las zonas de África tienen las mejores perspectivas de expansión forestal. En el territorio español, el 75% de su superficie está catalogado como zona semiárida y seca subhúmeda y según modelos predictivos de la extensión de bosque en el futuro, alertan que en 80 años se podría reducir en un 40% los bosques actuales, sufriendo mayores pérdidas en la cuenca mediterránea. 

La restauración y los procesos de reforestación son necesarios y de vital importancia, sin embargo, estos procesos tienen que ser informados en base al conocimiento científico para evitar pérdidas millonarias en material y personal. El empleo exclusivo de las condiciones climáticas actuales para guiar los esfuerzos de restauración en las zonas áridas, especialmente teniendo en cuenta las previsiones de unas condiciones climáticas cada vez más secas en la mayoría de las zonas áridas del mundo, podría ser insuficiente.

Los bosques son fundamentales para mantener la salud del planeta, ya que nos ayudan a mantener la biodiversidad, a secuestrar carbono y a regular la producción global de oxígeno. En la actualidad nos encontramos inmersos en múltiples procesos globales de restauración de bosques y reforestación asociados al decenio de Naciones Unidas sobre la restauración de los ecosistemas (2021-2030; UN Decade on Restoration). La restauración y reforestación de bosques puede jugar un papel fundamental contra el cambio climático, pero si no se hace bajo el paraguas del rigor científico también puede resultar en altos costes de mantenimiento y esfuerzos fallidos en la reforestación. Por ello, conocer la distribución de los bosques y las variables ambientales que la determinan es hoy más importante que nunca para restaurar con éxito los ecosistemas degradados forestales de las zonas áridas y mitigar los impactos del cambio climático y la desertificación. 

Las zonas secas del planeta cubren casi la mitad del planeta y se espera que su extensión siga aumentando en un contexto de cambio climático. Estas zonas mantienen un porcentaje importante de bosques secos que cumplen papeles esenciales en el mantenimiento de la biodiversidad y el funcionamiento de estos ecosistemas. La disponibilidad de agua es el principal factor limitante para el desarrollo de los bosques en zonas áridas, pero hasta ahora no se había estudiado el papel que juegan los acuíferos y el clima de épocas pasadas como impulsores de su distribución a escala global. A pesar de tener unas necesidades de agua relativamente altas en comparación con los arbustos y las hierbas, los bosques cubren grandes extensiones de tierras secas en todo el mundo. ¿Cómo es posible que estas zonas secas puedan mantener bosques? ¿Podemos reforestar este tipo de ecosistemas? A día de hoy sabemos que el clima de la tierra cambia de forma natural paulatinamente a lo largo de miles de años. Zonas que eran más húmedas hace miles de años podrían ser ahora mucho más secas y viceversa. De este modo, un clima pasado más húmedo podría haber contribuido al establecimiento de los bosques secos que aún perduran en la actualidad.