Manuela Ocón, la excelencia tras la cámara en el cine español

Cuenta que su padre, médico, era muy cinéfilo y desde muy pequeña la llevaba al Palacio del Cine en el centro de Huelva. Allí descubrió obras maestras como Ben-Hur, Lo que el viento se llevó o 2001: Odisea en el espacio. También obras de culto como la trilogía ochentera de Indiana Jones.

Manuela Ocón confiesa que, posiblemente, Master and Commander sea su película favorita, de la que destaca no solo la emoción de la aventura, la belleza de su banda sonora o la historia de amor encubierta, sino el espectacular diseño de producción, que llevó a su equipo a un puntilloso proceso de casting por todo el mundo para elegir a la tripulación, a una meticulosidad extrema en la filmación del oleaje o una cuidada selección de las telas de los barcos.

Su última película, Los Tigres, también le devolvió al mar. En concreto, al litoral onubense de su infancia, para contar una historia sobre el ocaso de un buzo industrial, enmarcada entre las olas y el polo químico de Huelva.

Parece de justicia, casi de lógica astral, que sea ahora el Festival de Islantilla, ubicado en la provincia de su Huelva natal, el que le entregue el Premio de Honor de su 19ª edición: el Francisco Elías. “Todo eso junto me hace mucha ilusión”, confiesa.

Desde que recibió el Goya a la Mejor Dirección de Producción por Modelo 77, Ocón no ha parado de recibir merecidos reconocimientos a su trayectoria profesional como el Ricardo Franco del Festival de Málaga o el Josefina Molina de ASECAN, o el Sevilla de Cine de la Diputación, por citar solo algunos.

Desde que su nombre apareció en los créditos de Más allá del jardín, la adaptación a la gran pantalla de la novela de Antonio Gala, Manuela siempre ha estado ahí.

Ya lo estaba cuando algunos de los cineastas más brillantes del cine andaluz daban sus primeros pasos en la novelera Facultad de Ciencias de la Información y ella comenzaba a firmar aquellos cortometrajes desde el departamento de producción. Entre ellos, claro está, se encontraba Alberto Rodríguez, cuya filmografía, una de las más sólidas del cine español, ha estado ligada a la capacidad logística de Manuela Ocón en la rentabilización de los recursos y la inmensa amabilidad y rigurosidad en el trato con sus equipos.

Alberto Rodríguez y su “nivel de exigencia” o el fallecido José Antonio Félez y “su honestidad” son dos de los compañeros fundamentales a los que alude Manuela para referirse al éxito su trayectoria de tres décadas. Félez “Lo ha supuesto todo. Ha sido mi padre, me enseñó la honestidad en el cine, que no hace falta hacer trampas, que se puede hacer lo más difícil siendo honestos, desde la educación y el buen talante”.

Ocón entiende su carrera como una concatenación lógica, como una escalera, donde cada película funciona como un peldaño que le ha llevado al siguiente proyecto. Cita, esos sí, 7 vírgenes, Grupo 7 y La Peste como tres escalones dorados. 7 Vírgenes, por ser muy jóvenes; Grupo 7 por haber “rentabilizado cada euro” en una película “compleja, con muchos movimientos de cámara, que era muy exigente y con recursos muy limitados”; y La Peste, porque “fue una producción tan gigante, que de repente me di cuenta de que se podían hacer cosas muy grandes y que éramos capaces de hacerlo sin problema”.

Por el camino, han quedado grandes hitos del cine español como La Isla Mínima, cuyo éxito fue tan abrumador, que, a día de hoy, sigue siendo una de las películas españolas más laureada en los Goya y cuenta hasta con un remake alemán, que traslada el contexto de la Transición al de la caída del Muro de Berlín.

Su impulso del cine andaluz a lo largo de todos estos años la llevó en septiembre de 2022 a uno de los grandes motores del cine y el audiovisual español: Movistar+.

Querer, La Mesías, Sirat, La bola negra, Anatomía de un instante… son obras que han hecho historia, triunfando en los grandes festivales del mundo, llegando a los mismísimos Oscar, gozando del reconocimiento de la crítica y llevándose el abrazo de público. Todas ellas, por supuesto, con la rúbrica de Ocón en su créditos. “Ha sido un aprendizaje brutal, me siento muy afortunada y orgullosa de haber formado parte de ese equipo”, revela.

Cita la desigualdad territorial que generan los diferentes incentivos fiscales en España, la inteligencia artificial y la tensión entre plataformas y salas de cine como los grandes retos del cine español, sumándole dos de la máxima importancia: la desigualdad de género -de la que es experta académica y ha escrito un libro- y el gran problema de la violencia sexual en el sector, que volvió a asomar recientemente tras revelar elDiario.es el caso de Gustavo Fuentes, ex CEO de la productora de Canal Sur ADM, imputado por agresión y acoso sexual a una trabajadora.

Con su habitual tono amable, pero firme, Manuela confiesa que le “sigue sorprendiendo mucho lo normalizadas que tenemos esas violencias. Es fundamental tomar conciencia de que eso no es normal, de que no solo es altamente reprobable, sino un delito… y de ahí no nos podemos mover. Esa toma de conciencia tiene que ser cada vez mayor y cada uno tiene que poner su granito de arena”. Los preocupantes datos de incidencia e impunidad que denuncian las asociaciones feministas del sector, como AAMMA o CIMA, no dejan lugar a dudas sobre el grave problema que acucia al sector.

La productora es optimista respecto a las próximas generaciones de cineastas andaluces y andaluzas. “Les veo muy fuertes. Debemos acercarles a todos los foros de decisión posibles, enriquecernos mutuamente y confiar en ellos para que desarrollen sus proyectos. Debemos aprender de ellos… y estar atentos a lo que hacen”, concluye.