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Manolo Gordillo, autor de 'Deberes de vida': "La educación emocional es una base sobre la que puedes construir cualquier cosa"

Manuel Gordillo, conocido como el "profe Manolo", se hizo famoso por publicar una lista con 45 deberes para el verano con el objetivo de disfrutar con la familia y los amigos

Su libro está basado en una forma de educar que trabaja la inteligencia emocional en niños de primaria

'Los deberes de la vida'

Pintar y decorar piedras, hacer limonada casera o reír hasta que duelan las mejillas. Estos son algunos de los deberes que Manolo Gordillo (el profe Manolo), maestro de primaria de un colegio sevillano, les mandó el año pasado a sus alumnos para que hicieran durante el verano. Su lista de tareas llamó tanto la atención que una madre decidió compartirla a través de Facebook y, para sorpresa de todos, se hizo viral. Aunque para él, que lleva 17 años dando clase y ha trabajado seis como director del CEIP Beatriz Galindo de Bollullos de la Mitación (Sevilla), estos quehaceres basados en trabajar la inteligencia emocional y pasar tiempo en la naturaleza y con la familia no deberían ser tan inusuales. 

Un año más tarde, en junio de 2019, el profe Manolo ha publicado su libro Deberes de vida, de la editorial Montena, un cuaderno en que ha escrito una "lista de tareas para aprender a disfrutar de la vida. En ella aparecen ejercicios algo más desarrollados, como por ejemplo cómo construir tu propia cometa, en la que el profe Manolo hace referencia a Leonardo Da Vinci

Manolo Gordillo, que es hijo de una maestra y que siente vocación por lo que hace, considera que hay que educar a los niños desde la emoción y el cariño. Es fiel defensor de la educación pública y cree que debería existir un pacto por la educación que parta de expertos y se aleje de los cambios políticos. Considera que el profesorado debería ser evaluado y obtener un feedback por parte de los alumnos y de otros compañeros para que así exista un proceso de mejora en su trabajo. 

¿Cómo es un día de clase para el profe Manolo?

Empiezo el día en el cole y tengo música puesta en la clase porque me gusta que los niños entren y se activen. Empezamos a bailar, algunos hacen un baile entre ellos, otros no bailan porque están charlando, cada uno va a su bola pero el entorno tiene que ser un sitio donde tú te sientas muy querido, te sientas a gusto. Yo a los niños los recibo y los saludo uno a uno en la puerta. Luego entramos en clase y entonces nos escuchamos, hablamos. Pregunto qué hicieron ayer, cómo están y luego les digo lo que vamos a ver ese día, lo que vamos a hacer. En educación infantil hay una cosa que se llama la asamblea. Los niños, nada más entrar, cuentan sus cosas, qué han desayunado… Es una forma de desarrollar la autoestima, exponer en público, hablar con los demás, socializar, etcétera y es fundamental para que un niño se sienta escuchado y entendido.  

¿De dónde surge la idea de crear una lista de deberes tan poco habituales?

Yo ya la había trabajado en otros colegios, la he visto antes en otros compañeros y lo que he hecho ha sido cambiar y añadir cosas. Viene de una forma de trabajar. La escuela tiene que ser divertida, los niños aprenden cuando se lo pasan bien y la gente no está acostumbrada a que te manden algo que te gusta. En la escuela hay que hacer que los niños aprendan divirtiéndose, que tengan ganas de venir y esa era la idea, hacer deberes así. También la educación emocional me gusta mucho.

¿Hay algún autor, libro o estudio en el que se apoye para crear su propio método de impartir clases en la escuela?

Nuestra profesión se aprende, más que en la carrera, que también hay muy buenos profesionales, viendo a otros compañeros. Además es algo que los maestros casi nunca hacemos porque estamos en una clase y no vemos a los demás. Casi todo lo bueno que he aprendido, o todo, lo he aprendido de otros compañeros. Yo estoy continuamente intentando leer blogs y libros de educación, ir a cursos y tener nuevas experiencias. Hay un libro que se llama El Elemento, de Ken Robinson. Este hombre habla de cómo la educación reglada, que puede ser de la Revolución Industrial, enseña a los niños y a las niñas con un sistema que es repetitivo, machacón, que intenta homogeneizar a todos. "Café para todos", es decir, lo mismo para todos.

La pedagogía moderna ya hace tiempo que sostiene que, precisamente lo que hay que hacer es todo lo contrario. Hay que buscar una educación individualizada con la diversidad que tenemos. Ese método pedagógico que seguimos repitiendo está basado en el contenido. Debería haber un sistema educativo basado en el alumno, no en el contenido. La educación es algo que se mueve y otro libro que también me recomendó un amigo mío no hace mucho, se llama El mundo necesita un nuevo currículo. Es de un autor que se llama Marc Prensky, que es quien inventó el término "nativos digitales" y tiene mucho que ver con las nuevas tecnologías, la neurociencia, la neuroplasticidad… Los niños de hoy, al estar expuestos a estímulos distintos, tienen estructuras cerebrales y de pensamiento diferentes, aprenden de otra forma. Nosotros seríamos inmigrantes digitales que estamos intentando enseñar a esos niños una lengua que ellos dominan mejor que nosotros y con unas herramientas con las que a nosotros nos enseñaron hace más de veinte años. Ahí está lo que se llama brecha digital. Ahí hay un problema serio de modelo de aprendizaje. 

¿Cree que, como está planteado el sistema educativo en España, se educa la inteligencia emocional?

Creo que se hace. Yo soy muy defensor de la educación pública y creo que hay muchos profesionales muy buenos pero creo que se hace de una forma voluntariosa y de manera muy transversal. Pero la importancia que tiene no está a la altura a nivel educativo y de presencia en la escuela.

Si tú trabajas en una persona bien su autoestima, su asertividad, que sepa defender sus ideas, que aprenda a equivocarse, que sea resolutivo, que sea una persona cariñosa, etcétera. La educación emocional es una base sobre la que puedes construir cualquier cosa. Estamos dedicándole todo el tiempo y todo el esfuerzo a repetirle a los niños un montón de cosas año tras año de las que no se enteran, que les aburren en muchas ocasiones y no estamos educando a personas que sean emocionalmente estables.

Otra cosa que no entendemos los maestros es que tenemos una profesión con la que tenemos que estar continuamente en formación. No podemos terminar una carrera o acceder a la función pública y estar luego cuarenta años trabajando de la misma manera. Como dice un amigo mío, "¿cuarenta años de experiencia o un año de experiencia repetido cuarenta veces?". 

Ha dicho que es fiel defensor de la educación pública. ¿Qué piensa del sistema educativo público español?

¿Tienes batería en la grabadora para responder a esto? (se ríe) Creo que ese "café para todos" de tratar a muchos niños y niñas tan distintos y diferentes, intentar que les demos a todos lo mismo simplemente porque tienen la misma edad es un error. A nivel de medios, de recursos humanos, de organización sería muy complicado hacerlo de otra manera. En un mundo ideal creo que debería haber menos alumnos por docente, aunque sí debería haber un grupo porque, si no, esa parte de socializar se perdería, pero eso nos permitiría desarrollar en cada uno su elemento.

Este libro del que te he hablado antes, El elemento, dice que el objetivo de la educación debería ser encontrar en cada persona su elemento, que es lo a que uno le gusta y además se le da bien y potenciarlo. Nosotros continuamente estamos intentando que todos hagan lo mismo en la escuela, en la ESO… Esta anécdota la cuento mucho: tú tienes un hijo y ves que va muy mal en matemáticas y pinta genial y lo apuntas a clases de mates. Pues no, apúntalo a clases de pintura porque es lo que a lo mejor le hace feliz. Queremos, necesitamos y buscamos que todos sean iguales y parece que eso nos da seguridad y ahí creo que también hay parte de fallo porque luego si te fijas con los niños que tienen problemas de identidad de género, con los niños con sobrepeso, mucho del bullying tiene que ver con lo que se sale de lo que se supone que tiene que ser normal. 

Respecto a lo que comenta de la homogeneización, hay países como Finlandia que han decidido suprimir las asignaturas en la educación formal. ¿Qué piensa de ésto?

Eso que parece tan ideal creo que es el camino, lo que pasa es que eso necesita una pieza fundamental que no tenemos y que es una sociedad preparada para eso. Nos vamos un poco hacia atrás. Simplemente este tema de los deberes, lo de ‘mandar deberes sí o no’ podría generar un montón de controversias en la gente. Habría muchas personas que dirían que eso bajaría el nivel, o que los niños tienen que estar ocupados porque volvemos a ese modelo con el que nos educaron a nosotros, centrado en el contenido. Las transiciones no pueden ser tan bruscas. Creo que ese es el modelo hacia el que deberíamos ir tendiendo poco a poco, de una forma gradual, buscando esa educación más individualizada dentro de grupos más pequeños. No creo que haya que quitar las asignaturas pero sí que se debe trabajar de una forma un poco más competencial y no lo hacemos, seguimos tirando demasiado del contenido y no de la competencia. 

Al hilo de ésto, ¿cómo ve el uso de la tecnología y, más concretamente, el de los vídeojuegos como método de aprendizaje (gaming) en edades tan tempranas?

Yo siempre digo la misma palabra: equilibrio. En todo. Yo no digo que al libro de texto haya que darle una patada, es un recurso más que tiene cosas positivas, pero siempre en equilibrio con las nuevas tecnologías. Acabo de hablar de nativos digitales y toda esta manera que tienen ellos de aprender quiere decir que cada vez las tenemos que introducir más pero es que, además, hay estudios que demuestran que tienen mejores resultados con los niños. No puede ser, ni mucho menos, el único recurso, pero hay que aprender a trabajar con ello, hay que adaptarse a esa generación jugando con ese equilibrio. No podemos mirar a otro lado, que es otra de las corrientes que hay, y mantenernos al margen. Hay que entrar ahí pero hacerlo como educadores porque hay niños que dominan una red social o whatsapp mejor que tú y nosotros debemos enseñarles a usarlo. Ese es un tema en el que nos tenemos que formar. Es complicado pero tenemos que saber movernos por esos derroteros. 

Después del libro, ¿se plantea sumergirse en otro proyecto?

No lo sé. He estado seis años de director de un colegio y el año pasado fue el primero que dejé la dirección por temas de estrés y porque echaba de menos pasar más tiempo en el aula con mi grupo de niños. Luego ha venido lo del libro; entonces me ha tenido más ocupado porque cuando tienes tal nivel de obligaciones luego te cuesta mucho bajar así que no sé qué haré pero seguro que me enrollo con algo. Ahora me están saliendo muchas charlas, talleres de innovación educativa.  Una parte que me interesa de ésto es poder contaminar a más gente u orientar a otras personas que quieran hacer cosas similares y que le pierda un poco el miedo. De hecho, una de las cosas que más me llama la atención sería poder colaborar con la universidad. 

Si tuviera que darle un consejo a un alumno suyo, ¿cuál sería?

Creer en ti, que tú confíes en ti mismo. Por ejemplo, hoy en día hay muchos niños que tienen un tema con la frustración brutal, hay niños que no saben equivocarse incluso cuando son de sacar todo sobresaliente. Cometen un pequeño fallo y se vienen abajo de una manera increíble. Hay que aprender a equivocarse y entender algo tan sencillo como darse margen y saber que es normal, que lo que te pasa a ti nos pasa a todos y nos va a seguir pasando. Confiar en lo que uno quiere hacer y conseguir transmitir esa confianza para mí es lo más importante porque, como te decía al principio, es la base de la educación. El mismo Platón hace más de 2.500 años hablaba de eso y decía que la base emocional es clave para poder construir cualquier cosa después. Si tratamos a los niños con cariño, simplemente eso, les da mucha seguridad para ser ellos mismos y equivocarse. Yo le diría a un niño que crea en sí mismo y que siga creyendo aunque muchas veces se encuentren con caras largas, con gente maleducada, con gente que no lo va a entender y que no ha tenido la suerte de tener a alguien que le diera esa confianza. 

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