Vértigo en Vox por volver a tropezar en el “error” de quedarse fuera del Gobierno andaluz del PP: “Moreno ya nos engañó”
El pasado mes de septiembre, antes del adelanto electoral en Extremadura, Aragón y Castilla y León, el portavoz de Vox Andalucía, Manuel Gavira, reconoció por primera vez que fue “un error” apoyar la primera investidura de Juan Manuel Moreno, en 2019, y quedarse fuera de su Gobierno. Acto seguido anunció su intención de entrar en el nuevo Ejecutivo andaluz si lograban arrebatarle al PP la mayoría absoluta.
“Tenemos una experiencia ya... Juanma Moreno es presidente de Andalucía gracias a Vox (...). Y nosotros fuimos engañados por el PP. Por tanto, nuestro objetivo es transformar Andalucía y para que ese objetivo se cumpla tendremos que estar en los gobiernos y hacer, evidentemente, esa propuesta que queremos hacer a los andaluces”, dijo en una entrevista en Canal Sur Radio.
No fue una boutade de Gavira, que jamás abre fuego sin la pólvora que le proporciona Santiago Abascal. Fue, como siempre en el partido ultraderechista, un movimiento sincronizado por la dirección nacional en las cuatro comunidades que se adentraban en el largo ciclo electoral, dejando patente que Vox volvería a los gobiernos autonómicos de los que había salido, y negociaría más duro con el PP. Desde entonces, Gavira no ha dejado de repetir esta idea en el Parlamento andaluz, con más resonancia cuando se iniciaron las negociaciones entre PP y Vox en Extremadura y Aragón. “Moreno ya nos engañó. El PP no cumple los acuerdos políticos, por eso hay que estar dentro, para controlar que cumplan”, han insistido una y otra vez.
Moreno perdió la mayoría absoluta en las elecciones del pasado domingo, pero se quedó a tan solo dos diputados de su objetivo. Los populares han caído de los 58 a los 53 escaños [la absoluta está en 55], y desde la misma noche electoral Vox empezó a enfriar aquel mensaje que lanzaron hace ocho meses. Los de Abascal han aumentado un diputado [de 14 a 15] en Andalucía, la comunidad donde se estrenaron en las instituciones, en 2018, y donde llegaron a acaparar su mayor porcentaje de votos en toda España.
Ahora vuelven a ser clave para que Moreno sea investido presidente, pero esta vez no sustentarán a un PP escuálido -en 2018 obtuvo 26 diputados, el peor resultado de su historia- sino a un partido vigorizado, que ha perdido cinco escaños, pero ha roto su techo electoral, con 1,6 millones de votantes. La misma noche electoral, Gavira evitó hablar de “sillones” y “consejerías” en el futuro Gobierno andaluz y el líder del PP, ante la ejecutiva nacional de su partido en Madrid, adelantó que “lo más razonable” es que le permitan gobernar en solitario, con apoyos puntuales ni negociando presupuesto a presupuesto, como hizo en su primera legislatura.
Este lunes, el cabeza de lista de Vox al Parlamento por Sevilla, Javier Cortés, volvió a insistir en que su objetivo no es ninguna cartera en el nuevo Ejecutivo de Moreno, sino imponer al principal exponente del PP moderado la llamada “prioridad nacional”, una propuesta xenófoba de dudosa legalidad que pasa por discriminar a los inmigrantes en las prestaciones públicas por detrás de los españoles. “No pedimos gobierno, no vamos a pedir sillones, no vamos a pedir vicepresidencias ni vamos a pedir consejerías, lo que vamos a pedir es un cambio de políticas y que, a partir de ahora, la prioridad nacional sea una realidad”, ha señalado Cortés.
Durante la campaña, Moreno se ha referido al término “prioridad nacional” como un “eslogan vacío”. “Algunas propuestas son irreales y otras son ilegales. En este caso es la Constitución Española, el Estatuto de Autonomía y las leyes orgánicas las que nos marcan lo que tenemos que cumplir y el PP no va a vulnerar nunca la ley. Ahora, que ellos le quieren denominar prioridad nacional, me parece muy bien”, dijo en un desayuno informativo en Sevilla. El presidente de la Junta en funciones llegó a fantasear con una “repetición electoral” si la ultraderecha le obligaba a rebasar alguna línea roja, sin precisar si el polémico discurso antiinmigrante es una de ellas.
El secretario general de Vox, Ignacio Garriga, también aclaró que negociarán con el PP de Moreno “conscientes” de la “proporcionalidad” del resultado en las andaluzas. En la formación ultraderechista hay quien piensa que su estancamiento en las urnas el pasado domingo tiene mucho con ver con haber dilatado las negociaciones con el PP en Extremadura y Aragón, dejando en el aire dos gobiernos autonómicos durante meses. Eso que el dirigente popular andaluz llamó “lío” o “desgobierno”, haciendo un llamamiento al voto útil y alertando también al sector empresarial andaluz, donde existe un voto fronterizo con los de Abascal. “No ha ayudado”, dicen.
Moreno ha perdido la autonomía política que ha disfrutado estos cuatro años y se ha abierto ya a llegar a acuerdos con Vox. La primera fecha en el calendario es la constitución del Parlamento andaluz, el próximo 11 de junio, cuando los 109 diputados tomarán posesión de sus escaños y se votará a los miembros de la Mesa, órgano rector de la Cámara. La persona que presida la segunda institución de Andalucía, contrapeso del futuro Gobierno autonómico, tendrá un papel clave para medir los tiempos y las prioridades políticas de una legislatura sin mayorías absolutas. Está por ver si Moreno cede ese puesto clave a Vox -como ha hecho el PP en otros territorios-, con más autonomía y visibilidad que una cartera dentro de su Ejecutivo.
La dinámica de negociación entre ambas fuerzas conservadoras depende de la correlación de fuerzas. Moreno se ha quedado más cerca de la mayoría absoluta que María Guardiola en Extremadura (a cuatro escaños); Jorge Azcón en Aragón (a ocho escaños) y Alfonso Fernández Mañueco (a nueve escaños). El mayor porcentaje de votos lo logró el PP extremeño, un 43,18%, dos puntos más que el PP andaluz (41,60%), y alejado del PP castellano leonés (35,47%) y del aragonés (34,26%).
Pero la mayor ventaja respecto a Vox es la de Moreno, que tiene un 27,7 puntos más que la ultraderecha; mientras que Guardiola les sacó 26,2 puntos; Azcón 16,38 puntos y Mañueco 16,5 puntos.
Con esta “proporcionalidad”, Vox ha entrado en el Gobierno extremeño ocupando una vicepresidencia y dos consejerías, la de Familia y la de Agricultura. Guardiola llegó a afirmar que su feminismo era como el del partido ultraderechista y el acuerdo político que firmaron abrió la puerta al término xenófobo “prioridad nacional”. Previamente se había constituido la Asamblea de Extremadura, cuyo presidente, un diputado del PP, fue elegido por mayoría simple, sin el respaldo de Vox, evidenciando el bloqueo de las negociaciones.
En Aragón, Vox negoció con Azcón para controlar tres carteras en su nuevo Gobierno: la de Agricultura, Ganadería y Alimentación; la de Medio Ambiente y Turismo; y la de Política Social y Familia. La presidencia de las Cortes sería para el PP mientras que el senador autonómico correspondería a Vox, que también tendrá representación en la Mesa de las Cortes con una vicepresidencia.