Un festival independiente de Zaragoza busca recursos económicos tras perder el respaldo logístico municipal
En 2019 se celebró la décima edición de Slap! Festival en el camping municipal de Zaragoza con más de 30 artistas, todas las entradas vendidas y unos 4.500 asistentes. Siempre ha sido un festival especializado en músicas afrodescendientes, programando estilos como el hip hop, soul, jazz, funk y también a artistas más experimentales. Este año, tras varias ediciones con otro formato, los promotores quieren recuperar la “esencia” del festival y devolverlo al camping municipal. Sin embargo, el modelo de colaboración del Ayuntamiento ha cambiado: en anteriores ediciones, además del apoyo económico, el Consistorio aportaba cuestiones logísticas como autobuses, infraestructuras, brigadas o refuerzos de limpieza. Ahora, según explica la organización, se les ha planteado un contrato de patrocinio exclusivamente económico, una fórmula que consideran “insuficiente” para mantener el formato habitual del festival. El Ayuntamiento justifica el cambio en cuestiones jurídicas y sostiene que la coorganización “no estaba justificada”.
Para lograr el regreso al camping, el festival ha impulsado una campaña de micromecenazgo. La recaudación de fondos “va por la recta final de su primera fase, para la que faltan menos de diez días y nos acercamos al primer objetivo de 5.000 euros”. Pero para que el festival se celebre en condiciones, necesitan cumplir un objetivo óptimo de 35.000 euros “para ampliar la programación y dotar al festival de mejores condiciones artísticas, técnicas y de producción”. Las personas que aporten en esta recogida de fondos acudirán invitadas como agradecimiento al festival.
Ahora el festival quiere recuperar su espacio y regresar al camping. Los artistas confirmados son DJ Lady Funk, R de Rumba y DJ Pendejo, a la espera de conocer el cartel completo. Por sus distintas ediciones han pasado artistas locales, estatales e internacionales como Kase O., Pony Bravo, Za!, Systema Solar o Moonlight-Benjamin.
En el camping, como en otros festivales del país, algunos asistentes dormían con sus abonos; pero las instalaciones permitían programar más actividades, actuaciones musicales diurnas junto a la piscina o juegos deportivos. También podían acudir familias y era un festival cómodo y sin aglomeraciones, con público extranjero o de otras comunidades, pero manteniendo unas dimensiones humanas. Desde 2012 se pusieron en marcha los conciertos Slap! Indoor, en diferentes espacios de la ciudad durante el resto del año como antesala de la edición veraniega. La pandemia paralizó el sector musical durante casi dos años y dificultó enormemente las actuaciones en directo, especialmente en el caso de los conciertos o festivales pequeños.
Tras las dificultades que afectaron a todo el sector musical en 2020, en 2021 “la opción de hacer el Slap! en el Jardín de Invierno dentro de la programación de las Fiestas del Pilar fue una solución posible en aquel momento”, explica Víctor Dominguez, uno de los promotores de Desafinado Prod. Ese año actuaron Delaporte y Novedades Carminha como cabezas de cartel. En 2023 volvió a celebrarse en el camping municipal; pero Domínguez aclara que “el cambio importante llega en 2024, cuando el Ayuntamiento de Zaragoza nos comunica que ya no puede apoyarnos de la misma manera en que lo había hecho históricamente”.
Según explica el promotor, hasta entonces el festival había contado con un modelo de colaboración que “no se limitaba a una aportación económica”, sino que incluía apoyo en comunicación, permisos, materiales e infraestructuras, colaboración de brigadas, escenarios o facilidades de movilidad como el refuerzo del transporte público al camping. “Para que el festival pudiera celebrarse con garantías”, resume.
Para la edición de 2024 el Ayuntamiento les planteó mantener una aportación económica similar, pero mediante un contrato de patrocinio. “Para nosotros, ese cambio de modelo hacía inviable mantener Slap! tal y como se había venido celebrando, porque el festival no depende únicamente de una cantidad económica, sino de una estructura de colaboración más amplia”, señala Domínguez. Según la organización, el nuevo formato implicaba perder facilidades en comunicación, permisos, infraestructuras, brigadas o autobuses.
Fuentes municipales sostienen, sin embargo, que no se retiró el apoyo al festival, sino que se modificó la fórmula de colaboración por una cuestión jurídica. Según explican desde el Ayuntamiento, la coorganización “no estaba justificada” y se ofreció un patrocinio económico para seguir respaldando el proyecto, una propuesta que la organización no aceptó. El Consistorio añade además que el festival se ha presentado a las convocatorias de subvenciones culturales y asegura que existe voluntad de seguir apoyándolo.
La alternativa fue integrar el proyecto dentro de la programación de las Fiestas del Pilar en el Jardín de Invierno con una noche asignada. “Esa ha sido la fórmula desde entonces, pero consideramos que no tiene nada que ver con celebrar el festival en el camping municipal, con lo que aporta el espacio para la experiencia del festival y la ciudad”.
Javier Ibarra, o Kase O., uno de los raperos más importantes a nivel estatal, ha participado en el anuncio del festival en redes. Domínguez aclara que su relación viene de lejos, al compartir “una misma cultura musical, la admiración por la música afroamericana y una historia común dentro de la escena cultural zaragozana”. Para la primera edición de 2010 contaron con el apoyo de Rap Solo, la tienda vinculada a Violadores del Verso, y en 2011 Kase O. pinchó música en la piscina del camping. En 2014 actuó junto a Jazz Magnetism, en “uno de los conciertos más especiales de la historia del Slap!”, según Domínguez. Su compañero R de Rumba, ya confirmado para este año, “ha sido una presencia muy habitual en Slap! y prácticamente forma parte de la familia del festival”, afirma el promotor. Kase O. está preparando actualmente su próximo disco, tras publicar El círculo en 2016.
Para Domínguez, “que Kase O. apoye ahora públicamente la vuelta de Slap! al camping no es una colaboración puntual: es la expresión natural de una relación cultural y afectiva que viene de muchos años atrás”.
Los festivales pequeños y la búsqueda de un equilibrio en el sector
En los últimos años la actividad de las promotoras y salas pequeñas atraviesa algunas dificultades para programar conciertos o festivales pequeños o independientes, como vienen advirtiendo periodistas especializados y los propios agentes culturales del sector. Domínguez valora que “la situación es compleja y afecta de lleno al sector cultural y a la escena musical”. Para este promotor, en los últimos años “el público se ha acostumbrado cada vez más al formato de macrofestival, y esto ha tenido consecuencias directas en las salas pequeñas, los ciclos de proximidad y los festivales independientes como el nuestro”. Recuerda que muchos macrofestivales están gestionados “por grandes empresas, fondos de inversión o estructuras empresariales con una capacidad financiera enorme que tensiona el mercado y genera una competencia completamente desigual”.
Uno de los efectos directos es el aumento del caché de los grupos. Muchos artistas se han acostumbrado a trabajar con presupuestos elevados y esto complica que festivales pequeños accedan a determinadas contrataciones. Otra dificultad es el encarecimiento general de la producción, el personal técnico, los equipos de sonido, las infraestructuras, los alojamientos o el transporte. “Todo cuesta más, y los pequeños festivales no tenemos la misma capacidad económica que los grandes operadores”. Otro factor importante a tener en cuenta, según Domínguez, son “las cláusulas de exclusividad que imponen determinados festivales a los grupos, impidiendo que actúen durante un periodo concreto en otros eventos de la misma región. Para un festival pequeño, eso puede cerrar muchas posibilidades de programación, especialmente si trabaja con escenas musicales específicas”.
Para este promotor y sus compañeras es necesario cuidar el “pequeño comercio” cultural: “Igual que se habla de proteger el comercio local frente a las grandes plataformas, en cultura debería pasar algo parecido. Las salas, los ciclos independientes y los festivales de pequeño y mediano formato cumplen una función fundamental: sostienen la escena, generan comunidad, permiten descubrir artistas y ofrecen espacios donde muchos proyectos musicales empiezan a crecer”. Por eso consideran que es necesario intentar buscar un equilibrio entre los formatos grandes y los espacios de cercanía, que pasa por el apoyo de las instituciones.
Objetivos para la puesta en marcha y apoyos
Los festivales, además de un evento musical, se convierten en puntos de encuentro para los artistas locales y pueden facilitar la aparición de nuevas formaciones. Estos pequeños festivales también tienen precios más asequibles, que permiten que acuda público que se queda fuera de eventos mucho más grandes. Además, se ofrecen actividades vinculadas al baile, al deporte y al ocio al aire libre. Para ellos, “un festival urbano además de ocio genera comunidad y permite descubrir nuevas referencias musicales”. Una de las razones para celebrarlo en las instalaciones municipales de siempre responde también al impulso del público, pues “mucha gente ha seguido preguntando cuándo volvía el Slap! al camping”. “Pero en realidad, otro objetivo importante es recuperar el hueco que representaba este evento a nivel de programación de músicas de raíz afroamericana y el descubrimiento de nuevas propuestas”.
Además de la recaudación de fondos y el apoyo del público, patrocinadores como Cervezas Ámbar y la Fundación Caja Rural, junto al propio Camping Municipal de Zaragoza, siguen respaldando esta iniciativa y están interesados en que vuelva a celebrarse.
La promotora reconoce que “siguen existiendo vías de apoyo y espacios de colaboración con las instituciones. El problema es que, en el caso de Slap!, el tipo de apoyo actual no permite sostener el festival tal y como se había construido históricamente, con sus días de actividades, acampada y conciertos diurnos que permiten las instalaciones municipales”.
Para ellos, el objetivo es volver a poner en marcha “un festival con 15 años de historia, que la ciudad reconoce como suyo, que genera comunidad, activa un espacio público como el Camping y puede aportar una propuesta musical y cultural diferente dentro de Zaragoza. No se trata solo de recuperar un evento, sino de recuperar una forma de vivir la música en la ciudad”. Recalcan que tienen una actitud abierta, “tendiendo la mano a las instituciones, a los patrocinadores y a las entidades que quieran formar parte de esta vuelta. Ojalá podamos acceder también a las ayudas de concurrencia competitiva, porque eso nos permitiría sacar adelante esta edición con mejores condiciones y pensar ya en 2027 con una base más sólida”.