El Prismático es el blog de opinión de elDiario.es/aragon.
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El nazismo, su manera de operar y las razones por las que la sociedad alemana pudo permitir su ascenso y permanencia son algo que me ha llamado la atención desde que tengo recuerdos. He devorado libros, películas y documentales. Ahora leo la prensa, veo la tele o miro el móvil y me pregunto si el mundo no se ha convertido en aquella Alemania de los años 30 del pasado siglo.
Mascamos una barbaridad tras otra sin tiempo para digerirlas. Líderes déspotas y ególatras llegan al poder avalados por las urnas. La democracia, sus valores, leyes, instituciones…Todo es arrastrado por los suelos en virtud de la posverdad que clama que la política no vale, que lo público es un agujero negro por el que se vacían nuestros bolsillos, que la inmigración es un problema. La lobotomía empezó el día que alguien pronunció el primer: “Todos los políticos son iguales”.
Quizá en España eso comenzó el día que alguien eligió el término 'casta' contra lo establecido para presentarse como algo nuevo. No lo sé. Pero quizá el concepto era tan bueno que otros han sabido usarlo después con más éxito, para desgracia de todos. La desesperanza, el malestar social, justificado o alentado interesadamente, son el caldo de cultivo perfecto para que crezca el fascismo y podríamos afirmar que estamos en plena primavera.
El discurso contra el de fuera es común a todos. Se pone el foco en el inmigrante como el enemigo incluso en comunidades como Aragón, aquejada de despoblación y de un envejecimiento imposible de revertir si no es con gente de fuera que decida instalarse aquí. En un lugar en el que se han hecho llamamientos desde hace décadas para que familias de inmigrantes se instalen en pueblos que necesitan sabia nueva, triunfan partidos que centran su discurso en criminalizar a quien abandona su patria buscando una vida mejor. En tierra de taifas se alienta el miedo a la islamización. Tan ridículo y tan peligroso como pensar en perseguir judíos.
Tardamos décadas en ponerle imágenes a la caza de judíos casa a casa. Piensen, por ejemplo en esas escenas del pianista con Adrien Brody intentando ocultarse. Hoy es inmediato. Las redes sociales nos muestran vídeos de inmigrantes en Estados Unidos huyendo del ICE. Una repartidora de comida a domicilio intentando ocultarse en casa de una clienta. Gente con miedo a pisar la calle para no ser detenida. Una estadounidense “de pleno derecho” muerta por no tomarse en serio a unos matones de inmigración. No es cine bélico, es el día a día.
Hablar de neofascismo todavía cuesta. Somos reticentes a reconocer que algo que sabemos tan grave sea una realidad. Pero sobre el tablero local, nacional e internacional tenemos todos los componentes. Su poder: demostrar que el patán puede llegar a ser el líder; que mentir o ser un ignorante no está mal visto. El mundo es complejo pero no inasequible. Solo hace falta poner un mínimo interés para entender cómo funciona y lo que sucede a tu alrededor, para que no te la peguen. El fascismo es el triunfo de la estulticia y comenzamos el año con el mundo aquejado por una pandemia de necedad.