El top manto de Ayuso y Azcón
El comportamiento humano es una falsificación de nuestra personalidad. Pensamos una cosa y hacemos la contraria. Deseamos algo y nos esforzamos por no conseguirlo. Nos creemos simpáticos, pero nadie nos aguanta. Le reímos las gracias a los demás, mientras les asesinamos con la mirada del pensamiento. Comprendemos a los otros, aunque sabemos que lo nuestro es más importante. Somos modestos porque lo valemos. Estamos convencidos de que “algo” habrán hecho, aquellos a los que les va bien. Eso sí, la desgracia de los desafortunados siempre nos cae lejana. No es que seamos mentirosos. Nos gusta disimular para agradar a quienes nos rodean. Especialmente a nuestro ego. Si adornamos con celofán ese ser interior que nos envuelve, lo que enseñamos es la carátula vacía de un envase hueco. Vivimos empujados por el cierzo de las emociones, pero disfrutamos la realidad como un buñuelo de viento. Mucho aire y poco sentimiento. Nos tragamos los bulos porque somos un fraude. Fabricamos mentiras porque las falsedades son el agujero negro que atrae nuestras certezas. Actuamos de tapadillo para que no nos hagan picadillo. Nos escondemos de las sombras para que los demás sólo vean nuestros reflejos. Vemos la fila de emprendedores del top manta, que nos ofrecen auténticas copias, pero los miramos con un desprecio repleto de avaricia. Nos regateamos a nosotros mismos para engañar a los honestos vendedores de copias. Las apariencias no engañan porque son más transparentes que los aparentes.
En psicología hemos buscado el grial de las pruebas de la verdad para desenmascarar mentirosos. Los experimentos realizados para discriminar a los 'Pinochos' nos confirman que las personas que mienten sufren en su interior algo muy parecido a las que no lo hacen. Tras analizar a varios sujetos a los que se acusó de cometer un delito, siendo inocentes, y otros de los que se sabía su culpabilidad, no se observaron diferencias en la ansiedad que mostraban unos y otros. No seríamos el primer inocente en ir a chirona, o al patíbulo, por un pequeño malentendido. Nos imaginamos de paseo por cualquier ciudad de los Estados Unidos de Norteamérica, vemos a unos agentes armados del ICE, y sabemos que no son los extras de otra nueva entrega de 'La edad de hielo' (Ice Age, Chris Wedge, 2002). Con esta 'seguridad', temblaremos más de miedo que de frío, y es más fácil que regresemos congelados a casa antes de tiempo porque sabemos que somos culpables, aunque no sepamos de qué. Estas S.A. de Trump son la falsa seguridad que nos han vendido las derechas ultras y conservadoras. Mienten tanto como matan. Porque han falseado la realidad, llenándola de enemigos, para ocultar sus intereses. Frente al rencor, el gobierno de España regulariza, a base de derechos, a medio millón de personas que vivían con el miedo a que en nuestro país se impusieran esas políticas del odio que comparten PP y Vox. La Conferencia Episcopal y Cáritas han apoyado esta medida, porque es justa y humana. ¿Estarán en pecado todos los ultras que vociferan contra este acuerdo del gobierno progresista? Amén.
En la campaña electoral aragonesa, Azcón se trajo a pasar el fin de semana en Zaragoza a su colega Ayuso. Un acto para disputar el electorado ultra a los de Abascal. Dime de quién presumes y te diré lo que eres. Don Jorge la llevó por el Tubo y al cine. Pero no parece que vieran la película 'Viven' (Frank Marshall, 1993). De hecho, los mayores y sus familias respiraron aliviados al saber que no visitaría ni residencias ni centros de mayores. En el Pilar se brindó a regalar un manto a la Virgen. Azcón pone otro. Dos mantas para dos mantos. Dudo que a la Pilarica le haga mucha gracia un presente, tras tanto cuerpo presente de los siete mil doscientos noventa y un ancianos, y ancianas, que fallecieron abandonados en la pandemia por el protocolo de la vergüenza que impulsó la presidenta madrileña. La mantis política de Feijóo quiere dejar su presente en la zaragozana basílica Mariana. Sin duda será la mejor representación de la hipocresía y las falsificaciones de las derechas. Todo un top manto.