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ARAGÓN

Esclavos del franquismo

Viñeta de 'Esclavos de Franco', de Chesús Calvo.

Hace unos meses la editorial aragonesa GP Ediciones aportó a su corpus de cómics históricos un título que arrojaba una nueva mirada sobre la historia española del siglo XX. 'Esclavos de Franco' de Chesus Calvo, obra reseñada por Óscar Senar en este mismo rotativo, elige como vehículo de transmisión de su argumento un tema que quizás hoy en día pueda resultar todavía desconocido para parte de la sociedad. 

Cuando se habla de campos de concentración, de forma automática la mente de la inmensa mayoría de la población actual viaja en el tiempo y recuerda los horrores que la Alemania nazi llevó a cabo durante la Segunda Guerra Mundial en los centros de exterminio que construyó para ejecutar su programa de aniquilación. Sin embargo, pocas veces se repara en los cerca de 300 espacios que, con un objetivo similar aunque quizás mejor camuflados, levantó Franco desde el comienzo de la Guerra Civil a lo largo de la geografía española.

Con el precedente de 'Cautivos. Campos de concentración en la España franquista, 1936-1947' (2005) de Javier Rodrigo, el periodista Carlos Hernández en su libro 'Los campos de concentración de Franco' (2019) profundiza en este bochornoso capítulo y actualiza algunas cifras. Aumenta su número, y esboza el periplo por el que pasaron entre 700.000 y 1.000.000 de prisioneros durante los más de 20 años que estuvieron en funcionamiento (1936-1959) -pese al cierre en 1947 del ubicado en Miranda de Ebro, siguió habiendo “campos de concentración tardíos”-. Clasificados en diferentes grupos según su grado de “peligrosidad”, la mayor parte de los detenidos eran combatientes republicanos a los que se les obligó a realizar trabajos forzosos en condiciones infrahumanas, donde el hambre y las enfermedades convivieron con continuos episodios de torturas físicas y psicológicas.

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Comunistas

Iósif Stalin en 1949. Wikipedia.

La llegada de Unidas Podemos al gobierno de coalición que preside Pedro Sánchez ha despertado (si es que alguna vez permanecieron dormidos), todos los fantasma que la derecha española suele sacar a pasear cuando pierde el poder. La presencia de Alberto Garzón, miembro del PCE, en el ministerio de Consumo ha reactivado una dialéctica que nos remite a la larga noche del franquismo, cuando el judaísmo, la masonería y el comunismo eran los enemigos de España.

Probablemente el dictador se sorprendería si viera ahora el crecimiento que ha experimentado aquella lista canónica de traidores a la patria, que incluso incluye también a Teruel, una de las provincias históricamente más marginadas del país. La defensa del concepto más rancio y obtuso de la nación no admite, como se puede observar, ni la disidencia ni la tibieza.

La derecha española actúa con cinismo cuando se refiere al comunismo español. Lo hace por falta de cultura política, desconocimiento de la historia de España, cálculo electoral y una manifiesta incapacidad para superar unos marcos políticos y sociológicos trasnochados y, por lo tanto, una narrativa anclada en confrontaciones ideológicas anacrónicas.

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A lana de l’ansotana

Ovejas de rasa aragonesa

L’atro día belun se sorprendió quan le charré d’Esquellana, una iniciativa social pa transformar a lana d’a ovella guirra, a unica raza d’ovella valenciana, y d’ista forma poder asegurar a las ganaderías o ingreso d’os costes que suposa a esquira. Lo millor d’ista iniciativa ye que fa veyer que l’amor –por a biodiversidat agraria en iste caso- mueve montanyas… A lo menos montanyas de lana, que han dixau d’estar acumuladas en as torres, an que acababan indo directament ta la vasuera, y han resultau estar una d’as claus pa mantener ista raza en periglo d’extinción, ya que as companyeras dezaga d’iste prochecto han aconseguiu que as ganaderías d’ovella guira tiengan un alicient extra que les faiga pensar-se-lo dos veces antes que no cambiar as suyas ovellas por atras en teoría más productivas pero menos adaptadas a o territorio.

Aquí, en Aragón, tamién tenemos una iniciativa que leva anyos funcionando pa recuperar a lana d’una d’as nuestras razas autoctonas, a ovella ansotana, que tien una lana d’excelent calidat con a que antes más se confeccionaba o trache ansotano. Manimenos, a gran calidat d’ista lana cayó en l’olvido, cayendo tamien o suyo uso, más que más en a epoca actual, an que a penar d’a crisi climatica, seguimos vestindo-nos con plastico antes que no buscar materials sostenibles como ye a lana d’as nuestras ovellas locals.

O nuestro amplo, diverso y peculiar territorio de polvo, viento, boira y sol, ha feito a que tiengamos ni mas ni menos que nueu razas ovinas: a rasa aragonesa, a ojinegra de Teruel, a maellana, a roya bilbilitana, a churra tensina, a xisqueta, l’ansotana, a cartera y a merina d’os Monts Universals. Fueras d’as dos primeras, todas ellas se troban en periglo d’extinción.

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¿Gusta?

La marisquería Anchor Oyster Bar, en Castro, San Francisco. EG.

Anchor Oyster Bar es una pequeña marisquería que abrió sus puertas en 1977 en Castro, San Francisco. En realidad, es tan pequeña que solo se pueden sentar veinticinco comensales, contando los ocho taburetes del mostrador. El menú es sencillo e incluye, además de ostras, sopas, cócteles y hamburguesas de marisco y pasteles de cangrejo. 

Está siempre lleno y no es fácil conseguir un hueco para comer. No admiten reservas. Al único que le reservan un espacio en la barra cerca de la cocina es a John, un veterano que pasa de los ochenta y que acude al restaurante todos los viernes a las cinco de la tarde desde hace 22 años. Últimamente no es muy puntual y le preocupa perder su sitio en la barra. Todavía conduce su coche: “Hay mucho tráfico en San Francisco y a veces llego tarde”. Nada más sentarse le sirven pan y aceite, en lugar de la mantequilla que ofrecen al resto de los clientes porque hace tiempo que el médico le prohibió comer grasas.

John recuerda que su padre en la década de los treinta pasó un año en España. Una de las cosas que más le llamó la atención de los españoles fue que cada vez que entraba en un sitio donde había gente comiendo para ofrecerle probar su comida le decían: "¿Gusta?".

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El violinista

Violín. Lukas de Pexels.

El violinista toca cansado en la calle, escupe notas sin sabor que son una pieza de Liszt y simplemente está asqueado. El violinista no puede dejar de tocar, tocar ese instrumento es como una droga que le perpetúa y a la que se aferra cuando sabe que no hay más destino que una plaza al fondo y otro día quién sabe si de sol o de niebla. El violinista sabe que hay drogas sutiles, fabricadas con el desorden de sentimientos no especialmente destructivos; también sabe que hay drogas que quiebran el alma porque están construidas con el fracaso de nuestros propósitos, con el engaño de nuestras vidas y con el ruido obsceno de lo que el violinista no dijo, pero alguien le dijo que sí que lo había dicho y ese error intencionado de percepción se convirtió para el violinista en un ruido sucio que navegó por todos los ríos que eran las venas que descargaban todo ese dolor sobre su corazón cansado, lleno de portazos y de ecos de voces a las que el violinista dejó de poner nombres.

El violinista ya no sabe dónde está su casa, pero sabe que su casa está vacía y realmente no sabe qué hace en esta ciudad que nada tiene que ver con él y que lo maltrata de día y de noche mientras desgasta sus manos sobre el violín, que es lo único que de verdad es suyo. Porque por no ser nada suyo, ni siquiera su vida le pertenece. El violinista lo sabe todo acerca del fracaso y por eso la ciudad es incierta y silenciosa cuando el violinista deja de tocar, pero todo el mundo piensa que el violinista no tiene miedo, parece un tipo duro, un hombre esculpido entre las montañas de Ucrania y el cielo sobre los Urales. Sin embargo, tiene miedo; tiene plomo en su alma y los recuerdos son curvas cerradas que lo acercan más y más a su propio infierno. Entonces el violinista grita y el grito retumba y la ciudad se esconde porque el violinista es un tipo duro, sin familia, capaz de cualquier cosa. Es un extranjero.

Y el violinista acepta morir, mientras muerde la droga insaciable y piensa que pensar es destruirse y piensa que ya no piensa y ya no hay nada, ni recuerdos, ni plomo, ni dolor. Solo penitencia por los pecados que el violinista no cometió.

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Un microscopio potente para encontrar ministros aragoneses

Reunión del Consejo de Ministros en junio de 2018.

Necesitamos un microscopio muy potente para detectar ministros aragoneses en los últimos 43 años de democracia española. Entre 1977 y 2020 ha habido en España unos doscientos ministros, de los cuales solo 5 nacieron en Aragón, es decir, el 2,5%. Y de esos cinco, tres tuvieron un paso efímero por el Ministerio: el barbastrense Luis Manuel Cosculluela fue Ministro de Administración Territorial apenas un año; el oscense Sebastián Martín-Retortillo duró diez meses y sin cartera oficial (fue ministro adjunto al Presidente Suárez, aunque en la práctica gestionaba los temas de administracion pública), y aún más fugaz fue el paso del zaragozano Román Escolano, unos tres meses, por mor de la moción de censura que descabalgó a Mariano Rajoy.

Solo dos aragoneses se mantuvieron relativamente estables en el Consejo de Ministros. Se trata del turolense Jaime García Añoveros, que fue Ministro de Hacienda durante casi cuatro años, primero con Suárez y luego con Calvo Sotelo, y del también turolense Juan Alberto Belloch, “superministro” de Justicia e Interior con Felipe González. Antes, en 1993, accedió por separado a la cartera de Justicia. La palabra ministro procede del latín minister, es decir, mediador y servidor. ¿Somos los aragoneses poco servidores o nos faltan facultades de intermediación?, ¿o son otras las causas para explicar esta ausencia ministerial aragonesa?

Si realizamos un repaso biográfico a los ministros de las últimas décadas, encontramos en su mayoría a personas bien formadas. Otra cosa es que los ciudadanos depositen confianza en ellos. Casi todos han tenido titulación universitaria. Hay excepciones como Celia Villalobos, Corcuera y algunos más. Pero lo habitual  ha sido el título académico, incluso doctoral, lo que contrasta con el Reino Unido. Allí, si alguien llega a ministro sin tener un título universitario, se considera muestra de su valía profesional, mientras en España suele traducirse en indicio palmario de enchufismo o de habilidades trepadoras. Entonces, ¿ha habido tan pocos ministros aragoneses por falta de talento regional? No lo parece, a la vista del talento científico, cultural, económico o empresarial desplegado a raudales en los últimos años, donde los vientos y las olas han estado a favor de navegantes aragoneses muy capacitados. Las razones parecen estar en otra parte.

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Desmitificar la despoblación

Presentación del libro '¿Lugares que no importan?' en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza.

A 1 de enero de 2019, Aragón había ganado más de diez mil habitantes en relación a la misma fecha del año anterior, según el Padrón. Una segunda entrega de datos del INE, la de los primeros seis meses del pasado año, confirmó que se mantenía la tendencia: casi cuatro mil habitantes más en ese periodo con la excepción negativa de la pérdida de 227 habitantes en la provincia de Teruel que, gracias a los inmigrantes, frenó la caída porque en el mismo periodo de 2018 se perdieron 472.

Algún economista, de los que consideran que es un error considerar al municipio como unidad de comparación en asuntos de despoblación (544 de los 731 tienen menos de 500 habitantes y 212 menos de 100), ha escrito que Aragón ha ganado hasta un 32 por ciento más de población en los últimos cien años. Pero este, el de la viabilidad/inviabilidad administrativa, no jurídica ni emocional, de muchos pequeños municipios, es otro debate. Como también el de la que la baja densidad de población pueda interpretarse como una ventaja o un recurso asociado a espacios naturales bien conservados, de gran valor científico y ambiental en tiempos de cambio climático.

Son datos, no son opiniones. Son razones, no son emociones. Un libro escrito por dos profesores de la Universidad de Zaragoza, el catedrático de Historia Económica, Vicente Pinilla, y el profesor titular, Fernando Collantes, “¿Lugares que no importan?, la despoblación de la España rural desde 1900 hasta el presente”, demuestra que en esas comunidades viven hoy día más personas de las que lo hacían hace 25 años gracias sobre todo al crecimiento espectacular del periodo 2000-2008 por la llegada de inmigrantes.

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El tamaño importa: son industrias, no granjas

Jaulas de gestación de cerdos en Virginia, EE UU. Wikimedia

A quien haya tenido contacto con ese sencillo manual de sentido común de 1973 que es “Lo pequeño es hermoso” de E. F. Schumacher, le sonarán las razones con las que el Tribunal Superior de Justicia de Aragón acaba de tumbar, en una sentencia de nueve páginas de recomendada lectura para quien se preocupe por la supervivencia del medio rural y la protección de su medio ambiente, una explotación porcina en zona protegida. Sentencia que evita que una mal llamada granja se instalarse en pleno Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara, no porque fuese lógico que en un espacio protegido pintan poco seis naves con 1.140 cerdas reproductoras más lechones, 1.200 cerdas de recría y 330 plazas de reposición con la consiguiente balsa de 10.000 metros cúbicos de purín (que no estiércol ni abono), ya que de hecho fue un juzgado de Huesca en primera instancia quien sostuvo que al no estar prohibido explícitamente debía permitirse (sic).

El Tribunal Superior entiende que “Lo que se pretende autorizar ahora no es propiamente una actividad agro-ganadera, sino una industria, una explotación en sí misma”. Lo extirpa además de lo que sí hubiera estado permitido, al considerarse la ubicación dentro del parque pero tratándose de una zona más antropizada, como “industrias y actividades artesanales […] de carácter tradicional”. Ni actividad agro-ganadera ni carácter tradicional. Y estas dos consideraciones son fundamentales, no solo porque reconocen la capacidad de lo cuantitativo para definir lo cualitativo, algo que va más allá de aquello de que en la dosis está el veneno, ya que da a entender que cuando pasamos de escala podemos dejar de hacer más de lo mismo para pasar a hacer otra cosa distinta. En este caso, dejar de ser ganadería y convertirse en industria, una industria que paradójicamente está terminando con la ganadería, la de verdad, y con el ganadero, aquel que lleva a cabo una actividad acorde al medio, para dejar a su paso endeudados al modelo de negocio que controlan las financieras de la propia industria. Por otra parte, y como consecuencia, termina también con la idea que ha sido bandera tanto de la publicidad como de las organizaciones afines sobre presentarse como la mejora de un sector tradicional al que ya nada se parece.

El “cuanto más, mejor” es un mantra asociado al progreso desde la revolución industrial, cuando ni la contaminación ni los límites físicos del planeta merecían un solo pensamiento que pudiera entorpecer su despliegue. Ni siquiera cuando Jevons planteó que conforme se perfecciona la tecnología para aumentar la eficiencia con que se usa un recurso, lo que sucede en realidad no es que su consumo disminuya, sino que aumente críticamente. A aquello la ortodoxia respondió con un “algo inventarán”. Hoy la ciencia, la conciencia y, aunque con lentitud, también las leyes y sentencias se han encontrado con la evidencia de que nada (físico) es infinito; los límites han aparecido y con ellos la responsabilidad. Ya no es tolerable dejarse llevar por un progreso acientífico, ciego, acrítico y sobre todo cobarde, que más que avance es una huida hacia adelante.

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Para la derecha todo vale

El líder del PP, Pablo Casado, y la portavoz de la formación, Cayetana Álvarez de Toledo, durante la segunda votación de investidura de Pedro Sánchez

Finalmente, tras una sesión de  investidura con la sorpresa del cambio de voto de la representante de Coalición Canaria, Ana Oramas, el fantasma del Tamayazo sobrevolando, y en la que las derechas han demostrado su escaso sentido democrático y su inquebrantable voluntad de bloqueo, ha sido investido Pedro Sánchez como Presidente del Gobierno. El Gobierno de coalición comienza su andadura.

El programa presentado por Sánchez, puede dar la vuelta -o paliar en parte- a la pérdida de derechos y libertades y el incremento de las desigualdades causados por los gobiernos de Rajoy. El flanco débil está en las fuentes de financiación. La mayor fuente del incremento de ingresos previstos dependerá del éxito de las medidas antifraude -la subida del IRPF a las rentas más altas no cubre ni de lejos el aumento presupuestario asignado a las políticas sociales- y la lucha contra el fraude no ha sido, hasta ahora, muy exitosa en España. Y una ralentización en el desarrollo de las políticas sociales, en buena parte dependientes de UP, puede generar  importantes tensiones entre los socios de gobierno.

Aunque espero que la exhibición pregolpista de la extrema derecha, la derecha y, como alguien dijo, la derecha menguante, sea capaz de soldar las posibles fracturas de los socios de gobierno y de consolidar y ampliar los apoyos recibidos en la investidura. Porque la cosa ya no va solo de luchar contra la desigualdad, de garantizar unos mínimos de subsistencia o de ampliar derechos, se trata de consolidar la democracia, de respetar la voluntad de la ciudadanía y de buscar marcos de convivencia entre los diferentes.

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Me importa un comino

Comino. Robert Bentley y Henry Trimen. Wikipedia

Cuando algo te importa poco o nada se suele decir: ‘me importa un comino’. Es una expresión habitual, popular, conocida por todos, que puede servir hasta para zanjar una conversación. Algunos más deslenguados emplean ‘me importa un huevo’ o ‘un pito’. A veces se utiliza ‘me importa un pimiento’.

Se escucha mucho ‘me importa un bledo’. También se emplea el rábano, el pepino y otros frutos y hortalizas. Resulta que el bledo es una planta de tallos rastreros. Y 

Hoy al mediodía, antes de la votación de investidura del ya presidente Sánchez, Montserrat Bassa, diputada de ERC ha dicho en la tribuna del Congreso que “la gobernabilidad de España le importa un comino”. Ha llamado tanto la atención su afirmación que todos los grandes periódicos digitales de España lo han reflejado inmediatamente de forma destacada. Mañana seguro que veremos la cita del comino de la diputada en muchas portadas de la prensa escrita, que últimamente refríe más que nunca lo digital.

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