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ARAGÓN

La izquierda no avanza en la unidad electoral

Justo en un momento de radicalización de la derecha, ante un peligro nada desdeñable de involución en derechos, especialmente los de las mujeres, es cuando más dificultades aparecen en la izquierda para llegar a acuerdos preelectorales. A lo largo y ancho de la geografía española se van multiplicando las listas progresistas, en lugar de suma hay división.

No estoy hablando de constituir un frente único en cada una de las elecciones y circunscripciones electorales -el frentismo anula matices importantes,  polariza la sociedad y dificulta la convivencia; además, la unidad electoral no siempre suma- sino de sacar el mayor rendimiento posible a la Ley Electoral y de enviar un mensaje  esperanzador al electorado de izquierdas. Creo que Compromís acierta cuando plantea la unidad electoral como una cuestión táctica y no de principios.

Hay mucha gente que achaca el fracaso de las alianzas al personalismo de los  y las dirigentes políticos y a los intereses partidistas. Yo creo que estos problemas existen, que son factores que dificultan los acuerdos, pero no son las únicas razones. Además de la condición humana y de las urgencias económicas coyunturales existen otros factores, en mi opinión, más importantes.

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Parir para el sistema

Escucha, maña, que esta sí que es buena. Lo vi ayer con mis propios ojos y mira lo que te digo: aún se me arrasan los ojos de emoción al recordarlo. Mira, hazme el esfuerzo, ponte en situación. Venga, va, que para algo bonito que se ve en política. Sí, un spot electoral, claro, mujer, del PP, de quién te iba a contar yo si no. Pues eso, que te cuento de qué iba. Empiezo, reina, escucha:

Estampa idílica. Como de cine. Ponte en situación. El Mediterráneo, su inmensidad, los pececillos nadando por entre sus tobillos, el sol de cara, él, con su gorra de visera de la banderita de España calada hasta las orejas. La mano derecha levantada hacia el horizonte, y yo pensando, pero ¿a quién saluda este hombre? ¡Madre mía, si está saludando a la patera esa que dicen que lleva semanas a la deriva!

Mujer, pues claro que era un anuncio, cómo eres, que ya te lo he dicho antes. Pero que aunque sea por la campaña electoral él ya dejó claro en la presentación que hizo que lo haría cualquier día de su vida. Y sin cámaras ni nada. Qué el por España lo que sea.

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Tiempos raros

Hace 16 años, un grupo andaluz, Las Niñas, nos cantaba eso de “tiempo extraño, tiempos raros pa´ la gente en este planeta”. Entonces la canción fue un canto en contra de la guerra de Irak, y acabó hasta por ser censurada en los medios públicos de televisión controlados, por entonces, por el Partido Popular. 16 años después, los tiempos siguen siendo igual de raros para la gente corriente de este planeta. No conseguimos parar la guerra de Irak. Más bien por el contrario, desde ese fatídico 20 de marzo del 2003 la inestabilidad y el conflicto en la zona llegan hasta nuestros días con guerras abiertas y sangrando. 70 millones de refugiados que luego serán llamados “daños colaterales” de un conflicto millonario y, para algunos, rentable. Gente corriente huyendo del horror que es recibida por presidentes, también votados por gente corriente, que deciden construir muros o dejar morir en el mar como única política migratoria. Tiempos raros para la paz estos nuestros.

Tiempo extraño para la cordura también en el que vivimos. Desde que hace una década el primo de  Mariano Rajoy negara el cambio climático, la cosa no ha hecho más que empeorar. Y mientras voces como Trump se niegan a reducir drásticamente la contaminación, en casi todas las ciudades de nuestro país la temperatura ha subido más de 2 grados en 30 años. Como dice la joven Greta Thunberg: "Dentro de 50 años la mayoría de políticos actuales ya ni estarán, pero a nosotros nos afectará de lleno lo que pase con el planeta". Y mientras unos y otras luchan por nuestros hijos, otros torpedean la única opción de seguir viviendo en nuestro planeta. Tiempos raros para el futuro estos nuestros.

Y con menos odas pero con las mismas ínfulas en el año de las mujeres nos salen hombres a la palestra que nos enseñan cómo vivir un embarazo. Hombres que nos explican cómo ser verdaderamente unas buenas feministas u hombres que resucitan la España muerta y la hacen pasar por viva. Hombres que defienden España mientras abusan sexualmente de personas con discapacidad o maltratan a sus mujeres en casa. Hombres que se inventan agresiones para dañar al feminismo mientras denuncian ataques a su sede con las manos llenas de los mismos huevos que les sobran. Tiempos raros para nosotras estos nuestros. 

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Daroca también resiste

Las provincias de Teruel y de Soria podrían recibir ayudas europeas para zonas “poco pobladas” al estar por debajo de los 12,5 habitantes por kilómetro cuadrado, según un reciente informe no vinculante del Tribunal de Defensa de la Competencia de Aragón (TDCA) a petición de la dirección general de Economía del Gobierno de Aragón.

Serían ayudas a la inversión, a los sobrecostes del transporte de mercancías y también la reducción de las contribuciones sociales para empresas radicadas en “zonas muy poco pobladas”, lo que aliviaría los costes laborales. Eso sí, las tendría que solicitar el Estado español y ratificar la Comisión Europea como zonas muy poco pobladas en el mapa de ayudas regionales.

La noticia aumenta las expectativas de que estas ayudas que hasta ahora solo reciben los desiertos demográficos de los países nórdicos (Noruega, Suecia y Finlandia), por debajo de los 8 habitantes por kilómetro cuadrado, se amplíen a las provincias de la Unión Europea con menos de 12 habitantes por kilómetro cuadrado. Es verdad que su eficacia quedaría limitada en el tiempo y económicamente por el nuevo mapa de ayudas regionales, que entrará en vigor a partir de 2021, y por la disponibilidad de fondos europeos.

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El orden natural de las cosas

El título de este artículo es de mi mujer, que dio con él hablando el otro día sobre el miedo y el odio que la derecha siente hacia el feminismo. Y es porque altera el “orden natural” de las cosas. Ese orden perpetuado durante siglos mediante silenciamientos, golpes, encierros, desprecios, y otras formas de hacer de menos a la mitad de la población mundial para que los hombres estemos en puestos de poder, ganemos más dinero, tengamos más tiempo libre… Porque siempre ha sido así.

Un orden que todavía persiste, pero en el que abren grietas. Algunas son pequeñas, casi simbólicas; otras son grandes, resuenan en todo el mundo y tienen un efecto de bola de nieve.

Un ejemplo de grieta pequeña es el concurso de relatos de ciencia ficción para escritoras convocado por la editorial Triskel. A pesar de que esta es la tercera edición del certamen, y a pesar de que las dos anteriores también estaban dirigidas a mujeres, es ahora cuando un señor ha decidido escribir una carta en protesta. Imagino que antes lo veía como una rareza, y ahora lo siente como una amenaza.

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A los hombres buenos no se les pide perdón

Últimamente escucho una especie de rendición ante los hombres buenos que nace de mujeres que sienten vergüenza por la lucha que otras están llevando a cabo en pro de una sociedad más equitativa y justa con todos.

Se escriben cartas pidiendo perdón a los hombres buenos, por la aberrante distorsión que parece ser generan las mujeres denominadas “feminazis”. He escuchado a amigas exponer cómo algunos de sus amigos se sienten intimidados y perdidos ante la mujer actual y cómo les es difícil tratar con ella, relacionarse, mantener una relación sentimental. He oído a hombres y mujeres lamentarse de la suerte de los hombres de hoy en día, con un nivel de patetismo tal, augurando que llegará el día en el que tendrán que acabar pidiendo perdón por tener la condición de ser hombres.

¿Pedir perdón a los hombres buenos? ¿Precisamente a los hombres buenos? ¿A los hombres que nos han apoyado, que han creído en nosotras? ¿A los hombres que saben relacionarse con las mujeres en igualdad de condiciones? ¿A los hombres que no temen que una mujer les haga sombra? ¿A los hombres que no temen dar espacio y libertad a las mujeres? ¿A los hombres que saben admirar a las mujeres? ¿A los hombres que no les importa compartir con las mujeres, crear con las mujeres, luchar con las mujeres? ¿A los hombres que saben ver en las mujeres a seres humanos y no vientres o vaginas o pechos o labios carnosos o putas o viciosas o salidas o perras o criadas o seres débiles que hay que proteger para sentirse más viriles o seres cándidos o seres frágiles o feminazis o machorras? A los hombres buenos no hay que pedirles perdón, ellos no son los que se sienten heridos o intimidados. A los hombres buenos hay que darles las gracias.

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Dos sentencias y un destino

En pocos días se han hecho públicas dos sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Aragón que afectan al Ayuntamiento de Zaragoza y, por consiguiente, a la vecindad de la ciudad.

La primera de ellas fue la decisión de anular el convenio firmado en 2016 entre Ayuntamiento y sindicatos para la recuperación de derechos laborales de los funcionarios municipales, que incluía el retorno a la jornada laboral de 35 horas semanales. Este acuerdo se enfrentaba con dos escollos. Uno era la ley de presupuestos de 2012 de Montoro que la establecía en 37,5 horas. El gobierno del PP pretendía constreñir competencias municipales para evitar, teóricamente, que no se endeudaran más. Aunque la práctica ha demostrado que pretendía impedir que los ayuntamientos tomaran medidas que pudieran paliar los efectos de los recortes del Gobierno central, ya que siguió vigente años después, con muchos ayuntamientos en superávit, como Madrid o Zaragoza, que contrastaban con un Gobierno central cada vez más endeudado, a pesar de las políticas de recortes.

El otro escollo es el Estatuto Básico del Empleado Público que limita, según el TSJA, las mejoras en permisos extraordinarios incluidas en el convenio. Ninguna de las dos medidas acordadas influían en los presupuestos municipales al no introducir variaciones salariales.

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Por un 8 de marzo inclusivo

Hace unos días, el Papa dijo que el feminismo era un machismo con faldas. No fue una frase acertada, parece claro que no contó, en esa ocasión, con la ayuda del Espíritu Santo. Pero el problema no está en que la jerarquía de la Iglesia Católica tenga esa opinión del feminismo, nunca han valorado en plano de igualdad a las mujeres, lo malo es que ese tipo de opiniones está demasiado extendido en la sociedad.

El movimiento feminista lleva años peleando contra la desigualdad, de hecho, entre hombres y mujeres (salarios, participación en ámbitos de dirección, reparto de las tareas del hogar, atención a familiares…) y sin embargo, a pesar del avance en los últimos tiempos, de las impresionantes movilizaciones del año pasado, todavía hay mucha gente, hombres y mujeres, que miran con recelo a las feministas. Y no siempre el rechazo se puede achacar a la mala voluntad, la mala voluntad y el machismo existen, pero también el desconocimiento y los prejuicios.

Los cambios culturales son muy costosos, tendemos a ser conservadores y cualquier alteración de nuestra forma de vida produce rechazo, más si los cambios llevan aparejada la pérdida de privilegios de una parte, en este caso los hombres. Pero también es cierto que el movimiento feminista no siempre ha sabido hacer la pedagogía necesaria para que su mensaje sea comprensible,  atractivo, capaz de contrarrestar el bombardeo de los medios de comunicación más conservadores.

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Los hombres nos enseñan cosas

Esta última semana está siendo un no parar de declaraciones machistas y fuera de lugar de Pablo Casado. Que dije yo que nunca llegaría a echar de menos a Mariano Rajoy, pero es que por lo menos él se metía en jardines discursivos más graciosos y menos ofensivos. Su sucesor es una barra libre de cagada tras cagada machista. Metidas de pata tan seguidas que denotan que es imposible que sean fruto de la casualidad. A todas luces parece una estrategia intencionada: “Dar de comer” a un electorado que se sentía más cómodo cuando siempre eran los hombres los que nos enseñaban cosas a las mujeres. Hombres, por otro lado, que cuando agreden a sus mujeres creen que no se están portando bien, pero no creen que estén cometiendo un delito que merezca todo el peso de la ley y todo el repudio de la sociedad.

La última de sus declaraciones creo que es digna de especial atención. Es por todos conocido que una de las formas más antiguas y más arraigadas del machismo consiste en que los hombres nos enseñen cosas a las mujeres. Desde cómo conducir, a cómo diseñar, hablar en público o hacer alta cocina. Da igual que llevemos años, siglos, incluso milenios desarrollando aquella tarea, son siempre ellos los que se arrogan el paternalismo de enseñarnos el buen hacer y el buen camino. El caso más sangrante de este mecanismo machista ha sido tener que aceptar que los hombres nos explicaran en qué consistía nuestra menstruación, nuestro embarazo o nuestra menopausia.

Este fenómeno de apropiación del relato no vivido y de usurpación del imaginario de procesos por los que no pasan ha dado lugar a toda una medicina y una ginecología, en particular, obtusa y errónea por machista. Una encuesta de la Asociación  Mujeres para la Salud del año pasado revelaba que la mitad de las mujeres habían sentido algún tipo de malestar en la consulta ginecológica. Y  no sólo  eso, sino que además sabemos que cuando los síntomas de una misma enfermedad no son iguales en hombres y mujeres, el desconocimiento de nuestros síntomas frente a los de nuestros compañeros es brutal. Sirva como ejemplo los fallos de diagnóstico de infartos de corazón en mujeres que duplican los de los hombres.

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¡Maldita estupidez!

Si alguna vez tomo parte activa en el mundo, será como pensadora y un toque imprescindible de desmoralizadora. Esa idea de Flaubert llega hoy a través de las palabras que las comisuras de mis labios guardaron en lo más íntimo de mi garganta.

Ya no queríamos hablar, habíamos decidido dormir y dejar que las horas violetas de nuestra vida se detuvieran ante la caricatura de esas voces que insistentemente nos recuerdan que si algo vale la pena es que permanezcamos en silencio, que si algo vale la pena es que no gritemos, que si algo vale la pena es que seamos mujeres de un hombre, que si algo vale la pena es que destripemos nuestra cintura cuando esta se vuelve y se hace vulnerable y tú y yo que somos mujeres, pensadoras, entendemos que la estupidez existe y comprendemos que la experiencia de la estupidez es plural y contagiosa.

Entonces te pido que mires a tu alrededor y miras las frases que no puedes leer y me sonríes y me invitas a un lugar donde la embriaguez de la vida nos atrapa más y más, porque simplemente no hay ruido, no hay voces repitiendo mentiras que quieren convertir en su verdad de caballeros de salón con puro y brandy. De repente tú gritas, es como un estallido de vida y todo se hace risa y margaritas y copas de vino con color y sin gravedad.  

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