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ARAGÓN

Fruit Attraction

"La opulencia de las ferias, la de a ver quién impacta más, la de 'tu producto no vale nada', la de no defender la producción en sí… no honra a nadie, ni siquiera al sector, y va matando explotaciones familiares todos los días"

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Pasó Fruit Attraction, la gran cita de la fruta que congrega a todo el sector de la Producción y comercialización frutícola en octubre en Madrid.

Llegas a la Feria y te sobrepasa la potencia de un sector en alza, la opulencia, el boato, el gasto, la oportunidad de negocio, todo a lo grande… Te sientes pequeño, incluso emocionado, por formar parte de algo TAN GRANDE. Parece que seamos el sector económico más potente de este país, y de ahí las grandes celebraciones y cenas que acompañan la Feria…

Finalizada Fruit Attraction, regresas en el AVE (buff, menudo tractor) y vas leyendo artículos que cuentan que si las zanahorias se dejan en el campo, que si machacan las sandías en la parcela, que si una de las OPFH más grandes de Extremadura ha entrado en concurso, que si un pueblo dedicado a la Fruticultura tiene la renta per cápita más baja de la provincia de Huesca… Se me vienen a la cabeza los fantasmas de  “Cuento de Navidad en Agosto” y me pregunto quién paga entonces toda esa opulencia, vamos, quién paga la fiesta.

Pienso, además, en Todos los Santos, cuando nuestros cementerios se llenan de flores, de gente, de recuerdos, y por qué no, de opulencia, para honrar a nuestros familiares fallecidos. Curiosamente, la opulencia de las ferias, la de a ver quién impacta más, la de “tu producto no vale nada”, la de no defender la producción en sí… no honra a nadie, ni siquiera al sector, y va matando explotaciones familiares todos los días. No obstante, como en cualquier deceso, hay herederos: las grandes corporaciones agrícolas y los fondos de inversión.

Quizás en este camino que hemos empezado a recorrer, algún día ya nadie lleve flores a nuestros cementerios, porque si desaparecen las explotaciones familiares, también lo harán nuestros pueblos con una despoblación ya acuciante. Desaparecerá una forma de vida rural cuyas profundas raíces han forjado Europa, ha fijado la población y mantenido los ecosistemas. Unas raíces que llegan al corazón de cada agricultor y le hacen amar su tierra, su trozo, su pueblo, su comarca… Raíces que a mi mente la hacen volver de vez en cuando a la austera caseta de una finca que ha visto pasar a generaciones de agricultores, en la que hay un pequeño cartel en recuerdo de un Joven Agricultor que trabajó esas tierras, muy lejos de la opulencia de Madrid. Este cartel representa la verdadera esencia de la Fruticultura familiar y del amor a la tierra, y dice:

“No me he ido.

Cerca, cerca, bien cerca estoy.

En algún lugar estoy, aunque no puedes tocarme.

Así como no puede tocarse el amor, pero sí sentirlo. Estoy en la sonrisa de tu recuerdo, estoy en el silencio de tu suspiro. ¿Escuchas el eco que se produce cuando te ríes? Ese soy yo. […]”

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