La Cartuja estalla contra el consejero de Urbanismo de Zaragoza: “No son pastos, es suelo útil para unos pisos necesarios”

La paciencia se ha agotado en la Cartuja Baja. El enfrentamiento con el consejero de Urbanismo del Ayuntamiento de Zaragoza, Víctor Serrano, ha dejado de ser una discrepancia técnica para convertirse en una acusación directa: el barrio sostiene que se está mintiendo deliberadamente para frenar el desarrollo de vivienda que llevan décadas reclamando.

Todo estalló cuando el responsable municipal calificó como “indignante” la oferta de del Gobierno central, a través de la Sareb, de cinco parcelas para vivienda pública en el barrio “porque en realidad son suelos rurales sin desarrollo”. Incluso, describió algunos como terrenos destinados a pastos o ocupados por las piscinas municipales. Un relato que, para los vecinos, no solo es incompleto, sino falso.

Desde el barrio, la respuesta ha sido inmediata y documentada. El alcalde pedáneo, José María Lasaosa, y la asociación vecinal Jerónima Zaporta han puesto cifras y planeamiento sobre la mesa para desmontar ese discurso: esos suelos no son simples terrenos rústicos, sino que forman parte de ámbitos urbanísticos recogidos en el Plan General, con edificabilidad asignada y capacidad para acoger hasta unas 850 viviendas en el sector conocido como La Cartuja 2 (LC2).

“Que no nos digan que esto es humo o pastos, porque no es verdad. Aquí hay suelo con viviendas previstas y lo sabe el Ayuntamiento”, sostienen desde el entorno vecinal, que insisten en que el problema no es la inexistencia de suelo, sino la falta de voluntad para desarrollarlo.

En esa misma línea, el propio alcalde pedáneo subraya que incluso con el grado actual de desarrollo, ya habría margen para actuar si existiera interés real. “Si el Ayuntamiento estuviera de verdad interesado en construir vivienda en La Cartuja, con estos suelos podría levantar en torno a 27 viviendas de forma inmediata y cerca de 100 más en un desarrollo próximo”, apunta, en referencia a los distintos ámbitos urbanísticos donde la Sareb tiene participación. El cálculo de esta cantidad de viviendas procede de un proyecto anterior de una constructora que entró en concurso de acreedores en 2014 con motivo de la crisis y que ya contaba con la aprobación del proyecto de reparcelación de los terrenos del G86.6 y había planteado una concesión anticipada de suelo para equipamientos públicos. “Una constructora no iba a comprar un suelo donde no puede edificar”, justifica el alcalde, José Mª Lasaosa.

Es cierto —admiten— que no se puede construir de forma inmediata en todo el sector. Pero ahí está, precisamente, el núcleo del conflicto: desarrollar ese suelo depende de los propietarios y, sobre todo, del propio Ayuntamiento. Es decir, de la misma administración que ahora lo descalifica.

“No depende de la Sareb”

Para los vecinos, presentar esos terrenos como inútiles es una maniobra que desvirtúa la realidad urbanística. “Sería deseable que se pudiera construir ya, pero eso no depende de la Sareb”, recuerdan, subrayando que cualquier desarrollo exige trámites, financiación y acuerdos entre propietarios, algo habitual en este tipo de suelos en toda la ciudad.

El enfado crece cuando se pone el foco en lo que consideran una contradicción política evidente. Mientras el consejero desacredita estos suelos, el propio Ayuntamiento ha aprobado inicialmente una modificación del Plan General para facilitar la construcción de vivienda precisamente en barrios rurales como la Cartuja Baja. Entre los ámbitos afectados está, de nuevo, el sector LC2.

“Llevamos más de 25 años pidiendo vivienda para que nuestros jóvenes no se tengan que ir del barrio”, lamentan desde la asociación vecinal, que considera especialmente grave que se genere alarma con cuestiones como la parcela de las piscinas. “Se ha llegado a preocupar a vecinos con una historia que no se sostiene urbanísticamente”, critican. “Lo que la SAREB ofrece al Ayuntamiento no es suelo para pastos ni una parcela donde hay unas piscinas, sino suelo urbanizable pendiente de desarrollar”, afirman rotundos.

La pregunta que lanzan es directa y difícil de esquivar: ¿sirven estos suelos para construir vivienda o no? Porque si sirven —como sostiene el propio planeamiento municipal—, entonces el problema no es el suelo, sino la voluntad de desarrollarlo.

Detrás de la discusión técnica hay una realidad mucho más tangible. Durante años, aseguran, la Cartuja Baja ha quedado al margen del crecimiento residencial de Zaragoza. Por eso, lo que para el Ayuntamiento es una oferta “inútil”, para el barrio representa una oportunidad que no debería despreciarse. “Lo único que pedimos es que no se nos engañe y que se trabaje de verdad para que estas viviendas salgan adelante”, resumen desde el entorno del alcalde pedáneo, visiblemente molesto por el rumbo del debate.

En ese choque, que trasciende lo urbanístico, se sitúa también el pulso político entre el Ayuntamiento de Zaragoza, gobernado por el PP, y el Gobierno central, del que depende la SAREB, con los vecinos del barrio atrapados en medio de ese enfrentamiento.

Los suelos

En el área de intervención G86-6, una unidad de ejecución prevista para la construcción de 73 viviendas, considerada como suelo urbano no consolidado, muy avanzada en cuanto a los trámites administrativos previos a su aprobación definitiva, con el 23,54% de participación por parte de la Sareb y 2280m2, supondría un aprovechamiento urbanístico para edificar unas 17 viviendas.

Respecto al desarrollo urbanístico denominado La Cartuja 2 (LC2), previsto para la construcción de unas 730 viviendas, calificado como suelo urbanizable delimitado y que cuenta con la aprobación inicial del proyecto de reparcelación, con el 13,68% de participación por parte de la Sareb y 27.000m2, correspondería un aprovechamiento urbanístico para edificar en torno a 100 viviendas.