El primer Museo sobre la Guerra Civil en España ya tiene proyecto y presupuesto

Si los planes del Gobierno de Aragón se cumplen, antes de las elecciones de 2019 empezarán las obras del Museo de la Guerra Civil que se construirá en Teruel. No será un museo cualquiera, sino “el museo de la Guerra Civil en España”, cubriendo así un vacío cultural e histórico que hasta ahora no ha llenado ningún centro en este país: abordar los porqués y las consecuencias de esta cruenta guerra en todo el conjunto de España, y hacerlo además de la perspectiva de la población civil. A ello dedicará el Ejecutivo autonómico 8,7 millones, dinero por el que está previsto que salga próximamente la licitación de las obras, que podrían comenzar a finales de este año.

¿Por qué en Teruel? “Es la única capital de provincia que fue martirizada por ambos bandos. Teruel sufrió doblemente la Guerra Civil, pocas ciudades tienen ese dudoso honor”, explica Joan Santacana, profesor de didáctica de la Universidad de Barcelona y director del proyecto. Ese punto de vista de la población civil es desde el que parten para contar esa guerra en la que se enfrentaron “dos concepciones de España y su futuro”, y que tuvo una “dimensión internacional”.

“No es fácil pensar este museo”, reconoce Santacana, porque llevar a los museos las historias de “la gente que ha muerto, que ha sufrido de esta forma, hacen que tenga una complicación añadida, por lo que cree que es un rasgo de valentía enfrentar un museo de este tipo”.

El museo se concibe para ser un “referente nacional e internacional” sobre la Guerra Civil en España y para invitar a hacer una “reflexión conjunta” de las causas y consecuencias de la contienda, tal y como destaca la consejera de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón, Mayte Pérez, de quien dependerá el Museo.

Este mes de junio se están perfilando los últimos detalles del proyecto que permitirá la licitación de la obra por 8,7 millones de euros, a financiar, en parte, esperan desde el Ejecutivo autonómico, por el Fondo de Inversiones de Teruel (FITE).

El proyecto contempla un edificio de 3.500 metros cuadrados compuesto por dos volúmenes, en los que habrá una exposición permanente, un espacio importante para exposiciones temporales, un auditorio y una zona de servicios con cafetería y tienda.

Además, contará con espacios técnicos para almacenaje y carga y descarga, una biblioteca que será especializada para los investigadores y espacios para las asociaciones memorialistas y para actividades divulgativas y culturales.

El museo contempla también un gran recinto al aire libre concebido como jardín reservado para albergar una amplia muestra de materiales pesados de guerra, como acorazados o tanques, y el recuerdo y homenaje a las víctimas a través de un memorial por la paz en un material que refleja, para que la sombra del visitante se vea sobre los nombres y una película de agua que impida el vandalismo.

Arquitectura simbólica

La arquitectura planteada para el edifico se pone al servicio del mensaje, como destaca el arquitecto Toni Casamor, encargado del diseño. “Hemos hecho el encaje del envoltorio” ligando la íntima relación del paisaje con la guerra que se libró, “poco tecnológica, una guerra de trincheras”. Por eso, el acceso a las salas se llevará a cabo a través de una rampa que, conceptualmente, recuerda precisamente eso, los accesos a las trincheras.

Dos grandes tipologías de módulos museográficos se podrán encontrar en su interior: unos mostrarán la Guerra Civil en su amplio contexto, hasta llegar a la inmediata postguerra, y otros enseñarán lo que ocurrió en la ciudad, justo en el año en el que se cumplen 80 años de la Batalla de Teruel, donde se desarrollaron los más violentos y destructivos ataques contra la población civil, entre el 15 de diciembre de 1937 y el 22 de febrero de 1938.

El final de la zona de exhibición se plantea abierto, buscando que el visitante saque sus propias conclusiones sin pretensión alguna de adoctrinamiento. El centro recogerá, además, un gran mapa de los espacios de la memoria de Aragón y del resto de España, y contempla una futuro ampliación en un terreno propiedad del Gobierno de Aragón.

Una vieja idea

La idea de un museo de este tipo en Teruel no es nueva. De hecho, el proyecto actual se basa en el elaborado por el propio Santacana hace más de diez años, y que la falta de voluntad política dejó en cajones de los despachos.

Era la demanda de una parte de la sociedad, los partidos de izquierda y colectivos sociales y vecinales, que en esta legislatura encontró el acuerdo también del PP, en el Ayuntamiento de Teruel, para alcanzar un acuerdo que no se había producido hasta ahora.

De ahí partió la colaboración por la que el Ejecutivo autonómico, en manos del PSOE en coalición con CHA, entregó el proyecto al Consistorio para su revisión. Pero la decisión del equipo de gobierno municipal de organizar un concurso de ideas con el Colegio de Arquitectos de Teruel para elegir la ubicación y la configuración del Museo fue entendida en la Administración autónoma como una manera de retrasar las obras. Y por ello, decidieron impulsarlo de manera unilateral como “un proyecto de Gobierno, que involucra directamente a todo el Consejo de Gobierno”, explicaba Mayte Pérez, en terrenos públicos y echando mano de expertos.

Comisión de expertos

Definido el “índice” de lo que será, como explicaba Santacana, y el “envoltorio” que será el edificio, como decía Casamor, el Gobierno de Aragón ha querido contar para el contenido con una comisión asesora compuesta por profesionales de la universidad y expertos memorialistas. En la lista se encuentran nombres como Paul Preston, Helen Graham, Stanley G. Payne, Alberto Sabio o Eloy Fernández Clemente, y otros nombres menos conocidos pero que llevan años estudiando y difundiendo la Batalla de Teruel.

La comisión está presidida por el profesor de Historia Social y del Pensamiento Político de la Universidad Nacional de Educación a Distancia Javier Paniagua, que reconoce la dificultad de abordar un museo sobre una guerra civil, porque se trata de proyectos donde “la narración siempre tendrá dificultades”. Por eso se ha buscado “combinar personas con distintos criterios interpretativos de la guerra”, para, de este modo, “aunar todas esas narraciones con una narración asumida por una gran mayoría”.

Un museo, como lo explica Santacana, que cumpla la misión de ser como “el retrovisor en el coche”, que sirve para evitar accidentes y hay que mirarlo para “conducir hacia el futuro”, y lo haga como un “guardián de las memorias, de la totalidad de las memorias”.