La catástrofe forestal de 2026 en Aragón: los incendios arrasan 45.000 hectáreas en el peor año desde que hay registros
El incendio forestal de Las Peñas de Riglos (Huesca), declarado el 10 de agosto y dado por controlado 11 días después, es solo el último –y también el más grave– en uno de los veranos más complicados que se recuerdan en Aragón, donde el fuego no ha dado tregua y que se estima que ha arrasado unas 45.000 hectáreas, a falta de las cifras definitivas, cuando todavía queda un mes de verano. El año pasado, fueron solo 339,53. Así, 2026 es de lejos el peor año desde que hay registros, muy por encima de las 31.500 hectáreas que ardieron en 1994.
Cientos de vecinos obligados a abandonar rápidamente sus casas ante el avance de las llamas, unos paisajes que han desaparecido y en los que ahora predominan los montes quemados y un operativo para salvar 'in extremis' las obras de arte y los restos óseos de los primeros reyes de Aragón de un Monasterio de San Juan de la Peña, cuna de la historia aragonesa, que estuvo en serio riesgo de desaparición, son algunas de las imágenes que han dejado dos meses de fuego, que dejan también un muerto, un cabo de la Unidad Militar de Emergencias (UME) fallecido el 16 de agosto en un accidente de tráfico mientras trabajaba en la extinción del incendio de Las Peñas de Riglos.
Hasta ahora, 1994 era el año señalado como más catastrófico en cuanto a incendios forestales en Aragón. El fuego de Villarluego arrasó 18.000 hectáreas del corazón del Maestrazgo y el balance total sumó 31.500 hectáreas en esos doce meses. Sin embargo, lo sucedido en 2026 bate todos los registros en Aragón, aunque se queda lejos respecto de otras comunidades autónomas como Castilla y León (138.538 hectáreas en 2025), Comunitat Valenciana (más de 140.000 en 1994) o Cataluña (76.600 hectáreas también en ese desastroso año 1994).
El primer gran incendio de la temporada en Aragón este año se originó el 25 de junio en la comarca oscense de La Litera, en concreto entre los términos municipales de Tamarite de Litera y Alcampell, y estuvo durante cuatro días ardiendo hasta calcinar al menos 4.525 hectáreas.
Con origen agrícola –el fuego comenzó con la chispa de una cosechadora–, las llamas avanzaron con gran rapidez en un contexto de vientos cálidos y altas temperaturas, hasta el punto de que, en unas pocas horas, ya había calcinado más de 4.000 hectáreas, y ya en el primer día fue necesario desalojar a 215 vecinos de tres localidades –Azanuy, Alins del Monte y Calasanz–, que pudieron regresar a sus casas dos días después, y confinar Fonz.
Leciñena: las trincheras de Orwell
El segundo gran incendio no se hizo esperar y, horas después de que el de La Litera quedara controlado, el 30 de junio, se originó otro en el término municipal zaragozano de Leciñena, a menos de 40 kilómetros de la capital. Comenzó en un terreno forestal situado en zona de sierra y generó desde el principio grandes columnas de humo, que eran incluso visibles desde las ciudades de Zaragoza y Huesca. Quedó controlado el 5 de julio tras calcinar más de 3.300 hectáreas.
Por suerte, en este caso las llamas estuvieron en todo momento alejadas de los núcleos de población, pero avanzaron con gran rapidez hacia la Sierra de Alcubierre, una zona de monte bajo y terreno agrícola que propició que se quemaran hasta 500 hectáreas solo en las primeras horas. La zona afectada es, además, de alto valor ecológico e histórico, ya que alberga las trincheras de la Guerra Civil de las que dio testimonio el escritor George Orwell.
De nuevo, como en la mayoría de incendios, fuerte viento, baja humedad y altas temperaturas fueron los grandes enemigos de los medios de extinción, en este caso como causantes de que el fuego se reavivara en algunas zonas, complicando su labor al operativo.
Teruel: Peñarroya de Tastavins y Ejulve
El primer incendio de relevancia en Teruel se declaró el 12 de julio en Peñarroya de Tastavins, en la Comarca del Matarraña, en una zona de pinos situada junto a la A-2413 y con varias naves y masías muy próximas que fueron desalojadas. El operativo fue amplio, debido a la cercanía de las llamas al casco urbano, y dejó un balance de 340 hectáreas afectadas y tres bomberos heridos.
El siguiente gran incendio en la provincia no se hizo esperar y se originó el 20 de julio en Ejulve, en la comarca Andorra-Sierra de Arcos, afectando a la Sierra de Majalinos, que ya se quemó en 2009, y obligando a desalojar varias masías o las localidades de Molinos, La Cañadilla y Cirujeda, que pudieron regresar un día después, gracias en parte al fuerte despliegue de efectivos en la zona.
Sin embargo, días después, las reproducciones provocaron el desalojo de Las Cuevas de Cañart, Ladruñán, Dos Torres de Mercader y de los barrios de El Higueral y La Algecira. El último balance apuntaba a 2.900 hectáreas afectadas.
Orés, el otro gran incendio
Junto al de Las Peñas de Riglos, el incendio forestal más devastador de lo que va de verano en Aragón ha sido el de Orés, en la Comarca zaragozana de las Cinco Villas, declarado el pasado 15 de julio y que, en pocas horas, obligó a desalojar este municipio y los de Asín y Luesia, cuyos núcleos corrieron serio peligro. A ellos les siguieron, en días siguientes, los vecinos de Uncastillo, donde las llamas llegaron a las afueras del pueblo, Malpica de Arba y el enclave navarro de Petilla de Aragón, hasta un total de 700 personas evacuadas.
En apenas 24 horas, arrasó unas 7.600 hectáreas y su perímetro alcanzó los 60 kilómetros --posteriormente alcanzó los 80--, en lo que desde el Gobierno autonómico definieron como “uno de los incendios forestales más graves y más complejos que ha tenido nuestra Comunidad en los últimos años”. En 48 horas, rozaba las 16.000 hectáreas afectadas, y no se pudo dar por controlado hasta el 21 de julio.
El desastre de Riglos
Pero el incendio más grave se originó de nuevo en la provincia de Huesca, en el término municipal de Las Peñas de Riglos, el pasado 10 de agosto, y ha estado ardiendo durante más de diez días arrasando al menos 18.400 hectáreas en el Prepirineo aragonés, entre las comarcas de La Hoya de Huesca y La Jacetania.
Las condiciones meteorológicas fueron realmente negativas, lo que propició que el fuego se extendiera por una vasta zona y llegara incluso a amenazar tanto el Monasterio Viejo como el Monasterio Nuevo de San Juan de la Peña, cuna del antiguo Reino de Aragón, hasta el extremo de que fue necesario trasladar los restos óseos de los primeros monarcas aragoneses y obras de arte para que no fueran pasto de las llamas.
Pese a un operativo “histórico”, que llegó a contar con más de mil efectivos y 40 medios aéreos --con ayudas de varias Comunidades Autónomas e incluso de Francia, tras la activación del Mecanismo Europeo de Protección Civil--, el fuego avanzó sin control durante días y obligó a desalojar a 1.049 personas de los núcleos de Binacua, Atarés, Ena, Centenero, Botaya, Santa Cruz de la Serós, Villalangua, Salinas de Jaca, Santa María de la Peña, Bailo, Arbués, Alastuey, Osia, Anzánigo, Triste, Yeste, La Peña Estación, Bernués y Larués.
La provincia de Huesca, la más afectada
Buena parte de los incendios se han concentrado este verano en la provincia de Huesca. Es el caso del iniciado el 1 de julio en el municipio de La Fueva, que obligó desde el comienzo a evacuar el núcleo urbano de Morillo de Monclús, aunque finalmente solo afectó a 40 hectáreas.
Hasta dos incendios ha sufrido este verano la localidad oscense de Loporzano, el más grave declarado el 4 de julio, que obligó a desalojar los núcleos de San Julián de Banzo y Chibluco.
El balance final tras su extinción, que se hizo efectiva el 7 de julio, es de 245 hectáreas quemadas, de las que 60 corresponden al Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara.
El 8 de julio, el fuego llegó de nuevo a la Comarca oscense de La Litera, con un nuevo incendio en Castillonroy, que obligó a confinar durante unas horas la localidad de Albelda y que quedó extinguido tres días después tras quemar 420 hectáreas. Plan, Seira, Nueno, La Peña Montañesa y, otra vez, Loporzano son únicamente algunos de los otros puntos que han ardido este verano en el Alto Aragón.
Un buen susto se llevaron también el 14 de agosto en la Sierra de Algairén, en la provincia de Zaragoza, después de que se declarara un incendio en el término municipal de Almonacid de la Sierra, que avanzó rápidamente hacia Alpartir, que fue confinado, y generó críticas por la falta de disponibilidad de medios. Afortunadamente, quedó controlado al día siguiente tras afectar a unas 200 hectáreas.