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ANÁLISIS

La IA inventa el 'despido permanente' en su desafío de sustituir salarios por capacidad computacional

Protestas en Washington en contra del poder de las 'big tech', con las caras de Zuckerberg (Meta), Bezos (Amazon) y Musk.
21 de agosto de 2026 21:48 h

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El collage de la IA resulta, en ocasiones, desconcertante. Microsoft suprime casi 5.000 empleos pocos días después de presentar unos resultados que vuelven a superar cualquier previsión del mercado. Meta se desprende de miles de trabajadores mientras acelera el fichaje de ingenieros especializados en IA con bonus retributivos millonarios. Oracle reconoce haber destruido más de 20.000 puestos de su plantilla, a reglón seguido de anunciar flujos de capital sin precedentes en infraestructuras para IA.

Amazon, Cisco, Salesforce, Microsoft, Coinbase o Cloudflare recorren el mismo camino. Nunca tantas compañías habían despedido trabajadores disfrutando simultáneamente de semejante fortaleza financiera. Microsoft anunció 4.800 despidos, el 2,1% de su plantilla mundial, en julio; Cloudflare, más de 1.100 (el 20% de sus empleados) en mayo, pese a consignar ingresos del 34% superiores a 2025 en el ecuador de este año; y Cisco, más de 1.100, casi el 5% de su censo de trabajadores.

No es como si el trabajo haya desaparecido, realmente. Más bien, cambia de dueño, funciones o responsabilidades. Durante décadas, el mercado laboral ha funcionado como una escalera en la que las empresas, que contrataban a jóvenes para realizar tareas rutinarias, los convertían con el paso del tiempo en empleados con experiencia y, más tarde, los ascendían hasta asumir unas competencias que exigían mayores niveles de responsabilidad y, por tanto, de retribuciones. La IA, sin embargo, amenaza con demoler este castillo de naipes. Desde su base. Y no precisamente porque estén sobradas de talento. Todo lo contrario. La explicación es meramente tecnológica y apunta a la revolución del algoritmo y su facilidad —o programación— para ejecutar actividades repetitivas que tradicionalmente servían como puerta de entrada a las profesiones cualificadas.

Este nuevo cuadro de mando productivo encierra una estrategia surrealista. Las firmas compiten por contratar expertos en IA al tiempo que hacen mermar las ofertas de jóvenes que aspiran a convertirse algún día en ellos.

La magnitud de este reajuste empieza a adquirir dimensiones estructurales. Según la plataforma especializada TrueUp, las tecnológicas estadounidenses eliminaron cerca de 150.000 puestos de trabajo durante el primer semestre de 2026 a través de 364 procesos de despido, una cifra que coincide con el mayor ciclo inversor de la historia de la industria de la IA americana. Para Joseph Fuller, profesor de la Harvard Business School, no es un episodio coyuntural, sino el pistoletazo de salida de nuevos métodos de gestión del sector privado. Las empresas —dice—, “han entrado en una fase de sintonización continua (continuous tuning) en la que reestructuran sus plantillas sin registrar ciclos recesivos, con regulaciones sine die de expiración y con la única justificación de las latentes y cambiantes prioridades estratégicas que marca la IA.

Esta incertidumbre constante —aventura Fuller— “hará que las empresas se inclinen a acometer excesos de despidos”.

Goldman Sachs admite haber detectado esta transformación en tiempo real. Lo hace en la última edición de su informe AI Adoption Tracker, donde muestra que, aunque el impacto neto de la IA sobre el empleo estadounidense se ha moderado —de unos 16.000 puestos destruidos al mes a alrededor de 11.000, gracias al auge de la construcción de centros de datos—, el deterioro sigue concentrándose en trabajadores jóvenes y ocupaciones administrativas y técnicas. El fenómeno no refleja todavía un aumento generalizado del desempleo, sino una creciente polarización del mercado laboral. Mientras electricistas, instaladores, especialistas en climatización o ingenieros civiles encuentran oportunidades ligadas al despliegue de infraestructuras digitales, diseñadores gráficos, analistas juniors, programadores noveles, puestos de atención al cliente o su personal administrativo ven que sus funciones comienzan a ser absorbida por modelos generativos.

La evidencia, además, se ha instalado también fuera de Wall Street. El AI Index 2026, elaborado por un instituto tecnológico de Stanford, revela que el empleo de desarrolladores de software de entre 22 y 25 años ha caído un 20% respecto a 2024, mientras el de sus profesionales sénior progresa. El dato refleja que las empresas contratan ingenieros, pero buscan perfiles capaces de supervisar modelos, integrar sistemas complejos o rediseñar procesos. No solo escribir códigos rutinarios. La IA reduce el valor de las tareas repetitivas y demanda experiencia acumulada.

Abducidos por el tecno-empleo digital

Dario Amodei, fundador y CEO de Anthropic, es de los escasos ejecutivos tecnológicos dispuesto a describir abiertamente las consecuencias de esa transición. En su opinión, la IA podría eliminar hasta la mitad de los empleos administrativos de los próximos años si gobiernos y empresas no aceleran la readaptación de sus trabajadores y sistemas educativos. Su advertencia rompe con el optimismo dominante en Silicon Valley y coincide con las conclusiones de Boston Consulting Group (BCG). La consultora estima que entre el 50% y el 55% de los empleos estadounidenses cambiarán sustancialmente de contenido antes de finalizar la década, aunque únicamente entre un 10% y un 15% desaparecerán por completo. Y hace suyo el argumentario de que la revolución tecnológica en ciernes no consistirá en una sustitución masiva de personas por máquinas, sino en una redefinición profunda de las funciones que desempeñan.

Esa misma idea subyace en los análisis de McKinsey. Esta firma asegura que las compañías más avanzadas utilizan la IA para automatizar tareas aisladas. Pero, sobre todo, para rediseñar sus procesos de negocio al completo. Un matiz sustancial. Porque automatizar una tarea permite reducir costes y remodelar las cadenas de valor. De modo que los equipos y áreas productivas se vuelven más reducidos, desaparecen niveles intermedios de supervisión y la toma de decisión se concentra en un ramillete de directivos asistidos por sistemas inteligentes. El gran cuello de botella se genera por la necesidad de encontrar profesionales capaces de entender el negocio, interpretar el contexto y supervisar correctamente las decisiones de los algoritmos. Bienvenidos a la economía digital.

Carrol Chang, CEO de Andela, mercado privado para seleccionar talento técnico, admite que los trabajadores auténticamente nativos IA son “difíciles de encontrar y extraordinariamente caros”, por lo que forman parte de profesionales que reciben ofertas salariales millonarias. Nunca se ha atisbado una brecha laboral entre el trabajo en cadena y el talento tecnológico tan profunda. Incluso entre empleados de una misma compañía y de bigtechs como Microsoft, Meta u Oracle, que expulsan masa laboral mientras contratan especialistas en modelos fundacionales.

Jeffrey Pfeffer, profesor de la Stanford Graduate School of Business, avisa de que este paradigma trasciende del mercado tecnológico. “Es una herramienta de gestión dirigida a erosionar todo lo que las empresas no pueden automatizar; es decir, la confianza, el conocimiento acumulado y la capacidad de coordinación entre equipos”. Y la pérdida de capital humano no siempre aparece reflejada en la cuenta de resultados, advierte. Aunque “termina deteriorando la innovación, la cultura corporativa y la productividad a largo plazo”. Fuller coincide con esta visión al anticipar que, cuanto más se extienda la IA, más valiosos serán los profesionales con habilidades para la comprensión de clientes, regulaciones, cadenas de suministro o mercados específicos. “Hay que conservar a la gente que sabe de qué está hablando”, resume el profesor de Harvard. Pese a que eso puede no detectarlo el algoritmo.

Esta tendencia se extiende por otras latitudes. Incluida Europa. Si bien a un ritmo más pausado. SAP ha reorganizado miles de puestos para acelerar su transición digital; Siemens utiliza sistemas generativos para automatizar tareas de ingeniería, mantenimiento y diseño industrial y firmas como Deutsche Telekom, BT, ING o Deutsche Bank intensifican la automatización de procesos administrativos y de atención al cliente. Klarna, por ejemplo, también ha convertido la IA en uno de los pilares de su táctica operativa al demostrar que un solo asistente conversacional puede asumir el trabajo equivalente al de centenares de agentes. Telefónica, por su parte, ha situado la IA en el centro de su transformación tecnológica para simplificar operaciones, optimizar redes y automatizar funciones internas.

Europa avanza con mayor cautela, condicionada por una regulación laboral más protectora y un marco normativo como el reglamento europeo de IA que opera en la misma dirección; gestiones corporativas más ligeras, automatizadas y con demanda creciente de perfiles especializados.

La OCDE y el World Economic Forum (WEF), entidad organizadora de las cumbres de Davos, han conformado una misma radiografía de situación: la IA no provocará un colapso generalizado del empleo. Aunque engendrará periodos prolongados de reasignaciones laborales. Esta transición exige formación continua, reciclaje profesional y políticas educativas capaces de preparar a una fuerza laboral que convivirá constantemente con sistemas inteligentes.

Del ERE masivo al ajuste continuo

Hasta hace muy poco, Silicon Valley velaba por el empleo. Era una de las señas de identidad de unas plataformas tecnológicas que competían por atraer talento en un mercado con escasez de ingenieros, que justificaba salarios desorbitados, oficinas convertidas en campus universitarios y plantillas que crecían a doble dígito año tras año. La pandemia llevó ese fenómeno al extremo. Con tipos de interés próximos a cero y una demanda digital disparada, las bigtechs contrataron cientos de miles de trabajadores, convencidas de que aquella expansión sería permanente. Es el continuous tuning o ajuste continuo, por el que las compañías tratan sus fuerzas laborales como una cartera que debe modificarse constantemente conforme cambia la tecnología.

Pero la irrupción de la IA generativa ha plasmado otra realidad que busca dar con El Dorado de la productividad a marchas forzadas para justificar los milmillonarios desembolsos de capital a lo que les ha llevado la desaforada carrera por la competitividad global con sus contrapartes chinas. En un proceso que reclama una reconversión tecnológica, productiva, administrativa y, por supuesto, de personal. La firma de cazatalentos Challenger, Gray & Christmas, precisa que la IA es la principal razón alegada por las empresas estadounidenses para justificar despidos. Al tiempo que AlphaSense, plataforma de búsqueda de talento en el mercado, revela un giro copernicano en la jerga corporativa. Mientras en 2022 apenas se podían encontrar referencias simultáneas a IA y despidos en las narrativas de resultados de empresas cotizadas, este año son más de un centenar por trimestre las que admiten que sus variables de IA aconsejan regulaciones de empleo.

Varias de las bigtechs americanas le dan la razón. Microsoft insiste en que sus últimos recortes no responden a la IA, sino a la necesidad de simplificar su organización. Pero los aborda. Meta mantiene un discurso de blanqueamiento similar, con expulsión de plantilla, mientras concentra miles de empleados en nuevas divisiones de modelos fundacionales. Cisco admite abiertamente que precisa desplazar inversiones a áreas con potencial de crecimiento a través del algoritmo y Oracle va aún más lejos al admitir en su informe regulatorio que la adopción de tecnología IA es la causa de un recorte de plantilla de 21.000 personas desde el verano pasado y al avanzar que el proceso está lejos de remitir en el futuro.

De hecho, las propias hojas de ruta de las bigtechs, sus estrategias corporativas a corto y medio plazo, así lo corroboran. Las cuatro tradicionales --Amazon, Microsoft, Alphabet y Meta, ahora, con el permiso de Nvidia, la de mayor capitalización bursátil, con un PIB semejante al alemán-- prevén destinar 700.000 millones de dólares a redes vinculadas a la IA a lo largo de todo 2026. De modo que el dinero liberado por los ajustes laborales no desaparece de sus libros contables. Tan solo cambia de destino. A través de itinerarios y proyectos para financiar centros de datos, procesadores especializados, infraestructuras, contratos eléctricos y capacidad de computación. Con la inestimable ayuda del IA washing o blanqueo de expedientes de empleo por la IA por sus ejecutivos para ganar tiempo ante sus accionistas hasta que las milmillonarias inversiones en IA eleven márgenes y rentabilidades.

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