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Los acampados de Sol buscan referentes a los que votar el 29N y hacen sus quinielas

Jóvenes y adultos acampando en Sol reaccionan al adelanto electoral

Lourdes Barragán

Madrid —
5 de octubre de 2026 21:53 h

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Los tiempos de la política son inescrutables: todo cambia en un segundo y es difícil seguir el ritmo. Hace dos semanas Maricarmen no había sido desahuciada, su caso no había provocado una reacción social masiva y un segundo 15M no había conquistado la Puerta del Sol. Y en los últimos tres días, el vuelco ha sido total: en apenas 72 horas han caído dos decretos urgentes en el Congreso, Pedro Sánchez ha convocado elecciones anticipadas el próximo 29 de noviembre y el Gobierno ya busca venderlas como un gran plebiscito por la vivienda. En mitad de esta vorágine, la acampada de Sol continúa en pie y mantiene su objetivo: allanar el camino hasta una huelga general. Pero sus miembros no son indiferentes a lo que ocurre en la Cámara Baja, y conviven con preferencias dispares o dudas sobre lo que es mejor.

En un paseo por la plaza horas después de anunciarse el adelanto electoral, el debate está servido. Muy cerca del acceso desde calle Preciados, detrás de unos toldos azules con los que se cubrieron en días de lluvia, un grupo numeroso comenta lo ocurrido. Son diez personas de distintas edades, aunque todos en la veintena salvo Txus (63 años) y Panda (40). Ellos vienen de otra generación, pero dicen sentirse unidos a esta lucha por la vivienda, y también –indica el segundo– al “movimiento joven y reivindicativo” que rodea a la acampada. 

Son abiertamente de izquierdas, aunque los matices en su discurso advierten de un movimiento diverso. “En las causas sociales puede ser más fácil presionar por la izquierda que por la derecha”. Esta vez la reflexión es de David, que tiene 29 años y confiesa estar preocupado por la decisión de adelantar elecciones. A la vez que lo supone como un “punto de inflexión”, marcado por la demanda ciudadana de tener casas asequibles, teme que a largo plazo pueda ser una zancadilla a sus reivindicaciones. Ante la pregunta generalizada de si fueron a votar en las últimas elecciones todos responden que sí, salvo los que en ese momento eran menores de edad. No siempre lo han hecho con convencimiento.

Varios carteles colgados en uno de los toldos de la acampada de Sol

Entre los manifestantes de Sol se palpa, por lo general, un malestar profundo con la política institucional y la capacidad actual del Ejecutivo para hacer cumplir sus promesas. Y eso genera dudas ideológicas manifiestas, que ellos mismos no saben responder aún, moviéndose entre el descontento mayoritario hacia el Gobierno progresista y el interés –pese a ello– de conservar una representación parlamentaria en este segmento.

“Mucha gente ha desconectado ya de nuestros representantes públicos, especialmente en la izquierda. ¿Quién es ahora candidato? ¿Qué propone cada uno? Son cuestiones a las que es difícil seguir la pista, y no precisamente porque no haya interés entre los jóvenes”, considera Irene, de 22 años. Aun así, en la acampada la mayoría de los consultados sí parece conocer al detalle algunos nombres sobre la mesa.

A la hora de elegir un candidato preferente para la marca de turno a la izquierda del PSOE, los que más han sonado han sido Ada Colau o Emilio Delgado, entre otros. La primera fue alcaldesa de Barcelona por Barcelona en Comú; el segundo es diputado regional de Más Madrid en la Asamblea y, en los últimos meses, ha despuntado por inaugurar las charlas itinerantes con Gabriel Rufián, uno de los primeros en abogar por un frente común de la izquierda.

“A mí me gusta la Colau, pero igual es porque soy catalán”, confiesa Lucas Pulido, creador de contenido en redes y una mitad de @Alpilpil junto con Adrián Melero, que le acompaña en la conversación y se decanta por la misma opción, aunque ambos ponen otro nombren en el tablero, que también había sonado en las últimas horas: Pablo Bustinduy.

Lucas, Cris y Adrián, en la acampada de Sol el lunes 5 de octubre

El titular de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 es otro de los ministros de Sumar (una coalición en pleno rebranding) que ha sonado entre los manifestantes de Sol para sustituir a Yolanda Díaz en su liderazgo. “Es una buena opción, pero parece que él no quiere. Y eso puede tener que ver con el precio personal que tiene ser candidato en un proyecto cogido con pinzas. Tal vez haya que esperar a que en la izquierda se valoren otras opciones”, destaca Adrián, que junto a otras dos amigas (Cris y Paola) reflexiona sobre la desafección política y los candidatos “quemados por la legislatura”. Con esta etiqueta se menciona, por ejemplo, a Mónica García: “No sé si su perfil tiene la fuerza necesaria para lo que viene”.

La ministra de Sanidad suena como posible candidata para relevar a Yolanda Díaz en el espacio de Sumar, reconfigurado ahora bajo una nueva marca aún sin líder: Frente Amplio. Sin embargo, de entre los jóvenes consultados por Somos Madrid ninguno la consideró su mejor aspirante. “Yo prefiero a Manuela Bergerot, por ejemplo”, sorprende Bruno (23 años), dando un nombre fuera de las quinielas para liderar el espacio. Bergerot es actualmente la portavoz de Más Madrid en la Asamblea regional desde que García abandonó el cargo en su ascenso al Ministerio, pero hasta ahora no ha sonado entre los pronósticos.

Ariadna, Ana y María (25 años) dibujan carteles y reflexionan sobre el adelanto electoral

De todo el grupo es María (22 años) la única que parte una lanza por la ministra de Sanidad, aunque muestra sus reservas: “A mí me gusta Mónica García, pero no creo que sea lo que necesitamos ahora”. En general, tanto su amigo Bruno como Alejandro (27 años) sienten un “descontento generalizado” con la clase política, y es por eso que ven más opciones entre los perfiles “menos gastados” –y entre los que mencionan a Colau, Delgado o incluso Gabriel Rufián– que en los rostros conocidos, asociados a la “inacción” del Gobierno actual con el problema de la vivienda.

Bruno ofrece una posible solución, o al menos un camino para evitar “que decisiones cruciales se resuelvan por interés político”: que las medidas “importantes” se voten directamente, como en las democracias participativas. “Si los decretos de vivienda hubieran sido un plebiscito ciudadano y no una votación en el Congreso, tal vez hoy estaríamos en un debate distinto”, añade Alejandro, sumando argumentos: “Aunque nuestra democracia funcione con representantes públicos y por mucho que les hayamos votado, hay momentos clave en los que la ciudadanía debería poder pronunciarse”.

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