La portada de mañana
Acceder
Dentro de los grupos 'blocus' que preparan más saqueos en Barcelona
Crónica - Lo que cuenta la victoria de Lula sobre el precio de difamar al rival
Opinión - La derrota del odio, por Esther Palomera

Las donaciones de cuerpos escasean en las facultades de Medicina: “No es igual un programa virtual que verlo en la realidad”

“Da gusto pensar que después de la muerte sigues teniendo vida o aportando vida”. Belén Teruel recuerda así la decisión de su madre de donar el cuerpo a la ciencia. La idea surgió en una conversación familiar, hace más de diez años, cuando una nieta le contó que algunos compañeros de Farmacia se quejaban de la falta de cuerpos para hacer prácticas. La respuesta de su abuela fue inmediata: “¿Y yo podría dejar mi cuerpo?”. No necesitó mucho más para decidirse, por lo que, cuando llegó el momento, su familia encontró en este gesto una forma de prolongar una vida dedicada a ayudar a los demás.

La historia de esta mujer pone rostro a la necesidad que hay en Aragón de disponer de cuerpos para que los futuros médicos aprendan anatomía sobre la realidad y los profesionales puedan ampliar su formación e investigar. A pesar de que la donación es esencial, todavía es una opción poco conocida y rodeada de prejuicios en todos los rincones de España.

En la comunidad aragonesa, el Servicio de Donación de Cuerpos del Departamento de Anatomía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza recibe una media de entre 12 y 14 cuerpos al año, pese a que la cifra óptima rondaría los 20. Además, pese a ser la cuarta ciudad más grande en número de población y atender las necesidades de las tres provincias aragonesas, en Zaragoza la disponibilidad de cuerpos condiciona las prácticas y los cursos que se pueden ofrecer.

“No es lo mismo estudiar todo en un libro, en una maqueta o en un dibujo que verlo en la realidad”, explica Estela Solanas, subdirectora del servicio. En este sentido, añade que, “por muy buenos que sean los programas virtuales, no es lo mismo ver la realidad porque hay variaciones entre unos individuos y otros”. Por lo tanto, la práctica con cuerpos reales permite a los estudiantes conocer esa diversidad y a los profesionales ampliar su formación mediante cursos especializados.

La escasez también limita la capacidad para organizar actividades docentes y desarrollar investigaciones. María José Luesma Bartolomé, directora del servicio, advierte de que “la falta de donaciones puede obligar a reducir prácticas o renunciar a algunas propuestas formativas”. “Yo creo que es un beneficio que afecta a muchos niveles en la sociedad porque si no tienes un material para informarte, tampoco tienes para investigar ni tampoco publicas”, sostiene Luesma, además de añadir que “la universidad en sí perdería, la sociedad perdería, la biomedicina perdería y los docentes perderíamos”.

La necesidad no es exclusiva en la capital aragonesa. Como comparte Luesma, “las universidades que cuentan con salas de disección mantienen mecanismos de coordinación, como el Programa Nacional de Cuerpos Donados a la Ciencia (PRONADOCU), para organizar la recepción de cuerpos dentro de sus respectivas áreas geográficas y colaborar cuando las circunstancias lo permiten”. En el caso aragonés, la disponibilidad resulta especialmente relevante porque el servicio de Zaragoza también da respuesta a las necesidades de Huesca y Teruel.

Una decisión que merece confianza

La palabra “donación” suele asociarse a los órganos y los trasplantes, pero también existe la posibilidad de entregar el cuerpo entero a la ciencia. Ambas opciones pueden contemplarse en el documento de voluntades anticipadas. La donación de órganos tiene prioridad cuando permite salvar la vida de otra persona; si el cuerpo cumple después los requisitos necesarios, también puede destinarse a la formación y la investigación.

Sin embargo, todavía hay desconocimiento y reticencias, como la idea de que donar el cuerpo impide despedirse del fallecido. “Yo creo que le da cosa no despedirse del familiar con un funeral”, señala Solanas, quien afirma que la familia puede realizar un velatorio por tiempo limitado y despedirse antes de que el cuerpo se traslade a la facultad.

Belén vivió ese proceso cuando su madre falleció en el Hospital Miguel Servet de Zaragoza. Avisó al médico de que su progenitora había dejado expresada su voluntad de donar el cuerpo y, aunque el profesional no se había encontrado antes con un caso así, la familia consiguió activar el procedimiento con ayuda de la universidad y de los servicios funerarios. Después de revisar su historial y comprobar que cumplía los requisitos, el equipo confirmó que la donación podía seguir adelante.

“Nosotros solo sabíamos que mi madre había donado su cuerpo, pero no sabíamos cuáles eran los pasos”, recuerda, además de instar a que la gente “no tenga miedo” porque “es muy sencillo”. Si es que además es muy sencillo“. ”Te van diciendo. Tú solo tienes que seguir el caminito que te van marcando“, indica.

La transparencia es una de las prioridades del servicio, por lo que Luesma anima a la ciudadanía a comprobar cómo se trabaja: “Es que no hay nada. Es súper higiénico, limpio. Hay un montón de luz. No es nada lúgubre. Es un sitio agradable”. Por lo tanto, normalizar la muerte y hablar abiertamente de la donación es, para las responsables del servicio, una forma de que más personas puedan decidir con información y sin prejuicios.

Respeto, anonimato y trazabilidad

La donación no supone entregar un cuerpo sin garantías. Antes de aceptarlo, el equipo revisa la información clínica y la causa del fallecimiento para determinar si es apto para su conservación y uso. Existen exclusiones por motivos de seguridad, como determinadas enfermedades infecciosas, y por circunstancias que impiden trabajar adecuadamente con el cuerpo. También quedan fuera los casos sujetos a una investigación judicial incompatible con el embalsamamiento.

Una vez aceptado, el cuerpo se conserva mediante los procedimientos establecidos y se utiliza durante el tiempo que resulte útil, por lo general entre dos y cinco años, aunque el periodo depende de su estado y de las necesidades docentes. El proceso está sometido a controles éticos, normas de protección de datos y un sistema de trazabilidad que permite conocer en todo momento el recorrido de cada donación. Al mismo tiempo, los registros de trabajo se anonimizan y los cuerpos se identifican mediante códigos, no por sus nombres.

“El respeto y el agradecimiento máximo a los donantes son dos pilares fundamentales de nuestro trabajo”, subraya Luesma, al tiempo que afirma que “la dignidad de estas personas prevalece por encima de todo”. Ese compromiso también se transmite a los estudiantes y a quienes acceden a la sala, por lo que, antes de comenzar las prácticas, deben aceptar unas normas de comportamiento. “No admitimos ningún comentario fuera de tono y bromas cero”, recalca la directora.

La familia no asume los gastos del traslado ni de la gestión funeraria. En Zaragoza, el servicio trabaja con una empresa funeraria que se encarga de la conservación refrigerada y del traslado. A su vez, cuando el cuerpo ya no puede seguir utilizándose, se incinera y las cenizas se depositan en una sepultura común del cementerio de Torrero. Los allegados no pueden recuperar las cenizas de forma individual, pero disponen de un lugar al que acudir si necesitan un espacio físico para recordar a su ser querido.

Para Belén, conocer ese destino también ha sido importante. En una visita al cementerio descubrió el nombre de su madre en la lápida de la sepultura y lo compartió con sus hermanos. “Está ahí. No hace falta más”, resume.

Seguir ayudando

Luesma insiste en la importancia de que los allegados conozcan y respeten esa decisión, ya que algunas donaciones no llegan a materializarse porque la familia desconoce el deseo del fallecido o no se siente preparada para aceptarlo. “La donación es un acto de gran generosidad y altruismo, de ahí la importancia de que las familias respeten la voluntad de los donantes”, señala Luesma, quien también recuerda que la decisión puede revocarse en cualquier momento.

Por eso, además de informar sobre el procedimiento, el servicio busca acercar esta posibilidad a la población. Las personas interesadas pueden solicitar información al Departamento de Anatomía e Histología Humanas de la Facultad de Medicina de Zaragoza, en el teléfono 976 76 16 67 o en el 976 76 16 84.

“A nosotros nos parece que este gesto que tuvo mi madre es de generosidad absoluta”, recuerda su hija. En las facultades de Medicina, esa generosidad se transforma en conocimiento. “Da gusto pensar que después de la muerte sigues teniendo vida o aportando vida”, concluye Belén.