La Higuera vuelve a retoñar: la aldea turolense, que llegó a ser un pueblo fantasma en los 80, recupera vecinos

La Higuera vista desde el camino que da acceso a la aldea

Isabel Traver


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En la Higuera se respira paz y tranquilidad, no existe el ruido, solo los sonidos propios de la naturaleza que rodea a esta pequeña aldea de Arcos de las Salinas. A esta sinfonía se han sumado, en las últimas décadas, las voces de algunos vecinos, en un lugar donde llegó a reinar el silencio. En la primera mitad del siglo pasado, La Higuera contaba con casi medio centenar de vecinos, hasta 14 niños bajaban a la escuela de Arcos, pero el éxodo a las ciudades hizo que se quedase sin gente en los años 80. A día de hoy, cinco personas residen aquí de continuo. 

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Uno de ellos es Fermín Esteban, el vecino más veterano, pero también el principal responsable de que esta pequeña aldea no desapareciera y todavía tenga vida en sus calles. Esteban llegó por primera vez a La Higuera acompañado de su mujer, Adela Pinazo, que nació y se crio allí. El matrimonio residía en Sagunto, pero los viajes a la masía turolense eran frecuentes. “Subíamos muchos fines de semana y siempre que teníamos vacaciones, porque hasta los años 80 todavía vivían allí tres familias y una de ellas nos llevaba las tierras”, explica Fermín. 

Cuando los últimos vecinos se marcharon a vivir a Arcos de las Salinas, Fermín y Adela quisieron evitar que La Higuera quedase abandonada. Para ello compraron y acondicionaron hasta seis viviendas, cultivaron los campos, junto a familiares arreglaron un camino de acceso a la aldea e incluso llevaron el agua a las casas con ayuda de mangueras. 

Actualmente, Fermín reside aquí durante la mayor parte del año, mientras que Adela se marcha a pasar el invierno a Sagunto. “Yo tengo aquí mis campos con carrascas truferas y mi huerto, vivo aquí todo el tiempo, solo bajo algunos días para ver a mi familia”, explica y añade que la calidad de vida que tiene La Higuera “no la cambia por nada”.

Sus esfuerzos sirvieron para que otros quisieran conocer La Higuera, fue el caso de Pere López, que llegó hace ya 21 años atraído por el anuncio que Fermín y su familia pusieron en un periódico. López que se describe como un “enamorado de la montaña”, llevaba tiempo buscando una vivienda en un lugar como La Higuera, así que no lo dudó y se mudó con su pareja de entonces. “Al principio fue duro, venir a vivir a un sitio como este tiene muchas cosas buenas, pero también sus inconvenientes, eso sí, ahora mismo no me iría de aquí”, explica. 

Reconoce que sus vecinos, entre los que se encuentra su casero, Fermín, lo hicieron todo más fácil y fueron de gran ayuda. “Recuerdo que cuando vine ni siquiera teníamos línea de teléfono, estábamos incomunicados y Fermín nos hizo un arreglo para que pudiéramos compartir el suyo, que funcionaba por ondas”, cuenta divertido. López trabaja actualmente en una piscifactoría que se encuentra en La Escaleruela, otra pequeña aldea de la localidad vecina de Sarrión.

Además, desde hace poco más de un año, La Higuera cuenta con otros tres habitantes no estacionales, una joven que vive con su hija y su pareja. Si a estos se suman los vecinos que cuentan con segundas residencias o los descendientes que acuden a pasar el verano y las festividades, la masía puede superar el centenar de personas en momentos puntuales.

Mucho por hacer

Aunque La Higuera ha recibido un buen lavado de cara en estos últimos veinte años, los vecinos aseguran que todavía hay mucho hacer. El principal problema es la carretera que da acceso a la aldea que se encuentra en mal estado, por eso piden que se acondicione por la Administración y se limpie cuando nieva. Lo que sí se ha arreglado ha sido el camino que une Arcos de las Salinas con La Higuera, gracias a una actuación del Ayuntamiento y a los fondos de la Diputación Provincial de Teruel.

Tampoco hay línea eléctrica, el ayuntamiento de Arcos de las Salinas acercó la instalación hasta 500 metros de la aldea, pero el coste que deberían asumir los vecinos para llevarla hasta sus casas “no es rentable”, aseguran. Por eso las casas de esta masía incorporan placas solares que les suministran la electricidad necesaria.

El alcalde de Arcos de las Salinas, José Luis Alvir, señala que desde el pueblo tratan de poner su granito de arena para que La Higuera siga viva. Entre otras actuaciones se construyó un depósito de agua para los vecinos y recientemente también han colocado farolas solares y bancos que contribuyen a darle un aspecto más cuidado.

No obstante, tanto desde el ayuntamiento de Arcos como desde La Higuera coinciden en que el futuro de la aldea y también del pueblo pasa por las oportunidades laborales, por eso tienen la vista puesta en Galáctica, el Centro de Difusión y Práctica de la Astronomía que se encuentra en las proximidades del Observatorio Astrofísico de Javalambre y que pronto comenzará su andadura. “Yo calculo que dará por lo menos 10 puestos de trabajos directos”, apunta Alvir. 

Por el momento, tanto Arcos de las Salinas como La Higuera mantienen, e incluso han aumentado su población. En Arcos han alcanzado los 117 vecinos censados, y gran parte de su población es joven, pero tienen muy claro que, sin empleo, esta subida es solo un espejismo.

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