El palacio Larrinaga de Zaragoza: nació como una historia de amor y acabó teniendo varias vidas
En la calle Miguel Servet de Zaragoza hay un edificio que ha cambiado varias veces sin apenas modificar su aspecto. El Palacio de Larrinaga fue construido a comienzos del siglo XX como una vivienda y, más de cien años después, continúa conservando buena parte de los elementos que hicieron de aquella casa una de las construcciones más singulares de la ciudad.
La historia del Palacio de Larrinaga empieza en la Basílica del Pilar, donde a finales del siglo XIX, Miguel Larrinaga, hijo de una familia dedicada al negocio naviero, llegó a Zaragoza para estudiar Derecho y prepararse para hacerse cargo de la empresa familiar. Allí conoció a Asunción Clavero, una joven de Albalate del Arzobispo, y se conoce que el encuentro fue durante una misa en el Pilar.
La pareja se casó y se marchó a Liverpool, donde vivió y tuvo tres hijos. Pero Zaragoza seguía formando parte de la historia de los dos. Miguel quería que cuando llegara la jubilación pudieran volver a esa ciudad, que les había visto conocerse. Por eso, en 1901 encargó al arquitecto Félix Navarro la construcción de una gran residencia en el antiguo barrio de Montemolín y la llamó Villa Asunción, como homenaje a su mujer.
Félix Navarro murió en 1911 y fue el arquitecto Fernando de Escondrillas quien continuó el proyecto hasta su finalización, en 1918. El resultado fue un palacio de cuatro fachadas, planta cuadrada y cuatro torres en las esquinas, alrededor de un espacio en el centro cubierto por una cúpula.
La profesión de Miguel Larrinaga también quedó reflejada en la decoración. Hay referencias al mar y a la navegación en distintos elementos del edificio, como el gran mural de cerámica de la fachada principal, relacionado con el comercio marítimo.
Pero la casa que debía ser un hogar nunca llegó a cumplir ese papel como estaba previsto, y es que Asunción murió en 1939, antes de poder disfrutar de aquella residencia. Tres años después, Miguel vendió el palacio con su mobiliario a los responsables de la empresa Giesa, dedicada a la reparación y venta de material eléctrico.
De residencia familiar a fábrica
La llegada de Giesa instaló sus oficinas en el edificio mientras levantaba una fábrica en los terrenos que se encontraban al lado. La gran finca que había rodeado Villa Asunción fue dividida y parte de sus terrenos se destinaron a usos industriales y residenciales. El palacio quedó así integrado en un espacio muy diferente al que había imaginado su primer propietario.
Durante la Guerra Civil, el aislamiento del edificio hizo que tuviera un uso militar. En sus terrenos se instaló un campamento y allí se alojaban soldados antes de marchar al frente. El propio palacio también acogió a oficiales y funcionó como centro logístico y de operaciones.
El uso militar tuvo consecuencias visibles. Los vehículos y otros medios utilizados por las tropas entraban y salían de la finca y terminaron destrozando buena parte del jardín que Asunción había cuidado especialmente.
Un colegio dentro del palacio
En 1946 el edificio volvió a cambiar de manos. Los hermanos Marianistas compraron el palacio y los terrenos necesarios para instalar allí un nuevo colegio en Zaragoza. El 7 de octubre de ese año comenzó el primer curso del Colegio Santa María del Pilar, con ocho alumnos y cinco educadores.
Durante los primeros años, el palacio fue colegio y también residencia de la comunidad religiosa. Pero el número de alumnos creció rápidamente y en 1954 ya eran 310, y el edificio se quedó pequeño.
La conservación del edificio era cada vez más complicada y en 1988 los Marianistas decidieron ponerlo a la venta.
Antes de venderlo a un particular, intentaron que el Ayuntamiento de Zaragoza se hiciera cargo del palacio y lo transformara en una residencia para invitados ilustres. El Ayuntamiento no aceptó la propuesta. Después, el edificio pasó a estar en el punto de mira de Ibercaja.
Una nueva vida
El acuerdo de venta se obtuvo en 1990 y la adquisición por Ibercaja se completó en 1993. La entidad decidió darle un nuevo uso y desde entonces, el palacio ha estado ligado a la actividad cultural de Ibercaja. En 2008, además, el Gobierno de Aragón lo declaró Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés.
En 2026 el Palacio de Larrinaga ha vuelto a abrir sus puertas al público con visitas guiadas y actividades culturales. Sus salones, vidrieras, capilla, escaleras y elementos decorativos pueden volver a recorrerse.