“¿Y tú cómo ves?”: la pregunta que llevó a un zaragozano daltónico a crear una app para mostrar su mundo
Explicar cómo ve una persona daltónica no siempre es fácil. Decir que algunos colores se confunden, que otros se perciben de una manera diferente o que determinadas tonalidades prácticamente desaparecen puede servir para hacerse una idea, pero no para experimentar realmente esa diferencia. Javier Jiménez, zaragozano y desarrollador de software, llevaba años escuchando la misma pregunta de su entorno: '¿Y tú cómo ves?'. Ahora ha encontrado una manera de responderla.
El resultado es 'See as Me', una aplicación gratuita para iPhone que se lanza este 6 de septiembre, coincidiendo con el Día Mundial del Daltonismo. La propuesta cambia el enfoque habitual de este tipo de herramientas, ya que no pretende ayudar a la persona daltónica a ver los colores como los ve el resto, sino permitir que quienes tienen visión normal puedan acercarse a la percepción de una persona con una deficiencia de visión del color. “Eso es esta app. No para que yo vea como vosotros, sino para que vosotros veáis como yo”, explica Jiménez.
Una cara verde para el niño Jesús
La relación de Javier con el daltonismo comenzó cuando era un niño, aunque entonces ni siquiera sabía que veía los colores de una manera diferente. El descubrimiento llegó en clase de Plástica, en un colegio de monjas, mientras dibujaba una imagen de la Virgen María y el niño Jesús.
“Fue a raíz de ir al colegio que lo descubrí, ya que iba a un colegio de monjas y nos hicieron pintar a la Virgen María y al niño Jesús. Me quedé sin el color que estaba usando y me dijeron que lo pintara con matices naranjas. En cambio, lo pinté todo de verde y lo acabé haciendo marciano”.
Sin embargo, aunque fue a casa “con el drama” por lo que le había pasado, su madre supo enseguida que era daltónico, ya que su hermano también lo era y su abuelo tenía la misma condición. En su caso, el diagnóstico correspondió a una protanopia, una forma de daltonismo en la que no percibe el rojo de la misma manera que una persona con visión normal.
El colegio también le dejó otras experiencias. Algunos compañeros no entendían qué significaba ser daltónico y llegaron incluso a pensar que podía contagiarse. “Había niños que no se querían acercar porque decían que igual se lo pegaba”, recuerda, además de afirmar que, en algunas ocasiones, le aseguraban que era “tan fácil como aprenderse los colores, cuando no es así”.
Con el tiempo aprendió a convivir con esa percepción diferente. A la hora de vestirse, su madre le ayudaba a evitar combinaciones que pudieran resultar extrañas; en los juegos de mesa, los colores podían convertirse en una dificultad añadida, y en el ámbito profesional ha tenido que buscar soluciones para interpretar correctamente gráficos, métricas o códigos de color.
No obstante, nunca ha considerado que su forma de ver fuera algo que tuviera que corregir. “A mí me gusta ser daltónico porque aunque sea un problema visual, al final ves las cosas de otra manera, las tomas de otra manera, y a mí me gusta siempre esa vista única”, admite.
Esa percepción diferente también ha influido, como reconoce, en la manera en la que siente y observa el mundo. Después de enseñar la aplicación a su pareja y a otras personas de su entorno, le han dicho que su forma de ver resulta “muy nostálgica” o “muy melancólica”, hasta el punto de compararla con los colores de la película ‘Crepúsculo’.
La razón está, en buena medida, en cómo percibe el rojo, un color que para él pierde buena parte de la intensidad que tiene para una persona con visión normal. “Me dicen también que pierdo un poco el color de la pasión, el color vivo de la vida”, explica.
Para Jiménez, no es solo una cuestión de colores, sino de cómo esa percepción puede haber terminado formando parte de su propia manera de mirar la realidad. “A lo mejor también me ha hecho vivir la vida de otra manera, o sea, a lo mejor la he romantizado más o la he mirado de otra manera”, reflexiona.
“Yo no vivo esa pasión que puede tener ese color. Para mí el césped parece mucho más seco”, asiente, pese a reconocer que una percepción visual diferente puede acabar modulando la forma de interpretar lo que le rodea.
De querer explicar cómo ve a crear una aplicación
La idea de 'See as Me' no surgió de una necesidad médica, sino de una pregunta que se repetía en su vida cotidiana. Sus familiares y amigos querían saber cómo veía él el mundo. Por eso, ahora, quiere enseñar como él ve.
Como desarrollador de software, decidió comprobar primero si ya existía una herramienta que permitiera hacer exactamente eso. Encontró aplicaciones destinadas a detectar el daltonismo o a ayudar a las personas daltónicas, pero no una que permitiera configurar la propia percepción y compartirla después con otra persona.
“Normalmente yo como desarrollador siempre pienso un poco así, en plan, si se me ocurre algo, primero lo busco. Y si veo que no hay algo que convence con mi criterio, entonces me pongo manos a la obra. En este caso, quería enseñar cómo veo yo, que sea una herramienta fácil de calibrar y compartir. No existía, así que la creé”, subraya.
El funcionamiento parte de tres tipos de deficiencia de visión del color —protan, deután y tritán— y permite ajustar la severidad. El usuario puede apuntar con la cámara del iPhone a cualquier objeto, utilizar una fotografía de su galería o emplear la cámara frontal. La pantalla se divide en dos partes, de tal forma que una muestra la visión normal y la otra, la simulación seleccionada.
La clave está en la calibración. El usuario daltónico mueve el control de severidad hasta que percibe las dos mitades de la imagen de una manera prácticamente equivalente. Ese ajuste se convierte en su perfil. Después puede compartirlo mediante un enlace y la persona que lo recibe no necesita tener instalada la aplicación, sino que puede abrirlo desde el navegador y aplicar ese perfil a la cámara o a una fotografía.
Una aplicación pensada para los demás
Ese cambio de dirección es, de hecho, lo que diferencia See as Me de un simulador convencional. Existen herramientas que permiten comprobar cómo percibiría una persona daltónica una determinada imagen, pero están pensadas desde el punto de vista del observador que quiere conocer la simulación.
Por este motivo, Jiménez quería darle la vuelta. En este caso, la aplicación utiliza el modelo científico ‘Computerized simulation of color appearance for dichromats’ de Brettel, Viénot y Mollon, publicado en 1997, para simular los tres tipos principales de dicromatismo. El procesamiento se realiza en la tarjeta gráfica del iPhone sobre cada fotograma de la cámara, de manera que la simulación puede verse en directo.
La herramienta también incorpora un sistema para compartir el perfil configurado. No requiere cuentas ni almacena las imágenes o los perfiles en un servidor. Para Jiménez, esa posibilidad convierte la aplicación en algo más social que técnico: “Esto es algo sencillo, es más social, yo diría”.
Es más, tal y como afirma, esta aplicación puede ayudar a decidir si dos prendas combinan, así como entender por qué no percibe exactamente el mismo color de pelo que su pareja. “A veces mi pareja se teñía de granate el pelo y realmente yo no lo notaba, ya que para mí el rojo se difumina completamente con el negro”, sostiene.
A pesar de que la aplicación nace de una experiencia personal, este joven zaragozano cree que puede tener aplicaciones mucho más amplias, sobre todo en ámbitos como la educación o el trabajo. “Yo creo que todo el tema de accesibilidad es realmente importante, sobre todo en entornos de aprendizaje y profesionales”, apunta.
En un aula, por ejemplo, conocer cómo percibe los colores un alumno podría ayudar a plantear materiales que no dependan exclusivamente de códigos cromáticos. Es más, tal y como asegura, una ficha podría utilizar simultáneamente colores y formas para facilitar la identificación de los elementos. “Si sabes que un chico no distingue el azul, ponerle un triángulo con el color y así también lo distingue”, explica.
Es una cuestión que, según defiende, puede parecer pequeña pero influir en la experiencia de una persona en el aula. El objetivo sería evitar que un alumno se sienta perdido o quede fuera de una actividad simplemente porque no interpreta los colores de la misma manera que el resto.
También puede ser útil en el ámbito familiar. Jiménez recuerda que, cuando era pequeño, sus padres tuvieron que aprender a acompañarle en cuestiones tan sencillas como elegir ropa o entender qué colores veía. “Creo que para los niños y padres puede ser muy interesante, ¿no? De que digas ‘ay, a ver cómo ve mi hijo’”, agrega.
Incluso la comida puede verse condicionada por esa percepción. Él mismo recuerda una anécdota en la que llegó a confundir chocolate con sangre debido a los colores que percibía. “De hecho, toda la comida suele ser menos apetecible porque no tiene los colores vivos que todo el mundo sí ve”, admite.
“No creo que sea algo limitante”
Aunque el daltonismo afecta aproximadamente a uno de cada doce hombres y a una de cada 200 mujeres, Jiménez considera que sigue siendo una realidad poco conocida. No todas las personas daltónicas perciben el mundo de la misma manera y existen distintos grados de deficiencia. “Cuando no coincides con alguien en el color que estás viendo, por muy pequeña que sea la diferencia, se podría estar hablando de daltonismo. Lo que pasa es que solo lo vas a saber si tu amigo ve todo el mundo verde”, reconoce.
En muchos casos, además, la persona puede no descubrirlo hasta mucho después de la infancia, por ejemplo, durante una revisión relacionada con el permiso de conducir o una revisión visual.
Por todo esto, para él, más que una cuestión de limitación, conocer la propia percepción puede convertirse en una forma de autodescubrimiento. “Yo creo que sobre todo es más autodescubrimiento. No creo que sea algo limitante”, reivindica.
Eso no significa que no pueda generar dificultades en determinadas situaciones. Los códigos de color, determinados juegos o algunos entornos profesionales pueden requerir adaptaciones, pero muchas de esas modificaciones son sencillas y pueden beneficiar a todos. “Al final realmente es fácil el cambio. Lo que pasa es que se da por hecho que todo el mundo ve igual”, subraya.
Ver con los ojos del otro
La primera versión de 'See as Me' llega este 6 de septiembre, Día Mundial del Daltonismo, inicialmente para iPhone y de manera gratuita. Jiménez quiere utilizar esta primera etapa para escuchar a los propios usuarios, conocer sus necesidades y decidir qué mejoras incorporar.
Una de las peticiones que ya ha recibido es incorporar algún tipo de diagnóstico. Él, sin embargo, marca una diferencia porque la aplicación no pretende sustituir una evaluación profesional. “Yo realmente no ofrezco diagnóstico, por lo que siempre será mejor que acudas a un profesional”, apunta.
Después de conocer la respuesta de los usuarios, su intención es seguir desarrollando la herramienta y, si el proyecto funciona, llevarla también a Android.
Sin embargo, por encima de la tecnología está el propósito que ha acompañado a Javier desde aquella clase de Plástica y que se basa en conseguir que los demás comprendan que no todo el mundo percibe los colores de la misma manera.
Para él, el daltonismo tiene además una particularidad, ya que es una diferencia que no siempre se ve desde fuera: “Parece algo invisible porque tú no ves a una persona y sabes lo que le pasa, como sí ocurre con otras limitaciones”.
Por eso, más que enseñar una simulación, quiere utilizar la tecnología para generar empatía. “Yo creo que a través de herramientas como esta puedes entender mejor al otro, conocernos mejor los unos a los otros”, dice.
La intención, en realidad, va más allá del daltonismo. Jiménez cree que la herramienta puede servir para recordar que la percepción nunca es completamente idéntica entre dos personas. “Cada uno ve las cosas de una manera diferente, tanto a nivel del daltonismo como metafóricamente”, afirma. Y esa diferencia, considera, también puede ser una oportunidad para construir entornos más accesibles y aprender a mirar desde la perspectiva de los demás.
Y ahí está, en realidad, la idea que resume 'See as Me', una aplicación que no pretende cambiar la forma en la que una persona daltónica ve el mundo, sino conseguir que durante unos minutos los demás puedan acercarse a él.