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Albert Falco-Gimeno

Doctor en Ciencias Políticas y Sociales. Actualmente, investigador posdoctoral "Juan de la Cierva" en el Departmento de Derecho Constitucional y Ciencia Política en la Universidad de Barcelona. Sus principales líneas de investigación son la negociación entre partidos políticos en gobiernos de coalición y minoría y, a nivel más general, la política comparada, la economía política y el comportamiento electoral.

Web: falcogimeno.com

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La ideología de la generación perdida

En política las etiquetas son importantes. La ideología no sólo ayuda a los votantes a ordenar su escala de valores y prioridades, también les sirve como un “atajo informativo”, es decir, les ayuda a distinguir sin demasiado coste entre aquello que le conviene o no en una realidad política y social cada vez más compleja. En el post precedente, tirando del hilo de la dualidad en el mercado de trabajo, nos centramos en sistematizar diferencias importantes dentro del colectivo de los jóvenes. Como mostramos en un análisis general, dentro de la llamada generación perdida existe una gran diversidad de situaciones profesionales y educativas, luego esperábamos que la crisis les estuviera afectando de manera diferente. Hoy nos queremos centrar en comprobar la distribución ideológica de estos jóvenes de acuerdo con sus perfiles educativo/laboral y, particularmente, compararla con la de los adultos.

Sin ánimo de ser exhaustivos, hay fundamentalmente dos mecanismos distintos que pueden explicar una diferencia en la posición ideológica por razón de edad. El primero es el conocido como efecto ciclo vital. Según este mecanismo, los individuos tienen una determinada posición ideológica cuando son jóvenes pero a medida crecen y tienen más experiencias vitales, ésta se va modificando (recuerden la idea popular pero equivocada de que se es de izquierdas de joven y de derechas de mayor). El segundo es el conocido como efecto cohorte. Según este argumento, la posición ideológica cambia en función de la generación en la que naces porque lo haces inserto en unas instituciones y socialización diferentes. Por ejemplo, la diferencia entre los que nacieron bajo el franquismo y los que lo han hecho en democracia.

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La generación perdida (I)

Hace un tiempo, en este mismo foro, planteamos la importancia de la dualidad en el mercado de trabajo y lo que eso puede tener en términos de eficiencia y de redistribución en el Estado de Bienestar. Nuestro foco se centró principalmente en los denominados outsiders, el grupo de trabajadores que está empleado de manera precaria e inestable, que apenas están cubiertos por las prestaciones sociales y que suelen cobrar menos salario. Tradicionalmente se ha englobado en este grupo a los parados por encima de los cincuenta, las mujeres, los inmigrantes y los jóvenes. Nuestro objetivo a continuación es hacer una radiografía de esos outsiders y, parte por interés personal y parte por urgencia social, hemos decidido centrarnos en el colectivo de los jóvenes.

Hasta ahora, se ha tendido a hablar de los jóvenes como un todo. Así, han cobrado fuerza en los medios aspectos como la gravedad del paro juvenil (más de la mitad de los menores de 25 que buscan trabajo no lo encuentran), la disposición de los jóvenes a marcharse de España ante la falta de oportunidades, o sus actitudes políticas (con especulaciones diversas sobre su perfil como potencial electorado de partidos con discursos anti-establishment), entre otros. En todo caso, se tiende a retratar a los jóvenes como un colectivo relativamente homogéneo en sus posiciones estructurales dentro del mercado de trabajo – más precarios y mejor formados que sus padres – pero en todo caso como perdedores estructurales de esta crisis económica: lo que ha venido denominándose como la generación perdida.

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