eldiario.es

Síguenos:

Boletines

Boletines

Menú

Ana González-Páramo

Abogada de formación. Con una larga trayectoria en asuntos públicos europeos. Ha trabajado como experta y consultora en Viena, Bruselas, Madrid y La Haya y también como observadora electoral en los Balcanes, Moldavia, Madagascar y Burkina Faso. Investigadora asociada de la Fundación porCausa.
  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 23

La reelección de Orbán desafía la gobernanza europea

Salvo sorpresas de última hora, las elecciones parlamentarias en Hungría el 8 de abril van a suponer un espaldarazo para Viktor Orbán y su populismo antinmigración, islamófobo y antieuropeo. Según las encuestas, tiene la victoria asegurada con aproximadamente un 50 por ciento de los votos, probablemente seguido del partido neofascista Jobbik, mientras que el centro y la izquierda debilitados y fragmentados apenas alcanzarán el 30 por ciento de apoyo. El triunfo de Orbán supondrá un nuevo revés para Bruselas y consolida un bloque del rechazo en Europa Central. Mientras alimenta el temor de la población ante una supuesta invasión del Islam –enlazando con el histórico temor al turco, elemento fundacional de la Hungría moderna– desmantela los fundamentos de la separación de poderes, socavando la democracia misma. La retórica y la ideología de Orbán pueden calificarse sin exageraciones de racista, ultranacionalista y xenófoba, consiguiendo manipular a una población que se siente a veces asediada y otras narcotizada por los mensajes populistas. Bruselas debería preocuparse algo más por esta reelección, ya que Orbán y sus aliados euroescépticos de Visegrado, junto a Austria e Italia, le ayudarán a minar la Unión Europea como un caballo de Troya desde el seno de sus propias instituciones. Una suerte de eastxit desde dentro.

Orbán casi siempre se ha salido con la suya. Ha ganado ya tres elecciones (1998, 2010 y 2014) y controla su partido Fidesz (Unión Cívica Húngara) con mano de hierro desde su fundación en 1988. Lejos quedan sus años de militancia anticomunista cuando era un demócrata proccidental, liberal y urbano. Tras su derrota de 1994, comenzó su deriva derechista y nacionalista, enfocada en el electorado más conservador y rural, a menudo nostálgico del comunismo. Desde que volvió al poder en 2010, Viktor Orbán, apodado Viktator por la oposición, domina toda la vida pública y mediática con un perfil claramente autoritario. En abril de 2011, un año después de las elecciones, el Parlamento húngaro aprobó una nueva Constitución que reconocía las raíces cristianas del país e instauraba un orden social protector de la identidad nacional de Hungría frente a un mundo global. Orbán modificó el sistema electoral en su propio beneficio, rediseñando las circunscripciones electorales y se aseguró el apoyo de la importante diáspora magiar otorgándoles pasaporte y derecho a voto. En las elecciones de 2014 recogió los frutos al arrasar con 133 de los 199 escaños.

Seguir leyendo »

El rechazo a los inmigrantes une a las derechas en Italia

Italia acude a las urnas el 4 de marzo en un momento política y socialmente complicado. La crisis migratoria viene a añadirse a la larga lista de problemas estructurales que afectan a la península, desde la frágil situación económica a la inestabilidad institucional. En el mejor de los casos, la cuestión migratoria actúa como un apósito para la eterna fractura norte-sur. Como en tantos países europeos, la inmigración ha protagonizado la campaña electoral. Y como en otros miembros de la Unión Europea —en especial el Grupo de Visegrado, formado por República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia— el populismo y la xenofobia ganan la partida, echando leña a la hoguera del miedo y la inseguridad de un electorado ya de por sí dispuesto a dejarse arrastrar por el fantasma de la intolerancia. En Italia, es un espectro del pasado que viste camisa negra. Quizá la diferencia clave y no menor es que, a diferencia de los países del centro y este de Europa, donde hierve un sentimiento antinmigración sin inmigrantes, en Italia residen 5,9 millones de inmigrantes, el 10 por ciento de su población.

Italia tiene una tradición compleja y secular de emigración en la que el emigrante es un arquetipo nacional. Sin embargo, en el siglo XXI, la política de inmigración está dominada por una lógica de seguridad casi sin matices. El Gobierno cesante del Partido Democrático ha levantado una muralla legal contra la inmigración mediante el Decreto de Minniti de abril de 2017 que distingue a los demandantes de asilo de los inmigrantes irregulares, prohíbe la apelación a los demandantes rechazados, aumenta los centros de detención e introduce el trabajo voluntario para los solicitantes. En 2017, el número de llegadas a Italia se redujo un 35 por ciento respecto a 2016, en gran parte por la política de externalización de fronteras con Libia (y recientemente con Sudán), fuertemente contestada por defensores de los derechos humanos. El informe 2016/2017 de Amnistía Internacional sobre Italia denuncia el uso de la fuerza, detenciones arbitrarias, expulsiones colectivas y falta de formación adecuada de las autoridades italianas en la aplicación del “enfoque de puntos críticos/hotspots” de la UE que busca la identificación y separación entre refugiados y migrantes irregulares.

Seguir leyendo »

El lado oscuro de la acogedora Alemania

Alemania se enfrenta este domingo a unas elecciones quizás más decisivas para el futuro de Europa que para la propia Alemania. El rumbo que tome la primera potencia del continente será determinante para abordar los grandes desafíos a los que se enfrenta la Unión Europea, desde la salida de la Gran Crisis económica, hasta el Brexit, o la inestabilidad en las fronteras exteriores al Este o en el Mediterráneo. A nivel interno, las encuestas apuntan a la continuidad. Angela Merkel aspira a un cuarto mandato que la podría convertir en la canciller alemana que más tiempo ha permanecido en el poder desde 1945, superando a Helmut Kohl, su gran referente político. Sin embargo, bajo esa aparente continuidad, algo se mueve en la empedernida estructura política alemana. Se han abierto fallas en la tectónica de un sistema que empieza a fragmentarse. Hasta seis partidos podrían conseguir representación en el Bundestag, el mayor número desde la Segunda Guerra Mundial. Y por primera vez desde el nazismo, un partido de extrema derecha podría entrar en el parlamento federal.

Según las encuestas, Alternative für Deutschland (AfD) podría conseguir cerca de un 12 por ciento de los votos y hasta 50 escaños. Se trata de un partido abiertamente xenófobo, contrario a la inmigración y al islam, con un encuadre para estas elecciones basado en reforzar el concepto de “identidad alemana” frente a la “amenaza” del islam, el cierre de fronteras y la expulsión de todo demandante de asilo cuya petición sea rechazada. A pesar de haberse desmarcado del movimiento Pegida, el papel de esta organización islamófoba en el ideario del AfD y la coincidencia en la masa social que les apoya, no se puede obviar. Las férreas leyes alemanas para luchar contra el antisemitismo, que no tienen reflejo en otros casos de xenofobia e islamofobia, han sido la ventana de oportunidad de la intolerancia. 

Seguir leyendo »