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Carmen Castro García

Economista feminista y activista por otro modelo de sociedad. Investigadora de la Cátedra d’Economia Feminista de la Universitat de València. 

Autora de Políticas para la Igualdad. Permisos por nacimiento y transformación de roles de género.

Promotora de las iniciativas en red SinGENEROdeDUDAS y LoPERSONALesPOLITICO.

La agenda de la economía feminista

Más de 300 personas participaron en el VI Congreso Estatal de Economía Feminista en Valencia los pasados 5, 6 y 7 de septiembre, reafirmando la necesidad de que la economía feminista se articule como eje de las transiciones económicas a impulsar para el cambio de modelo de sociedad. A partir de la declaración final del congreso, toma un nuevo impulso la articulación feminista de una agenda política y económica que sume consensos en torno a las prioridades, su alcance transformacional y el cambio de enfoque para hacerlo posible.

La economía feminista invita a repensarlo todo desde una crítica profunda a la economía ortodoxa convencional, responsable del fundamentalismo de mercado que nos atraviesa. Dicha revisión crítica se refiere tanto a los marcos teóricos y legislativos en los que se sustenta el estado de ciudadanía de mercado como a las políticas neoliberales cuya beligerancia y ausencia de empatía social pone en riesgo la propia sostenibilidad de la vida.

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Los hogares, ¡ay!

Aprender de los errores debería ser uno de los aprendizajes más efectivos, algo así como un tattoo de por vida, sin embargo, hay quien ni con esas.

Son muchas las voces que alertan de la necesidad de repensar las políticas económicas más allá del Producto Interior Bruto y dejar de usar el PIB como indicador de la riqueza y bienestar de una sociedad; además de estar obsesivamente vinculado al objetivo del crecimiento económico monetizado lleva implícito importantes sesgos de género, sociales y ecológicos en su elaboración y ello pone en cuestión su interpretación descriptiva. Sin embargo, nada de ello parece haber ser tomado en consideración por quienes están en posición de (des)gobierno, porque ahí siguen, erre que erre, a vueltas con el indicador de marras.

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Política de Estado, la gran ausente, ante la emergencia feminista y emergencia climática

'Lío, lío, quién ha sido'. De los juegos de mi infancia recuerdo algunos especialmente, como ese en el que alguien la pifiaba y, en medio de una acción de escaqueo y disimulo generalizado tocaba averiguar quién había sido la persona responsable. Desde el 28-A, me ronda la cabeza de manera insistente a medida que ha ido avanzando el pulso por el relato de los políticos que ocupan el espacio que debería llenarse de política de Estado, la gran ausente.

Julio fue la escenificación de la frustración por la no-investidura ante el no-acuerdo de PSOE y Unidas Podemos; todo parece indicar que nada se ha movido desde entonces, me refiero a la posición del supuesto líder llamado a conseguir formar gobierno. Ya expliqué en este otro artículo que no soy equidistante y que concibo que el actual presidente en funciones es quien tiene la responsabilidad de hacerlo posible, algo que no será propiciado ni por el berrinche, postureo ni mucho menos por una varita mágica imaginaria. Tocaba negociar todo lo posible, desde el entendimiento y el respeto por el interés general de la ciudadanía; y, salvo negociaciones de trastienda, lo que ha trascendido del relato invita a pensar ya en próximos comicios electorales el 10N. Qué falta de empatía tan grande ante el clamor de los millones de personas que han votado a dichas opciones políticas (7,4 al PSOE y 3,7 a UP). Qué falta de responsabilidad política y de perspectiva ante las situaciones de emergencia que nos atraviesan y que han sido activadas por la propia ciudadanía decepcionada por la dejación política. Durante esta próxima semana están convocadas movilizaciones por la emergencia feminista y la emergencia climática; la respuesta institucional y la política de Estado siguen en 'stand by'.

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La urgencia de humanizar la política

107 personas permanecen hacinadas en el Open Arms, tras 18 días de bloqueo en alta mar, están a 800 metros de Lampedusa esperando una respuesta humanitaria viable que autorice su entrada a puerto. En situación parecida se encuentra también el Ocean Viking, esperando un puerto donde poder desembarcar a las 356 personas inmigrantes que lleva a bordo tras haber sido rescatadas de las costas libias y llevar ya 10 días en alta mar.

Si quienes pretenden ser reconocidos como líderes políticos supieran estar a la altura de lo que requiere el momento actual, aún habría sido posible alimentar un nivel mínimo de optimismo. Algo cada vez más difícil de creer tras haber constatado la absoluta falta de humanidad y de empatía social que han mostrado en esta última semana. Es tal la injusticia y la deshumanización que duele profundamente la distancia emocional del poder político. Ofende la indiferencia y desdén del gobierno de Italia, el silencio de Malta e incluso la respuesta del presidente-en-funciones español; una respuesta que llega tarde, que resulta ser inviable y que ocurre tras el inexplicable silencio e inacción de los últimos 12 días, cuando los ayuntamientos de València y Barcelona se ofrecieron como puerto seguro para las personas refugiadas en el Open Arms. Hace 12 días habría sido posible dirigir el barco a uno de estos puertos seguros del mediterráneo, sin embargo, la situación actual requiere de la inmediatez del desembarco en Lampedusa, o del traslado-rescate a otra embarcación o avión, como sugieren desde el propio barco.

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Empatía social para un gobierno progresista

En cierto sentido se agradece el ritmo pausado de agosto, tras el top ten de los relatos políticos del último mes. Es deseable que propicie un contexto más favorable para desmontar la performatividad política de los pulsos de poder con los que nos han deleitado, o cómo llamarían a esa descarada representación sobreactuada para esconder la distancia entre el discurso realizado y las acciones emprendidas para conseguirlo. Había mimbres suficientes para recoger el anhelo de la mayoría social que reclama un acuerdo de gobierno progresista con el cometido de imprimir un giro hacia la justicia redistributiva y, sin embargo, no ha sido posible. Ahora bien, cómo íbamos a esperar otro resultado diferente ante la ausencia de una dosis equilibrada de honestidad y empatía social, porque habría sido imprescindible para un programa inclusivo de todas las necesidades humanes y transformador de las situaciones de desigualdades existentes en condiciones de dignidad básicas.

No se inquieten, no pretendo volver a los factores explicativos de cómo la asimetría implícita en las partes del relato abocó a la no investidura que ya conocemos ni siquiera a por qué no hay que asignar la misma responsabilidad por la frustración del resultado conseguido. Hay ya mucho escrito y yo misma me he pronunciado ya al respecto. Lo que me interesa es insistir en la necesidad de empatía social para salir de esta situación de bloqueo institucional que repercute en todos los niveles de la administración pública y, por extensión, en grupos poblacionales que deberían estar siendo objeto de atención preferente de las políticas sociales. Voy a destacar solo cuatro hechos que, en mi opinión, señalan la urgencia de conformar ya un nuevo gobierno progresista.

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Cuenta atrás para la investidura (o no) del nuevo gobierno de España

No me gustan los vetos. Reconozco que nunca me han gustado y que solo con que alguno asome la patita, se me activan todas las alertas; es más, me dan algo de yuyu. Ocurre que me traen recuerdos de otra época que huele a naftalina, a no-do, a aquel 'porque lo digo yo y basta', 'aquí se hace lo que digo yo' o aún peor, al 'eres mía y solo mía'. Nada que aliente a pensar en principios democráticos, convivencia plural, ámbitos de libertad, ni mucho menos en practicar la empatía social. Si solo fueran recuerdos aún tendría un pase, pero no, ocurre que hay demasiadas realidades atravesadas por las imposiciones, intereses particulares y violencias simbólicas.

De esto sabemos bastante las mujeres, las de este país y las de cualquier territorio del sur y norte global que sufrimos día sí y día también los efectos de la violencia estructural y del ensañamiento de este sistema y de sus depredadores para con nosotras. Bueno, decir todas las mujeres es una imprecisión generalista, es cierto, porque a algunas la empatía les cabe en el dedo meñique del pie. Así que, me auto-corrijo; del daño que hacen los vetos y restricciones sabemos gran parte de las mujeres y quienes de alguna manera transgredimos el statu quo.

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Economía feminista, sin eufemismos, para articular transiciones justas

La urgencia de las transiciones ecosociales se anuncia con cada evidencia científica de los grandes cambios que ya están en marcha: el ecológico, con el colapso del planeta en ciernes; el demográfico, con el proceso acelerado de envejecimiento; y el tecnológico, con el proceso de robotización y la digitalización de la economía. Todos ellos van mostrando ya realidades distorsionadas que auguran un futuro escasamente deseable para gran parte de la población. No es casual que las primeras emergencias conduzcan al abordaje de los cuidados como una necesidad social y a la redistribución de tiempos, trabajos y rentas desde criterios de justicia de género, social y medioambiental. 

El discurso sobre la necesidad de articular la agenda en torno a la sostenibilidad de la vida (tanto de los ecosistemas como de las personas) ha ido sumando voces, a veces incluso a riesgo de su banalización; por ello, creo que es importante poder llegar a atisbar el bosque en su conjunto, desmontando para ello los relatos en los que no es posible identificar de qué vida hablamos, a quién afecta, en qué condiciones y a cambio de qué. En la era de los eufemismos, las trampas neoliberales avanzan cada vez con mayores dosis de misoginia institucionalizada y edulcorada por la parafernalia de los mercados. Sin embargo, no son tiempos para medias tintas. Jugar actualmente a la ambigüedad conceptual, si bien puede ser una táctica para conseguir un determinado rédito electoral, es muy discutible que dicha práctica pueda identificarse como un ejercicio honesto de compromiso real con la transformación social. Esto viene a cuento también por el hecho de cómo a veces se elude nombrar a la economía feminista aún a costa de perder lo que se quería comunicar y de que sea su propia particularidad crítica, la feminista, la que da sentido y coherencia a las transiciones económicas que propone.  

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Cuatro años para repensar, resistir y actuar

De las posibles lecturas que arroja el saldo electoral del 26M, me voy a detener en algunas de las cuestiones que marcarán cambios de rumbo.

Uno de los ecos que resuena con contundencia tras las constitución de las corporaciones locales en esta nueva legislatura es la perspectiva de tener por delante cuatro años para repensar, empezando por las reglas de cálculo y la aritmética más básica. Parece mentira que la estrategia del 'divide y vencerás' se haya colado poniendo fin al paréntesis abierto en algunas ciudades. Me pregunto de qué nos sirve tanta cabeza pensante, capacidad intelectual y analítica si a la hora de la verdad son los egos y, en gran medida, los pulsos de testosterona los que marcan las direcciones políticas abocando el pretendido desborde del progreso social hacia las profundidades del abismo. Esto no es una provocación para regodearnos en las expectativas frustradas, ni mucho menos intentar hacer leña del árbol caído; se trata de compartir el convencimiento de que se impone una profunda revisión de los criterios, procesos y pautas de comportamiento con los que se ha pretendido alcanzar incidencia política. Sería deseable que dicha revisión abandone la épica y cualquier atisbo de gesta heroica que quede por ahí, dejándose contagiar de la articulación de sinergias creadas desde la inteligencia colectiva.

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Tiempo de feminismo, de pactos y confluencias

La pasada cita electoral trasladará al Congreso la mayor representación de mujeres conseguida (47,4%) y también la constatación de que aún existe una amplia mayoría social y progresista dispuesta a frenar a la ultraderecha y a articular márgenes de confluencia para acabar con la precariedad, la desigualdad y la injusticia social. Falta por demostrar si la mayoría parlamentaria propiciará el momento decisivo para emprender políticas transformadoras que nos alejen de los rancios encorsetamientos de género y de la división sexual del trabajo.

El horizonte está por despejar y no es previsible que se resuelva la incertidumbre antes de la próxima cita electoral -26M- sobre cuáles serán las piezas que jueguen un papel protagonista en la conformación del Ejecutivo. Hay teorías explicativas sobre esta demora, desde las que aluden al tacticismo, a la incompetencia para analizar los resultados, al negacionismo ante la evidencia de los mismos o a intereses implícitos y de connivencia con las oligarquías económicas.

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Incertidumbres y certezas ante el 28A

Apenas falta una semana para esta cita electoral que avanza en un contexto marcado por las mentiras, manipulaciones, toxicidades propagandísticas anti-feministas y ultraconservadoras, contribuyendo a acrecentar las incertidumbres y certezas ante el 28A. 

Dos evidencias entre las certezas a mencionar. Por una parte, la preeminencia masculina de los liderazgos de esta contienda y de sus ideólogos económicos, algo que refuerza el imaginario simbólico de un monopolio de poder masculino que se resiste a dar entrada al  tiempo de mujeres y de feminismo que se va abriendo paso, más lentamente de lo que le correspondería, de la mano de algunas mujeres brillantes en proyectos políticos progresistas. Por otra parte, la constatación de que la era de los gobiernos multipartidistas va camino de instalarse en nuestras vidas cotidianas mientras hacemos inmersión en la que será la semana decisiva para conocer las dosis de colores y el mapa de probabilidades para conformar la macedonia gubernamental. 

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