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Emilia Arias

Periodista, feminista, Master en Igualdad y especialista en información internacional y países del Sur. Ha desarrollado su carrera en medios como La Sexta y en organizaciones como Amnistía Internacional y Ayuda en Acción. Actualmente es reportera en TVE, escribe en Pikara Magazine y otros medios digitales y colabora con organizaciones como Paz con Dignidad o Mugarik Gabe.

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Mujer tenía que ser… la que salvara el mundo

Cada año desaparecen 8,8 millones de hectáreas de bosque, una superficie superior a toda Andalucía, según la FAO. Son estimaciones amables, optimistas desde el punto de vista de una proporción de la comunidad científica. Los bosques primarios están siendo destruidos o degradados por la actividad humana, destrozando el hogar de pueblos indígenas y de especies animales y vegetales.

Según datos de Greenpeace, un 90% de las poblaciones de peces que se han evaluado en el Mediterráneo están sobreexplotadas. España sólo protege un 8% de sus aguas, sin implementación de políticas de gestión pesquera o costera, la degradación de nuestros mares es imparable. El uso medio de una bolsa de plástico es de 15 minutos, pero tarda cientos de años en degradarse. Estos son sólo algunos ejemplos, pero la lista es interminable. Sube la temperatura del mar, se acidifica, se llena de plástico, los bosques se mueren, los polos se derriten y la naturaleza nos devuelve el golpe: los fenómenos naturales cada vez son más virulentos. Las gotas frías, los huracanes, las sequías, los mega incendios. Las personas que habitan los países más empobrecidos y explotados son las primeras en sufrir las graves consecuencias socioeconómicas del impacto medioambiental que acarrea el desarrollo de los países desarrollados, cuyas economías despilfarran el 80% de los recursos empleados anualmente, a pesar de que en ellos vive sólo la quinta parte de la población mundial.

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Carta abierta a Rocío Monasterio

Estimada Rocío,

Le escribo como madre de una niña de 3 años. Hace unos días hacía usted estas declaraciones sobre la fiesta del Orgullo LGTBI en Madrid. Hablaba sobre un "espectáculo denigrante" y "falta de civismo", además de señalar lo terrible que era para las familias con niños y niñas ver a gente que se quiere y está de fiesta o reivindicando sus derechos.

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¿A quién van a votar las feministas? A una mujer no va a ser, no

Tras el atentado terrorista de un supremacista blanco que atacó mezquitas en Nueva Zelanda, la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern se puso un hiyab (no es musulmana) y habló con la voz quebrada sobre lo que representa su pueblo: "la diversidad, la bondad y la compasión", "hogar para aquellos que comparten" esos valores y "refugio para quienes los necesitan". Cuando Trump le preguntó que qué podía hacer por Nueva Zelanda, Jacinda Arden le espetó: mostrar "simpatía y amor por todas las comunidades musulmanas".

Ella, como feminista que se reconoce en la lucha por los derechos de las mujeres, está lejos de la agresividad, los ataques, la falta de diálogo y la grandilocuencia de palabras gruesas y fondo vacío de aquellos a los que en esta campaña se les rompe España, les liquidan la patria y hablan de rendición, vencer, conquistar y otras bravuconadas de púber machito de hormonas revolucionadas.

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La tierra es plana y la violencia machista no existe

La resaca emocional del 8M, como todas las resacas, trae dolor de cabeza. Después de celebrar el impresionante poder de convocatoria del movimiento feminista, de gritar en las calles junto a millones de mujeres diversas, plurales  y unidas, llega el momento de pararse a escuchar el ruido. Después de la celebración de la fuerza de este movimiento autónomo de liberación toca preguntarle a mucha gente de los medios de comunicación de qué lado está más allá de los faldones morados y llamar a mujeres para sus programas ese día.

¿Qué pinta Vox en los debates sobre feminismo? ¿Qué razón lleva a radios, prensa escrita, televisiones y portales web a darles espacio para opinar sobre un movimiento que les sobra desde su cavernario planeta paralelo? Igual tenemos ideas distintas sobre la utilidad social del periodismo y el papel de los medios.

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Nos quemaban en las hogueras, nos quieren quemar en las redes

Cerca de 400.000 personas votaron el pasado fin de semana en Andalucía a un partido de ultraderecha que basa su ideario en negar la existencia de la violencia machista, llorar porque el “yihadismo de género” les oprime, atacar a las personas migrantes, cargarse los derechos conquistados por mujeres y personas LGTBI, y “reconquistar” España (caras de estupor cuando llega este punto tan Juego de Tronos). Así, resumidito.

La reacción en redes fue rápida. Volvieron los insultos, las amenazas, las intimidaciones y los memes amenazantes en las redes sociales a toda feminista que abriera la boca. Porque sí, porque esto también es culpa nuestra. Cuando no son los propios ultraderechistas los que nos llaman “zorras del desierto”, “feminazis de mierda” y estas cosas que tanto les gustan, lo hace la caverna que anida en el submundo de cualquier otro partido o no partido. El machismo militante y la misoginia más fuerte han reaccionado al galope firme de las mujeres en la conquista (por seguir con el rollo Cid Campeador) de sus derechos. Decían en el Quijote que si ladran es que cabalgamos. Y sí, cabalgamos y, por el camino, sufrimos ataques despiadados y amenazas absolutamente escalofriantes.

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Una superviviente

Julia tiene 35 años. Todo pasó hace un mes y pico en el sofá de su casa, aunque, en realidad, todo empezó más de una década atrás. Estaba viendo una serie de televisión en absoluta paz. Llevaba días un poco revuelta por la sentencia de la agresión grupal a una chica de 18 años en Pamplona durante los Sanfermines. Cada vez que alguien dejaba asomar alguna duda sobre la reacción de sumisión de la chica, algo se disparaba dentro de ella: “Empatía pura y dura”, pensó.

Volvamos al sofá. Julia y su marido comen palomitas en el sofá mientras ven un capítulo. Una escena muestra de forma explícita y clara una violación. La actriz deja que sus lágrimas resbalen por su mejilla, está borracha. El tipo empuja con violencia su cuerpo hacia él mientras ella se convierte en un ratoncito inerte, en un trozo de carne roto, lloroso y asustado.

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El nuevo mundo será feminista

Un error de cálculo y una excesiva antelación a la hora de reservar mis vacaciones hicieron que no viviera en casa, en las calles de Bilbao, este histórico 8 de marzo. Me llegaban mensajes que erizaban la piel incluso en medio de una gran nevada danesa: “Esto es histórico”, decía una amiga. “Cada día somos más”, escribía otra esperanzada. “Hay muchas chicas jóvenes y se llaman a sí mismas feministas, así, sin apellidos ni complejos” o “He llorado. No tengo palabras”, decían. Era una emoción generalizada, magnífica e intensa. Mientras, una de mis mejores amigas pensaba en su abuela mientras caminaba la manifestación: era madre soltera y se tuvo que ir del pueblo. Otra le explicaba a su niña de cinco años lo que significaba la palabra patriarcado.

Me llegaban fotos y vídeos de un Bilbao que cambió el gris por el morado; paralizado en un grito silencioso que invocaba igualdad y justicia. Mujeres de todas las edades, de todas las procedencias, de todos los rincones, unidas en ciudades y pueblos, aquí y allá, exigiendo un mundo nuevo. Sí, un mundo nuevo. Porque la huelga de mujeres del 8 de marzo hablaba de muchas más cosas: este sistema nos lleva de cabeza al abismo y es la voz de las mujeres la que se ha alzado contra un capitalismo que aliado con el patriarcado se está comiendo un planeta con recursos finitos. Puede que no fuera el grito unánime, pero es el grito necesario. El camino del crecimiento nos lleva al barranco. Las mujeres, que en América Latina, África y Asia fundamentalmente, trabajan la tierra con sus manos para alimentar la vida, defienden con esas mismas manos un planeta que se nos escapa entre los dedos.

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Ministra, estamos esperando

Quiero recordar a los niños y niñas que este año no van a volver al colegio tras las fiestas navideñas ni van a soplar más velas, a los que hemos fallado como sociedad. Los niños y las niñas que en 2017 fueron asesinados por sus padres o las parejas de sus madres. Borrados del mundo por hombres machistas que querían causar el mayor de los dolores a esas mujeres, matarlas en vida y condenarlas a una tristeza extrema: la tortura de sobrevivir a sus hijos.

El año que dejamos atrás, 8 niños y niñas fueron asesinados por los hombres que torturaban a sus madres, la cifra más elevada desde que en 2013 comenzaron a contabilizarse también estos casos como crímenes de violencia de género. En estos cuatro años de estadísticas (cifras que esconden historias), han sido 23 los menores de edad asesinados. Ellos, víctimas de la violencia machista, ya no están. Otros y otras tendrán que ir hoy, puede que esta tarde, algunos temblando, a ese punto de encuentro, donde el padre se los llevará unos días, los que le corresponden porque así lo ha dicho la justicia. ¿Qué justicia es esa?

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Todas las veces que pudimos ser "ella"

Imagino el asco y se me pone mal cuerpo. El olor y las risas de esos animales mientras “jugaban” a pasarse una muñeca rota. Imagino también la amargura y la “suciedad” en la piel los días que vienen después. Esas ganas de arrancártela a tiras, como si ya no fuera tuya.

Puedo sentir la cantidad de veces que se habrá culpado por andar sola, por estar en aquel lugar de noche, por besar a uno de ellos, por haber bebido, por haber charlado y haberse mostrado simpática, puede que “accesible”. Si ella no lo ha hecho, ya están muchas voces que le “recuerdan” lo que no debe hacer “una mujer de bien”. La rabia se vuelve ira: quiero ser libre, quiero que todas seamos libres.

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Prensa sin contactos y políticas vacías

El alcalde de Bilbao, Juan María Aburto, se comprometió hace unos días a pedir personalmente a los medios de comunicación que retirasen los anuncios de prostitución en prensa. La propuesta ha gustado a la mayoría de los partidos políticos municipales. La edil de EH Bildu, Izaskun Guarrotxena, ha sido la única nota discordante: a su grupo no le parece suficiente hablar solo de anuncios para hacer frente al problema y ha pedido que se escuche a las mujeres. Por su parte, Carmen Muñoz, de Udalberri, dijo también que poco se soluciona así porque, ahora, "el negocio está en internet".

Esto nos confirma una trabajadora sexual que hace mucho dejó de usar los medios escritos para promocionar sus servicios y que asegura que tanto ella como otras compañeras recurren a la publicidad en internet desde hace al menos diez años.

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