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Imma Aguilar Nàcher

Comunicación política y electoral. En @AxSolidaridad y @mas_demo. Me encargo de @breviarioclub. Posperiodista. Transpolítica. Conovelista. Extelevisiva.

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Telegram y la política

Últimamente las plataformas digitales sociales están siendo noticia en el ámbito de la política. Whatsapp lo fue por ser la que más y mejor viraliza en comunidades de confianza los mensajes de la propaganda, blanca, negra o sucia. Facebook, por su apertura de datos al alcance de cualquier tipo de campaña, ya sea de desprestigio o de amplificación de bulos gracias a la posibilidad de segmentación que ofrece en manos propuestas política o contrapropuestas. Esta semana ha sido Telegram, una aplicación de mensajería instantánea que, a diferencia de Whatsapp, acoge la posibilidad de tener miles de miembros en un solo grupo o los canales, vías de distribución de mensajes masivos a los que se puede unir cualquiera. Y ha sido noticia por la filtración que se ha producido del documento que supuestamente colgó Carolina Bescansa en uno de los canales de Telegram, con casi 2.000 suscriptores de Podemos, cuyos integrantes y simpatizantes suelen escoger esta plataforma de comunicación, seguramente por la aparente seguridad que plantea de cara a la comunicación no exactamente pública. 

Nadie escapa a la utilidad de los chats que todos usamos como forma de comunicación multilateral autogestionada. También la política. Son herramientas muy valiosas tanto para el debate y la comunicación directa privada, como para la viralización de contenidos, ya que cada uno de nosotros se convierte en un auténtico nodo de distribución de mensajes. Dicho de otro modo, se ha convertido en una plataforma imprescindible para la toma de decisiones colegiadas y para la movilización, el activismo y la propaganda. Mientras escribimos este texto, me llega por Whatsapp un vídeo que pide la absolución de tres agentes de salvamento marítimo acusados de tráfico de personas por intentar salvar la vida de personas que llegaban en barco huyendo de sus países. Si este contenido tan emocional me llega de parte de alguien que conozco y aprecio, no dudo y difundo. 

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La comunicación de crisis en política

La política en España vive en permanente crisis. La mentira, la corrupción, los debates inservibles y lo electoral como único objetivo es el paisaje que los ciudadanos contemplan cada día. Y no me refiero a la falta de ética, de valores y de eficacia que tiene, que es lo verdaderamente grave. Sino a la imagen que eso construye. La que llega y se instala. En el escaparate solo hay un producto que comprar: la desconfianza. No existe la comunicación de crisis en política porque vive en permanente crisis. Cualquier comunicación en ese marco es crítica. 

El caso de Cristina Cifuentes es una doble crisis: la de la acción y la de la comunicación. El problema nunca es de lo que se dice, sino de lo que se hace. No nos quedemos en el storytelling, sino fijémonos en el storydoing. Se suele achacar a una mala comunicación las explicaciones no convincentes que nos dan los políticos. Pero lo importante no es si se sabe explicar una mentira, o evadirla. Lo relevante es el hecho, la acción, la mentira y la responsabilidad. 

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Necesitamos un Mundial

Nada es lo mismo si atendemos al estado de ánimo colectivo en un momento concreto de una sociedad. Lo personal es político y lo que les pasa a los políticos y a los ciudadanos en el ámbito personal, las percepciones y los sentimientos mueven nuestras decisiones, seguramente mucho más que nuestros argumentos y nuestras razones.

Uno se levanta por la mañana y lo primero que percibe es su estado de ánimo frente a lo que le espera ese día. A España le pasa lo mismo. Se levanta y se encuentra con mentiras no rebatidas, linchamientos públicos, instituciones que no funcionan, un futuro incierto en lo económico, jóvenes sin perspectivas, pensiones no garantizadas, partidos políticos en decadencia, debates inocuos, dobles legitimidades, presidentes que mienten o que huyen, una televisión que todo lo frivoliza, medios de comunicación al rebufo de las oleadas tuiteras de saña y avidez de sangre. Cualquier buena noticia es percibida inútil ante tanta negatividad. Ante ello, cunde el desánimo, la indignación y la duda. En ese caldo, en ese ánimo colectivo, no es fácil que afloren buenas intenciones. La gente tiene motivos para reaccionar con desdén o desapego, o enfado, o saña.

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La mentira, el linchamiento público y las dimisiones

Da la sensación de que nos movemos por pasillos alargados llenos de cortinas de humo que no llevan a ningún lugar. El humo va confundiendo y manipulando a los que perciben las acciones de unos u otros. Todo es humo, todo es percepción. La comunicación pública trabaja sobre percepciones y no sobre realidades. Llega un momento en que lo importante ya no es tanto si Cifuentes ha mentido, sino cómo maneja las formas, los términos de su defensa, sus ataques, las cortinas de humo perfectas, evasoras, temas que desvían la atención, que nos hacen hablar de aspectos colaterales que carecen de gravedad.

En política importan las formas que son fondo, sí. Pero siempre que no nos desvíen del fondo. Y en este asunto de la formación académica de Cifuentes, lo importante es la verdad. La mentira en política es el principal pecado, y la dimisión es la pena política más dolorosa y humillante.

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Ciberopinión: desinformación y manipulación en la red

No somos idiotas. Así es como nos sentimos los usuarios de Facebook cuando aparecemos como víctimas de terribles manipulaciones por parte de las campañas políticas como la de Donald Trump o el Brexit. Porque, curiosamente, son las dos campañas que se han visto involucradas en el escándalo de Cambridge Analytics y Facebook. Dos campañas que acabaron con un resultado inesperado y no deseado en el marco establecido por lo institucional. 

Cada día nos llegan anuncios comerciales segmentados a nuestros intereses para intentar crear, impulsar o modificar nuestra intención de compra. No sé por qué es peor que nos lleguen anuncios electorales o políticos para intentar moldear o cambiar nuestra intención de voto. Si nos parece mal lo segundo debería parecernos igual de palmariamente mal lo primero. La publicidad política, también conocida como propaganda, pretende lo mismo que la publicidad comercial: moldear nuestras opiniones para el voto o para la compra. 

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¿Montamos un partido político?

He escuchado esta frase varias veces en las últimas semanas y la respuesta que ha seguido a continuación en todos los casos es: "¿Otro?"

No dejo de darle vueltas a esta idea por muchos motivos, entre ellos porque las personas que formulan esta inquietud son normalmente huérfanos políticos, es decir, votantes que no tienen a quién votar, y por que esas mismas personas no creen en lo partidos políticos. La mayoría de electores no afiliados no creen en las instituciones formales de la política. Lo dicen las encuestas: un gran número de españoles consideran la política como un problema, o al menos, que los políticos no son la solución. La situación de detención del tiempo político y los trajines partidistas y reglamentarios con los que están jugando en Catalunya desde las últimas elecciones han contribuido más si cabe a esta sensación de “desafección” entre los ciudadanos y la política institucional.

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8M18. Women Revolution

Nos recordó tanto al 15M. Era la segunda vez que se vivía en Madrid un desborde en una movilización. Como en 2011, mareas de personas de todas las edades juntas en la calle, coreando un “nunca más” y un “a partir de ahora”. Además se leía, como entonces, la euforia de lo colectivo después del fuego de la indignación. Me permito añadir que esta revolución fue mayor, más transversal, más de todo; la primera manifestación global y ha sido llevada a cabo por las mujeres.

Para que una movilización se desborde como fue el caso de la masiva manifestación feminista del 8M18 debe cumplir dos requisitos, que apele al mayor número de gente y que genere una ilusión colectiva de cambio. “Paramos para cambiarlo todo”, así rezaba una de las pancartas de cabecera. Curioso oxímoron este de parar para cambiar, porque se trataba de un auténtico movimiento, de algo tan dinámico y creativo como pocas veces se ha visto.

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La política es de todos y es banal

Cuando pensamos o hablamos sobre la política, tendemos a enmarcar en frentes distintos a los políticos y a los ciudadanos. No es un símil exacto, pero es como si adjudicásemos una especial distinción entre los conductores y los peatones. Cualquiera puede ser peatón y conductor indistintamente sin que eso arrebate a uno o a otro papel su principio protagonista. La pregunta es sobre la relevancia o no de hacer la distinción. Con la banalización y con la extrema profusión de la información política, la conversación en torno a partidos, políticos y elecciones se ha impregnado de opinión muy poco documentada, hasta el punto de que todo hijo de vecino se ve capacitado para esbozar una teoría política de cualquier situación. Contra los puristas y los politólogos esa es la verdadera política. La política es de todos. O todo es política. La política no es lo que ejercen los políticos, es el ser social político que nos concierne a todos. Una protesta, una acción pública reivindicativa, un tuit, puede ser una acción política. 

He asistido a la reunión de la Asociación de Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira, ACONVE. Aunque parezca extraño no se refiere a la política, sino que tratan la mentira en el delito o la selección de personal. Esta vez, me invitaron para hablar de este tema en el ámbito de la política. Creo que cualquier reflejo de la autenticidad personal en las formas es el principal atributo con el que ahora estamos trabajando los asesores en imagen política. Ese fue mi tesis. Les amplío. No es la importancia del gesto en sí, sino que ese gesto, o ese comportamiento, responda de manera congruentemente con lo que el político piense, o sienta, o crea, o diga. Eso es lo que entiendo por autenticidad. Cualquier entrenamiento sobre la comunicación no verbal de un candidato debería, pues, pasar por un cambio de actitud o una finalidad ética tanto de sus actos como de sus palabras. Pero no, en ningún caso, de una impostación o construcción falsa de su imagen. El engaño ni se compra, ni es posible, ni se contempla. 

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Mamá, yo voy a hacer la huelga de las mujeres

La afirmación del título refleja el diálogo entre una madre nacida en los 60 y una hija de la generación zeta, en España, año 2018. Y me pregunto: ¿Qué hace que una niña de 15 años quiera hacer la huelga de mujeres del día 8 de marzo?

Puede significar que no percibe la dosis razonable de igualdad entre hombres y mujeres y cómo iba a hacerlo si pone la televisión y las mujeres que aparecen en la pantalla de los informativos son todas jóvenes y guapas, con cuerpos de modelo y melenas a la moda; mientras que los presentadores no son ni especialmente guapos, ni jóvenes, ni siquiera demasiado buenos en pantalla.

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La gestión de las expectativas, los tiempos y los rivales. Estrategia para Ciudadanos

Para un partido como Ciudadanos lo más fácil es equivocarse. Llevan tan poco tiempo siendo un partido estatal, tan poco tiempo construyendo los pilares de su razón de existir, tan poco tiempo para que su equipo acumule experiencia. Albert Rivera necesita más torres, más alfiles, más caballos. Para poder ganar elecciones se necesita proyecto, equipo y aliados, un enemigo fuerte y una emoción positiva a favor. Al proyecto de Ciudadanos le falta enjundia, le falta el sello distintivo que lo diferencie del PP. O al menos es así como se le percibe, y eso es lo relevante. Ser la solución del momento o la propuesta que nos salve de algo peor no es suficiente. Que Albert le pregunte a su admirado Emmanuel Macron. 

¿Qué debería hacer Ciudadanos? Desde mi humilde opinión, reforzar el proyecto y explicarlo, diferenciarse del Partido Popular en contenidos y no solo en formas. El concepto de “lo liberal” todavía no se entiende con nitidez en España. Respecto al equipo es insuficiente y poco curtido. Las elecciones no se ganan con buena voluntad. 

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