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Imma Aguilar Nàcher

Asesora de comunicación política y electoral. Periodista.

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Abatimiento, Vértigo, Euforia, Contrariedad y Perplejidad: los gestos de la moción

Que los estados anímicos en política pueden variar muy rápido ya lo hemos comentado varias veces en esta columna. Pero esta vez hemos batido el récord de lo trepidante. En solo una semana hemos cambiado de presidente, de escenario, de protagonistas y de antagonistas. Pero sobre todo hemos cambiado el estado de ánimo, colectivo e individual. La esperanza por la capacidad de desalojar al PP de su inamovible zona de confort, además de cierta perplejidad por el desarrollo acelerado de los acontecimientos que nos han impedido digerir el proceso y sus consecuencias. Hay quienes sienten miedo al futuro y quienes se instalan en la euforia o el abatimiento dependiendo de dónde le haya tocado estar, si entre los vencedores o entre los vencidos. La ciclotimia vertiginosa de las horas y los días nos han dejado agotados. De la indignación al miedo, del miedo a la ilusión, de la ilusión a la euforia o el abatimiento. 

Hoy sábado, 2 de junio, segundo día triunfal de Sánchez, varias imágenes que muestran el ánimo de los que protagonizaron unos días históricos que perdurarán en nuestra memoria colectiva: 

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La política en los tiempos del cólera

Un partido de gobierno condenado como partícipe a título lucrativo por responsabilidad en casos de corrupción, tan solo unas horas después de la aprobación de unos presupuestos que solo se podían aprobarse con el apoyo del partido que aspira a gobernar. Otro partido en plena crisis de liderazgo por el famoso “chalet” y el cuarto en horas bajas intentando aprovechar la tempestad con una moción de censura al presidente Rajoy. La situación política y electoral no puede ser más anómala en España, por desconocida y por intrincada.

Recurro al bellísimo título de la obra de García Márquez, El Amor en los Tiempos del Cólera, por ser una obra emblemática del realismo mágico. Y porque el recurso a utilizar el estrámbotico imaginario del cine de Berlanga ya lo hemos rebasado hace mucho tiempo en este país. Ya no se trata solo de corrupción o indignación ciudadana frente a los personajes de la picaresca política que refleja tan inteligentemente la película del cineasta valenciano La Escopeta Nacional. La situación ha perdido lo humorístico que podía tener y ha pasado a ser de tragedia. El relato político español es de difícil abordaje.

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El relato de la izquierda

No sabemos qué estaba pensando Pablo Iglesias la primera vez que entró en el chalet de Galapagar del que será propietario dentro de 30 años, cuando haya acabado de pagar su hipoteca en deuda contraída con la Caja de Ingenieros. Pero apostaría a que ambos, Pablo Iglesias e Irene Montero, imaginaban a sus dos hijos pequeños correteando por los alrededores de la piscina-lago, jugando con un precioso ejemplar de perro lanudo. Estaban pensando más en su futuro personal que en su presente político. Algunos lo llamarían “asentar la cabeza” y otros “aburguesarse”. 

En el mítico libro de George Lakoff No pienses en un elefante, en que habla de los diferentes marcos mentales que rigen las decisiones de la derecha y la izquierda, el lingüista norteamericano explica que el comportamiento de izquierdas encaja prioritariamente en las decisiones que se toman en el escenario de la política, pero no tanto así en las que afectan al ámbito de lo privado. Votantes y dirigentes que se alinean ideológicamente en el progresismo, en su vida privada suelen aplicar maneras conservadoras orientadas a la seguridad y las oportunidades para sus familias. Esto no es necesariamente contradictorio. Si se miran bien, lectores, es posible que, siendo ustedes personas que de forma irrenunciable se sienten de izquierdas, en sus comportamientos privados sean padres o madres autoritarias y estrictas, mucho más clásicos de lo que exhiben en la expresión pública. Que hayan pensado en inscribir a sus hijos e hijas en algún programa de educación privada, que impongan la jerarquía y el orden para conservar la seguridad y las comodidades para sus familias. 

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¿Qué es tecnopolítica?

Esta semana se ha celebrado en Madrid una jornada sobre la Tecnopolítica y la semana que viene se celebrará un evento que organiza la Casa de América y la Fundación Ortega-Marañón sobre las tendencias electorales, con participación de políticos, consultores y empresas de demoscopia. Es notorio que la política es un tema que interesa y, sobre todo, la comunicación de la política y de su vertiente electoral. Falta un año para que se celebren las próximas elecciones en España, vista la casi total certeza de que en Catalunya no serán necesarias nuevas elecciones. En la primavera se celebrarán las municipales y las autonómicas.

Los resultados de las últimas encuestas de intención de voto, la última esta semana del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), presentan un panorama nuevo en la política española con tres partidos casi en un empate técnico: PP, Ciudadanos y PSOE; es decir, si las elecciones generales se celebrasen ya, cualquiera de los tres podría ganar. ¿Cuál sería la clave para que una de esas tres formaciones ganase las elecciones? Ganaría el partido que pudiese responder a la pregunta sobre quién es capaz de canalizar mejor las aspiraciones, demandas, miedos y deseos del electorado mayoritario. Varios factores serían necesarios para que esta conjunción se produjera en una campaña demostrativa y colectivizadora que apelase a la mayoría del electorado. Un candidato o candidata heroico y confiable, un equipo eficiente y un proyecto que los votantes comprendiesen como propio. Los partidos no parecen muy conscientes de que la gente no vota por lo que es su cartel, sus siglas, ni tan siquiera su proyecto, sino que lo hacen por lo que ellos son, por lo que cada uno de los electores sienten y creen de forma individual y en colectivo. Y no, yo no seré quien diga que la ideología ha dejado de ser la razón que maneje el votante con su papeleta en la mano ante la urna. No creo que la ideología haya dejado de importar en esa decisión. Ni mucho menos. Lo que ha ocurrido es que se han incorporado nuevos ejes que se entrelazan con el de la ideología, como el de élite frente a base, mayores frente a jóvenes, ciudades versus interior.

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El derecho a informarse con una prensa libre

Si unimos uno y otro concepto da esto. Me refiero a la libertad de prensa y al derecho a la información, que vienen a ser las dos caras de una misma moneda, el mismo derecho o la misma libertad vista de uno u otro lado. Para que los ciudadanos comprendan la importancia de una prensa libre, no hay que apelar solo a los derechos de los periodistas y de los medios a expresarse y a publicar sin censura, sino a su propio derecho a recibir información veraz, rigurosa, contrastada y útil. No diré objetiva porque la información siempre pasa por la mirada de un sujeto al que se le supone la honestidad y la fidelidad a la verdad. Me explico. Las consecuencias que pueda presentar hoy en España la falta de libertad o la precariedad con la que trabajan los periodistas, el imperio del ‘click’ o la crisis de modelo de negocio no tiene que presentarse como un problema laboral de los periodistas o económico para las empresas, sino como un déficit del importante derecho a la información que todos tenemos por ciudadanía. Solo así estaremos siendo fieles a la gravedad de esta carencia. Dicho de otro modo, el tema nos apela a todos y no solo a los periodistas.

La libertad de prensa y la libertad de información, indisolublemente unidas, conforman la libertad de opinión, pudiendo concebirse ésta como el derecho a recibir información veraz y honesta. De hecho, podemos clasificar los diferentes regímenes políticos según el modo en que se ejerza y se respete al derecho a la información. No nos quedemos en meras celebraciones del día mundial de la libertad de prensa que se celebró el pasado jueves. Preguntémonos si los problemas que atacan al periodismo están afectando a la mismísima democracia y si en España está garantizado el derecho a la información. No solo es la censura, es también la desinformación.

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Que la política aprenda de la calle

Dicen que el mundo de las emociones es el mundo de lo femenino. Eso dicen. Lo que parece obvio es que cuando las mujeres se mueven, todo avanza. Vean qué ilustrativo cómo concluye el correo que acabo de recibir del colectivo de mujeres periodistas “Las Periodistas Paramos”: Solo de imaginar todo lo bueno que puede salir de este movimiento surgido el pasado 8 de marzo se nos ponen los pelos de punta. 

Estos días se ha celebrado en Bolivia la Conferencia Internacional de Mujeres Presidentas de Parlamentos y una de las conclusiones es que las mujeres sufren violencia física y política en el sur del continente americano y en África. Si comparamos con ello, las mujeres europeas no parece que podamos sufrir situaciones así, pero la percepción general de que el sistema que nos circunda es patriarcal y de discurso único se ha manifestado el pasado 8 de marzo y esta semana. 

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Telegram y la política

Últimamente las plataformas digitales sociales están siendo noticia en el ámbito de la política. Whatsapp lo fue por ser la que más y mejor viraliza en comunidades de confianza los mensajes de la propaganda, blanca, negra o sucia. Facebook, por su apertura de datos al alcance de cualquier tipo de campaña, ya sea de desprestigio o de amplificación de bulos gracias a la posibilidad de segmentación que ofrece en manos propuestas política o contrapropuestas. Esta semana ha sido Telegram, una aplicación de mensajería instantánea que, a diferencia de Whatsapp, acoge la posibilidad de tener miles de miembros en un solo grupo o los canales, vías de distribución de mensajes masivos a los que se puede unir cualquiera. Y ha sido noticia por la filtración que se ha producido del documento que supuestamente colgó Carolina Bescansa en uno de los canales de Telegram, con casi 2.000 suscriptores de Podemos, cuyos integrantes y simpatizantes suelen escoger esta plataforma de comunicación, seguramente por la aparente seguridad que plantea de cara a la comunicación no exactamente pública. 

Nadie escapa a la utilidad de los chats que todos usamos como forma de comunicación multilateral autogestionada. También la política. Son herramientas muy valiosas tanto para el debate y la comunicación directa privada, como para la viralización de contenidos, ya que cada uno de nosotros se convierte en un auténtico nodo de distribución de mensajes. Dicho de otro modo, se ha convertido en una plataforma imprescindible para la toma de decisiones colegiadas y para la movilización, el activismo y la propaganda. Mientras escribimos este texto, me llega por Whatsapp un vídeo que pide la absolución de tres agentes de salvamento marítimo acusados de tráfico de personas por intentar salvar la vida de personas que llegaban en barco huyendo de sus países. Si este contenido tan emocional me llega de parte de alguien que conozco y aprecio, no dudo y difundo. 

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La comunicación de crisis en política

La política en España vive en permanente crisis. La mentira, la corrupción, los debates inservibles y lo electoral como único objetivo es el paisaje que los ciudadanos contemplan cada día. Y no me refiero a la falta de ética, de valores y de eficacia que tiene, que es lo verdaderamente grave. Sino a la imagen que eso construye. La que llega y se instala. En el escaparate solo hay un producto que comprar: la desconfianza. No existe la comunicación de crisis en política porque vive en permanente crisis. Cualquier comunicación en ese marco es crítica. 

El caso de Cristina Cifuentes es una doble crisis: la de la acción y la de la comunicación. El problema nunca es de lo que se dice, sino de lo que se hace. No nos quedemos en el storytelling, sino fijémonos en el storydoing. Se suele achacar a una mala comunicación las explicaciones no convincentes que nos dan los políticos. Pero lo importante no es si se sabe explicar una mentira, o evadirla. Lo relevante es el hecho, la acción, la mentira y la responsabilidad. 

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Necesitamos un Mundial

Nada es lo mismo si atendemos al estado de ánimo colectivo en un momento concreto de una sociedad. Lo personal es político y lo que les pasa a los políticos y a los ciudadanos en el ámbito personal, las percepciones y los sentimientos mueven nuestras decisiones, seguramente mucho más que nuestros argumentos y nuestras razones.

Uno se levanta por la mañana y lo primero que percibe es su estado de ánimo frente a lo que le espera ese día. A España le pasa lo mismo. Se levanta y se encuentra con mentiras no rebatidas, linchamientos públicos, instituciones que no funcionan, un futuro incierto en lo económico, jóvenes sin perspectivas, pensiones no garantizadas, partidos políticos en decadencia, debates inocuos, dobles legitimidades, presidentes que mienten o que huyen, una televisión que todo lo frivoliza, medios de comunicación al rebufo de las oleadas tuiteras de saña y avidez de sangre. Cualquier buena noticia es percibida inútil ante tanta negatividad. Ante ello, cunde el desánimo, la indignación y la duda. En ese caldo, en ese ánimo colectivo, no es fácil que afloren buenas intenciones. La gente tiene motivos para reaccionar con desdén o desapego, o enfado, o saña.

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La mentira, el linchamiento público y las dimisiones

Da la sensación de que nos movemos por pasillos alargados llenos de cortinas de humo que no llevan a ningún lugar. El humo va confundiendo y manipulando a los que perciben las acciones de unos u otros. Todo es humo, todo es percepción. La comunicación pública trabaja sobre percepciones y no sobre realidades. Llega un momento en que lo importante ya no es tanto si Cifuentes ha mentido, sino cómo maneja las formas, los términos de su defensa, sus ataques, las cortinas de humo perfectas, evasoras, temas que desvían la atención, que nos hacen hablar de aspectos colaterales que carecen de gravedad.

En política importan las formas que son fondo, sí. Pero siempre que no nos desvíen del fondo. Y en este asunto de la formación académica de Cifuentes, lo importante es la verdad. La mentira en política es el principal pecado, y la dimisión es la pena política más dolorosa y humillante.

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