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Jesús Rocamora

Badajoz, 1977. Soy licenciado en Derecho y Periodismo y he trabajado en periódicos desde 2001. Primero en La Razón, luego como Jefe de Sección y Redactor Jefe de Culturas en Público. He colaborado en MondoSonoro, Rolling Stone, GQ, SModa y PlayGround, entre otros medios, y escribo habitualmente en El Confidencial y La Marea. Ahora vivo en Brasil, entre cowboys y pescadores.

Diez canciones de las que la radio se olvidó en 2015

Hicimos una lista sobre los 10 debuts internacionales más sonados de este año 2015, así como otro tema acerca de los grupos nacionales que nos dejaba este año que ya casi toca a su fin. Ahora te proponemos las diez canciones -cinco autóctonas y otras tantas foráneas- que, si bien algunas tienen cierto aire mainstream, seguro que no han sonado mucho por las estaciones de radio -con permiso de The Weeknd-. Nunca es tarde para descubrir nuevos talentos...

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El Sónar mira al sur

No es la primera vez que el Sónar mira al hemisferio sur. En 2004, el festival desembarcaba por primera vez en Brasil, en una edición en la que "vivimos el funk carioca con DJ Marboro, Psilosamples, Emicida o Criolo, artistas locales muy potentes que luego trajimos a Barcelona", según recuerda hoy Enric Palau, uno de sus codirectores. Después llegaría Sónar Buenos Aires, en 2006, y de vuelta a São Paulo en las sucesivas ediciones de 2012 y 2013.

Lo que el festival propone estos días es otra cosa, un nuevo formato "comprimido", que durante dos semanas llevará su programación -una mezcla de artistas internacionales como The Chemical Brothers, Hot Chip y Evian Christ con locales- a cuatro de las capitales más importantes del subcontinente: São Paulo, Buenos Aires, Santiago de Chile y Bogotá. Desembarcan con "humildad", como reconoce el también codirector Ricard Robles, con la intención de que el festival "sea algo de lo que hagan uso los artistas y creadores de la región" pero también con la idea de que sus propuestas acaben "contagiando al propio lenguaje del Sónar Barcelona, a la personalidad de la marca".

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Boogarins: ni héroes ni marginales

La de los sesenta fue una década fértil y exuberante en Brasil en lo que a producción artística se refiere, en gran medida como reacción a la dictadura militar, que desde 1964 se extendió durante los siguientes veinte años y que normalizó el control y la censura a golpe de decreto. Mientras los tipos en uniforme preparaban el terreno para colocar sus botas por encima de la ciudadanía, tan solo en el panorama musical convivían dos corrientes ideológicamente opuestas de bossa nova, la canción protesta, el ye-yé –que en su versión local se llamó iê-iê-iê y que supuso la irrupción de la cultura de masas en el país– y ese cajón de sastre llamado MPB o Música Popular Brasileña. Y luego estaban los tropicalistas.

A finales de los sesenta,  el movimiento tropicalista o Tropicália fue el que mejor supo unir el Brasil tradicional con el vanguardista y, en una relectura hippie y pop del Manifiesto Antropofágico, canibalizó pasado y presente del país para producir un potaje alucinante: allí echaron las bananas de Carmen Miranda y las guitarras eléctricas del rock europeo y estadounidense, poesía concreta y telenovelas, el teatro experimental y el Cinema Novo, la larga tradición de bandidos brasileños, como Cara de Cavalo o Lampião, y el lema seja marginal, seja herói. Aquello se esfumó con la marcha de  Caetano Veloso y Gilberto Gil al exilio europeo en 1969 tras varios meses de prisión, pero la semilla estaba plantada.

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Grace Jones: la vida en rosa (y negro)

"En aquellos días se decía que los DJs eran dioses. Pero eran los peluqueros quienes entonces eran los verdaderos dioses", cuenta Grace Jones (Spanish Town, Jamaica, 1948) en sus memorias, recordando los años previos al nacimiento de la música disco. El libro lleva semanas dándonos titulares, antes incluso de su lanzamiento:  las teorías sobre género y sexualidad de la artista, sus opiniones sobre las nuevas estrellas del pop global, de  Miley Cyrus a Kim Kardashian, y hasta los detalles de su primer orgasmo, que precisamente fue con Andre, un peluquero de dedos prodigiosos que primero esculpió y pintó su cabeza y luego le hizo disfrutar de un "sexo de otra era, de otro sistema solar".

El título del libro no es una boutade de una artista especializada en el escándalo. I'll Never Write My Memoirs hace referencia a algo que ella mismo escribió y cantó una vez: que nunca escribiría sus memorias. "Pero no puedes ir por la vida sin romper tus promesas. Y algunas reglas. Bueno, un montón de reglas", escribe. Una actitud que ilustra la facilidad con la que Jones ha ido desprendiéndose de sus identidades pasadas, de las otras Grace Jones que ha ido creando para luego desechar como bocetos agotados. "No una cantante, ni una modelo, ni una bailarina, ni una actriz, ni una artista de performance: todo eso y algo más". Es a lo que aspiraba como artista. A definirse por todo lo que no era.

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Björk, anatomía de una mutante

"Confesémoslo: es difícil entrarle del todo a Biophilia", reconocía el periodista Stéphane Deschamps al comienzo de su entrevista con Björk para Los Inrockuptibles, en octubre de 2011. Bajo una peluca ridícula y ante el proyecto “más ambicioso, colectivo, excéntrico y visionario de su muy larga carrera, ¿Björk se creería un poco Dios, o quizá Terrence Malick?”, se preguntaba Deschamps. Biophilia (2011), concebido como  una aplicación interactiva multimedia para dispositivos Apple propia de Brian Eno, pretendía documentar el comportamiento de la música como un organismo vivo que cambia y muta constantemente para adaptarse al medio, apoyado con material de National Geographic, narrado por David Attenborough y planteado en directo con una serie de instrumentos creados para la ocasión. Y visto así, su versión en CD no dejó de ser como encerrar un pájaro en una jaula para oírlo cantar. Perdía su encanto.

Y confesemos también que con sus últimos tres álbumes ha sido fácil perder el interés en la islandesa, que siempre ha caminado haciendo equilibrios entre la música popular y la experimentación sonora, entre esa tradición pagana que imaginas tocada con un arpa y la electrónica vanguardista, entre una música realmente excitante para el oyente y cierto ensimismamiento propio de los artistas que tienden a perderse en su jardín interior.

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Cuatro grupos nuevos, jovenes y patrios que te vas a aprender de memoria

Espanto son Teresa y Luis, un proyecto musical que lleva activo desde 2005. Antes de ser un grupo, estos dos profesores de Logroño eran novios y ya compartían muchas obsesiones: las arañas, los ratones, la caducidad de los productos, los lugares abandonados, las antigüedades. Entre 2005 y 2010 grabaron “cuatro maquetas y dos discos y medio” y alcanzaron el estatus de grupo de culto. En 2011, el suplemento EP3 de El País les dedica su portada, donde los presentaba como “el dúo revelación de 2011”. Su reticencia a tocar en directo es conocida, así que sus actuaciones siempre tienen algo de especial. “Se nota que el motor del Lurrazpiko Festa es la pasión: los organizadores son guapos y entusiastas. Encontramos su proyecto muy cercano y vamos a roquear con todo nuestro amor”, adelantan. Su último disco, Rock’n Roll, salió bajo el paraguas de Austrohúngaro en noviembre de 2012.

¿Qué hacéis en Espanto?

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Los vigilantes enmascarados del ‘underground’ español

Ellos mismos se ven un poco como la aldea de Astérix en los tebeos: todos los años España es tomada por casi los mismos grupos en prácticamente los mismos festivales. ¿Toda? No, en Donostia, un pequeño grupo de bárbaros irreductibles se juega todos sus ahorros en un festival underground. El Lurrazpiko Festa nació hace tres años como escaparate de las actividades de la entonces recién nacida promotora y sello discográfico Ayo Silver! y este fin de semana llega a su tercera edición, con la que busca consolidarse como “una cita importante, que no masiva”. 19 artistas, dos salas, dos días. “Una especie de revista de lo-que-está-pasando-cuando-está-pasando, al margen de los pildorazos que vamos programando regularmente, que pasan más desapercibidos. Hay taaanto que pasa desapercibido”, se lamenta Borja Marín, uno de los galos incombustibles que forman Ayo Silver! junto a Álex López, Ibon Lorenzo e Iñaki Otalora. “Y nos gustan tantos grupos que no sabemos decir que no”.

El cartel del Lurrazpiko Festa incluye algunos nombres internacionales como gancho inevitable, como los neoyorquinos Pop. 1280, que estos días están de gira por nuestro país y que se mueven entre el brutalismo y las referencias ciberpunk, y los franceses Forever Pavot, además de artistas nacionales ya asimilados: Joe Crepúsculo, Discípulos de Dionisos, Los Chicos, Espanto. El grueso, sin embargo, es underground nacional, ese “talento emergente” que enarbolan con orgullo en Ayo Silver!, encabezado por el cada vez más reconocido Pablo Und Destruktion y también por uno de los hypes del año pasado: Hinds (antes Deers), cuatro jóvenes madrileñas de las que parece que la prensa internacional se ha enamorado, que han hecho sold out en París y Londres en las últimas dos semanas y todavía no tienen disco. El festival no quiere saber de géneros: hay punk pop (Biznaga), techno-pop (El último vecino), psicodelia (Sacramento), “rocanrol a-la-Devo” (The Balladurians) y propuestas más escurridizas como Los Hermanos Cubero (“que mezclan la jota de la Alcarria con el bluegrass y el hillbilly”) o Loss Cesáreas (un homenaje de los valencianos Wau y los Arrrrghs! “al Beat, al Punk y al R'n'R hecho sin más pretensiones que dar por el culo”).

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Dios los cría y ellos se juntan (para hacer ruido)

Piensen un momento en el punk como en la revolución francesa del pop e imaginen una plaza en la que una multitud de jóvenes cabreados zarandean públicamente a niñatos, melenudos ridículos y viejas glorias, y colocan sus cabezas a disposición de la guillotina. Hay que cortar por lo sano con el antiguo régimen. Entre las pocas estrellas que conservaron su pescuezo está Bowie, que tenía todas las papeletas por aristócrata, genio, ladrón y teatrero. Pero Bowie se encontraba en aquellos días, a mediados-finales de los 70s, en Berlín, que es lo mismo que decir que estaba en la Luna, experimentando con la electrónica y pariendo una fabulosa trilogía de discos, más interesado en la nueva sensibilidad sintética germana que en cualquier cosa con guitarras que llegara de EEUU. A la vez, producía los dos mejores trabajos que Iggy Pop haya grabado jamás.

Pasando rápido de atrás hacia adelante, Bowie aparece en la foto con los proto-punks y su huella es innegable en el post-punk. ¿Convierte eso a Bowie en un punk? ¿Hay diferencia entre los punks auténticos y lo punks que sólo se arreglan el pelo, como canta El Pardo en Somos todas? Mmm, ¿a quién beneficia el eterno debate sobre la autenticidad?

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Veinte canciones para entender 2014

Hubo un tiempo, a comienzos del año, en que todo giraba en torno a True Detective, su ambientación tóxica, las niñas muertas y la verborrea química de Matthew McConaughey, que menudo año se ha marcado con El lobo de Wall Street, Dallas Buyers Club e Interstellar, Oscar incluido.

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Mourn: tenían menos de 20 años y no estaban locas

Carla Pérez y Jazz Rodríguez nacieron en 1996, el año en que Aznar se convirtió en presidente del gobierno, el Atlético de Madrid celebró su doblete en una cabalgata por Madrid donde no faltó ni el caballo de Jesús Gil (“ ¡Mira, ese es Imperioso!”) y el año en que salió a la venta en Japón el primer videojuego de Pokémon. Para entonces el grunge estaba más que enterrado y el rock alternativo norteamericano mutaba rápidamente hacia una mezcla de rap y metal que durante unos años coparía revistas, radios y televisiones.

Así que cuesta imaginar que cuando Carla y Jazz se conocieron en el bachillerato artístico en Mataró, hace apenas dos años y pico, ambas compartieran unos referentes de una época que no habían vivido y que incluían a mujeres como PJ Harvey, Kristin Hersh (Throwing Muses) y Kim Gordon (Sonic Youth). En casa, discos de Sebadoh, Pavement, Elliot Smith y Fugazi. En clase, camisetas de Rolling Stones, The Strokes y los Ramones.

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