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Juan Antonio Gil de los Santos

Diputado de Podemos en el Parlamento de Andalucía. Licenciado en Economía por la Universidad de Málaga, CAE University of Cambridge.

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La necesaria reforma de la gestión de la sanidad pública andaluza

La crudeza de la crisis ha mermado no sólo la situación socio económica de muchos andaluces y andaluzas, sino también su ánimo. Y me explico. Por una parte, tenemos la contundente reacción organizada y participada en defensa de aquellos derechos sociales que se vieron amenazados, por supuesto, pero por otro lado tenemos que pasado el tiempo se ha producido una desmovilización de estas mismas reivindicaciones y la subsiguiente normalización por buena parte de la sociedad del deterioro sufrido.

Y es esta normalización y aceptación del quebranto a nuestro sector público, a su desmantelamiento, lo que tiene que alertarnos del peligro que corremos a perder un Estado de Bienestar, que lejos de ser perfecto, era un digno punto alcanzado tras décadas de lucha y esfuerzo colectivo. La cada vez más generalizada percepción del deterioro, entre otras, de la calidad asistencial sanitaria pública y la espiral de desafección de pacientes y profesionales con respecto a la confianza en un sistema sanitario público es otro síntoma que debe llevarnos a una profunda reflexión.

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Los intocables

En la naturaleza todo ecosistema se basa en el equilibrio de los elementos que lo conforman, que son, además, interdependientes entre sí. Si ese equilibrio se perturba de forma considerable y llega a romperse, la pervivencia del propio ecosistema queda comprometida.

Las relaciones que se dan entre sus elementos son de muy diverso tipo: ya sean, entre otras, sinérgicas, simbióticas o parasitarias. Mas estas relaciones tan heterogéneas se conducen en un equilibrio de fuerzas balanceadas, en una continua armonía bajo un engranaje de poleas biológicas compensadoras y descompensadoras.

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Hacia una mayor competencia en la industria farmacéutica

En España los precios de los medicamentos son precios "intervenidos" en cuanto que son regulados por el Estado (el Ministerio de Sanidad), que fija el precio de venta de laboratorio, el margen del almacén distribuidor, y el margen de la oficina de farmacia, para llegar así al precio de venta al público.Las llamadas "subastas" de medicamentos son el mecanismo por el que el Sistema Andaluz de Salud (SAS) selecciona el medicamento a dispensar por las oficinas de farmacia cuando es prescrito por un médico del Sistema Sanitario Público de Andalucía (SSPA) como principio activo (esto es, como medicamento genérico, no una marca comercial). Por tanto, afecta sólo a los genéricos, no a todos los medicamentos. Desde el 1 de enero de 2016, la Ley de Presupuestos Generales del Estado para 2016 establece que cuando la prescripción se realice por principio activo, el farmacéutico dispensará "el medicamento de precio más bajo de su agrupación homogénea", sea éste genérico o de marca. Esto permitiría, si el SAS convoca nuevos procedimientos de selección, que los laboratorios que tienen la marca registrada compitieran con los de genéricos. Antes de las "subastas", la dispensación de los medicamentos prescritos como principio activo (genéricos) funcionaba así: el médico prescribía el principio activo, supongamos que omeprazol, el paciente acudía a la farmacia, y de entre los múltiples preparados de omeprazol autorizados por la AEMPS (Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios), el farmacéutico le entregaba el que él (el farmacéutico) consideraba oportuno; podía ser aquel omeprazol por el que obtiene una mayor bonificación del laboratorio (bonificación del tipo de un envase por cada x vendidos). El beneficio del farmacéutico no se trasladaba al paciente, que seguía pagando la aportación que le correspondía, ni a la Administración, que pagaba a la oficina de farmacia el precio fijado a nivel estatal (deducida la aportación del paciente).

Si el paciente volvía un mes después por su omeprazol podía ocurrir que el mismo farmacéutico le entregara el omeprazol de otro laboratorio (envase distinto, probablemente). 

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Asaltar los cielos... empezando con la vivienda

Se dice que los japoneses no conocen la palabra "crisis" en el mismo sentido negativo que la entendemos en los países occidentales. Esta palabra, en cambio, les evoca un mundo de oportunidades, de empezar algo nuevo, de construir una nueva realidad. No voy, ni mucho menos, a rebajar el drama de lo que ha supuesto la "crisis" en el mundo occidental en general, y en España en particular. Estamos viviendo la que posiblemente sea una de las décadas más negras de la historia reciente. Y lo peor es que ha sido una situación a la que no hemos llegado por una gran guerra o por un gran cataclismo, si no por la ambición desmedida de unos cuantos y por los objetivos claramente antisociales de una élite que ha sabido imponer sus criterios a nivel planetario.

Pero las lágrimas vertidas por este drama no debe nublarnos la vista. La ciudadanía, azuzada por la amenaza galopante de perder derechos que creían consolidados, terminó organizándose en movimientos políticos que están llevando a las instituciones otra forma de ver las cosas. El cambio de siglo lo estamos propiciando realmente ahora y se está vehiculando con un movimiento de abajo a arriba. Es ahora cuando se debe acabar con la manera de hacer fraguada a lo largo del Siglo XX y tomar conciencia de la oportunidad histórica para construir lo que representará el Siglo XXI. Nos situamos ante el gran reto de construir no solo un nuevo modelo económico, sino también un nuevo modelo social basado en la solidaridad, la equidad y la sostenibilidad.

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