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Michael Bronner

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"Tras 22 años, las víctimas del dictador chadiano podemos ver la luz al final del túnel"

En la mañana del 30 de junio de 2013 la policía senegalesa arrestó a Hissène Habré —líder guerrillero que luego se convirtió en dictador de Chad 1982 a 1990— en su casa de Dakar, donde había vivido un dorado exilio de 22 años. Se le acusaba de crímenes de lesa humanidad, tortura y crímenes de guerra.

Se le ha encerrado en una renovada cárcel de Dakar a la espera de juicio ante el Tribunal Extraordinario Africano, una jurisdicción especial en los tribunales de Senegal creado expresamente para su juicio, previsto para 2015. "Las ruedas de la justicia están en marcha", declaró Reed Brody (exdirector de promoción de causas de Human Rights Watch) el día del arresto. "Después de 22 años, por fin las víctimas de Habré pueden ver la luz al final del túnel."

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Era 1986. Libia y el Chad estaban sumidos en una cruenta guerra, en la que EEUU jugaba un papel fundamental en favor de los segundos. El presidente Ronald Reagan quería evitar a toda costa que los planes panafricanos de Gadafi se hicieran realidad. Con la inestimable ayuda de la CIA, los norteamericanos armaron las tropas de Hissène Habré, líder guerrillero que luego se convirtió en dictador de 1982 a 1990. Las tropas libias estaban tomando ventaja y los norteamericanos querían poner remedio.

"Me reunía con el presidente casi a diario, al menos tres o cuatro veces a la semana… y trabajábamos juntos, creo que con evidente éxito", declara John Propst Blane, embajador estadounidense en el Chad de 1985 a 1988. "Su objetivo, su único objetivo durante mi etapa de servicio allí era quitarse a los libios de encima. No pensaba en otra cosa".

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Poco antes de que Ronald Reagan fuera elegido presidente de los Estados Unidos, unas 4.000 tropas libias habían invadido el Chad, sumido en una guerra civil. El país era la plataforma de lanzamiento perfecta para el proyecto panafricano con el que soñaba Muamar el Gadafi. La respuesta de Estados Unidos no se hizo esperar. En secreto, el presidente Reagan decidió, con el beneplácito de la CIA, financiar a Habré para terminar con los planes expansionistas de Gadafi. El primer paso: poner al líder guerrillero en el palacio presidencial.

El responsable de la CIA en Jartum, francoparlante, realizó el primer acercamiento al reunirse con Hissène Habré, quien luego se convertiría en dictador del Chad de 1982 a 1990, y sus consejeros en Sudán. Poco después, las armas y el dinero llegaban al campamento rebelde de Habré en la frontera entre el Chad y Sudán. La CIA enviaba los suministros a Jartum a través de sus aliados regionales y, después, la inteligencia sudanesa, buen aliado de la CIA, los transportaba en tren hasta Nyala, antiguo Cuartel General de la administración británica en Darfur, donde Habré los recogía y transportaba al otro lado de la frontera.

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