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Ramona López

Estudié Historia del Arte en la Universidad de Murcia aunque toda mi vida profesional ha estado dedicada al comercio exterior. Siempre he escrito para intentar comprender este mundo raro y desde hace unos años, gracias a los medios digitales, comparto esas reflexiones con los demás

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'Mariposas en el jardín': una reflexión sobre el perdón

Después de leer por segunda vez el libro de  'Mariposas en el jardín', encuentro que hay en él una cuestión central que  está presente ya desde el primer párrafo, en el que la protagonista, Julia, dice: no conozco a esta mujer, no siento compasión por ella. Esa cuestión es la dificultad de la protagonista para perdonar, una dificultad que se vuelve contra ella, que es una persona herida, fracturada. Pero como dice el escritor francés de aforismos Yvan Audouard,  "bienaventurados los fracturados porque ellos dejan pasar la luz". En efecto, sin esas fracturas la protagonista no sería la persona compleja y poliédrica que es.

Esta novela habla del perdón y de la visión retrospectiva sobre nuestra propia vida. Reflexiona sobre el hecho de que, si no se cierran ciertas puertas, no se puede seguir caminando o al menos no se puede seguir caminando sin dolor. La historia contiene un secreto. Hay una frase al final del primer capítulo que tira de la historia, la resume y nos hace seguir la trama sin aliento. Eve, uno de los personajes, le pregunta a Julia: ¿tan grave fue lo que te hizo que no puedes perdonar a una mujer que se está muriendo? Vemos, a lo largo del libro, que el perdón es un ejercicio complicado pero sobre todo es un ejercicio involuntario. Aunque podamos hacer que de él participe nuestro intelecto, nuestra voluntad no puede participar porque perdonar, como amar, no recibe órdenes. Odiar obliga a vivir con un peso que no hemos decidido cargar; perdonar equivaldría a soltar ese peso, pero del mismo modo que no hemos decidido cargar con él, tampoco es posible decidir liberarnos de él. Este es el tema central del libro.

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El trifachito baila un chotis sobre un ladrillo

El trifachito baila un chotis sobre un ladrillo, ¿por qué? Porque resulta que no había sitio para tanto facha.  Como será la cosa que Pablo Casado ha salido ya a decir que Vox es ultraderecha. Se ha dado cuenta ahora, después de la caída desde el octavo piso de ese Partido Popular que ya tiene más gente en la cárcel que en el Congreso. La parte en la que más me he reído es esa en la que el PP se queja de la Ley d’Hont, con lo que les gustaba cuando el partido damnificado era IU. En fin, Pablo, no te preocupes por tu futuro: con tu postgrado en Harvard (¿o era en Harbacete?) ofertas no te van a faltar.

Qué contento estaba el trifachito. Tan felices de las prometían que ya se habían repartido los ministerios, los toreros  se veían entrando en el Congreso con traje de luces. Tan contentos ahí mano a mano, manifestándose junticos en Colón, disputándose el espacio de la extrema derecha. Rivera ha recogido sólo 25 de los 71 escaños que ha perdido el PP al abandonar ese espacio de centro con el que tanto se identificaba. Él, que lo mismo es del Barça que del Madrid según quién le pregunté y a qué hora, se ha pasado al bando ultra en el que Abascal, por supuesto, le adelanta por la derecha porque va a caballo.

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Material deleznable

El adjetivo 'deleznable' aplicado a materiales significa: inconsistente, de poca duración o resistencia. Que se rompe, se disgrega o se deshace fácilmente.

El ser humano es puritito material deleznable.  Cualquiera que haya pasado por una experiencia de participación en un grupo político, a cualquier nivel (partido, club, peña, sociedad, asociación, colectivo, círculo, ateneo, cenáculo, junta, casino, federación, liga, alianza, cofradía, comunidad) es posible que piense, como pienso yo, que las personas en política suelen tener comportamientos deleznables. Es así. El que participando en política no haya vivido decepciones, que me escriba un privado, que colecciono unicornios.

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Casado sin bozal

Leo por ahí que o Casado se ha olvidado la medicación o que se automedica. Ojalá, no es ninguna de las dos cosas. Lo que le ocurre a Casado (y ojalá fuera a él solo) es que carece de humanidad y lo que dice es lo que piensa, o como se llame ese proceso que tiene lugar en su cabeza. Luego lo sueltan sin bozal, le ponen un micrófono delante y pasa lo que pasa. En fin…

Repito, no es sólo Casado, lo que le ocurre a este individuo es que no tiene filtro y suelta en público lo que está en el hardcore de un partido neoliberal que considera que los inmigrantes no son completamente humanos. Un partido que propugna el extractivismo puro en todo ámbito: utilizar y desechar, ya sea recursos, esquilmando un planeta al límite de sus posibilidades, ya sea a seres humanos, extrayendo de ellos lo único que tienen de utilizable.

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La voz de las prostitutas

¿Son las prostitutas esas mujeres libres y empoderadas de las que oímos hablar por parte de quienes son partidarios de la prostitución? ¿Son dueñas de sus cuerpos y llevan la bandera de la libertad, de la sexualidad libre y variada, de la vida alegre y diversa, del deseo? ¿Viajan, viven la noche y llevan ropa divertida? ¿Ha salido todo este discurso de la boca de las prostitutas?

Yo me pregunto, cuando una mujer tiene cada día quince o veinte encuentros sexuales con hombres desconocidos a los que no desea, hombres de cualquier edad y condición, estado etílico, nivel higiénico o ánimo violento ¿Está realmente disfrutando ella de su sexualidad? Es evidente que no. Quienes disfrutan de esos encuentros sexuales son los puteros, entonces, no son ellas las dueñas de su sexualidad sino que ésta está al servicio del putero que es el que recoge el beneficio del disfrute.

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Un salón de juego en cada esquina

Ha cerrado una zapatería en la avenida y ha abierto una casa de apuestas. Es la tercera en setecientos metros y en poco más de un año. Cada negocio que cierra en esta calle, abre al poco tiempo convertido en salón de juegos. Estos locales son todo lujo, la fachada es un prodigio decorativo: el césped de un campo de fútbol atravesado por sus rayas blancas; los niños cuando pasan acarician la hierba artificial de un verde brillante. En el interior el lujo es aún mayor. Esto ocurre en la avenida que va desde mi casa hasta la calle mayor de mi pueblo. Mi pueblo es todos los pueblos, todos los pueblos donde las casas de apuestas crecen como una amenaza silenciosa, sin que haya protesta vecinal, sin ruido mediático.

Hay un chico de dieciséis años que está enganchado a las máquinas tragaperras, él las llama "las rulas", un apelativo infantil para un juego peligroso: aún no ha abandonado la infancia. Este chico de dieciséis años es todos los chicos, todos los adolescentes que se sienten atraídos por el vértigo del juego, una trampa tan cotidiana que tiene un local en cada esquina. Al principio en su casa echaban de menos pequeñas cantidades de dinero, nada alarmante. Cinco euros aquí, veinte allá. Un día se pasa de la raya, quizás la adicción ya ha ido tomando cuerpo, y el hurto es flagrante: 150 euros. Ya nadie duda en la familia, el chico se ve acorralado y confiesa: lleva más de un año jugando, ¿pero cuándo, cómo no nos hemos enterado? Cada fin de semana, en cada ocasión a veces incluso entre semana, saltándonos las clases ¿Cómo es posible, dónde? En cualquier sitio, si no nos dejaban entrar aquí nos íbamos al barrio de al lado o al siguiente pueblo, ¿Pero cómo, si está prohibido a menores? Tengo un carné falso aunque muchas veces ni lo piden aunque saben que tenemos menos dieciocho ¿Con quién ibas? Con otros dos de mi clase al principio, pero luego me piqué e iba yo solo muchas veces, en cuanto pillaba algo de dinero, me iba volando al local de juego, me podía pasar toda la tarde y en fin de semana, toda la noche. Lo peor que te puede pasar es que ganes, entonces ya no lo puedes dejar. Una vez le metí mil quinientos euros a una máquina. ¿Qué dices, de dónde habías sacado tú mil quinientos euros? Los gané en la máquina ¿Y qué hiciste con ellos? Los volví a perder.

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Fascismo medioambiental

La relación del capitalismo con la naturaleza se puede calificar como de fascismo medioambiental pues está basada en superioridad, dominio, abuso e indiferencia. El fascismo excluye de la categoría humana e incluso del derecho a la vida a todo aquello que no esté sometido a su hegemonía. El capitalismo convierte a las personas en mercancía y a la naturaleza en recursos, reduciendo lo humano a comerciable y lo natural a mero stock.

Las medidas que Bolsonaro está anunciando con respecto a la Amazonía, que se resumen en entregarla amordazada y maniatada al agronegocio y que ponen en peligro la gran reserva ecológica del planeta, son una auténtica aberración y dan cuenta de ese fascismo medioambiental del que hablamos. Y no solo medioambiental: varias decenas de millones de personas viven en las selvas amazónicas y una vez que se acabe con su medio natural, morirán, con la complicidad de los casi cincuenta millones de brasileños que le han votado y ante la indiferencia total de la comunidad internacional. Para esta concepción del mundo, lo que no es recurso es desecho y los indígenas son percibidos como un elemento más de la naturaleza (casi como no humanos), pero no un recurso. Si a ellos sumamos que son considerados como un 'obstáculo para el progreso', el futuro de estas comunidades está prácticamente sentenciado.

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Avisa cuando llegues

No salgas sola a correr

A ver qué ropa llevas

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Vientres de alquiler: derecho y deseo

La defensa de la "maternidad subrogada" se basa en varios argumentos que analizaremos a continuación: el derecho a la procreación, lo amados que serán esos niños tan deseados, el altruismo y la libertad de las mujeres.

El primer argumento es directamente una falsedad interesada: la procreación no es un derecho ni lo ha sido nunca. Y sin embargo, este anhelo que se quiere hacer pasar por derecho, conculca, en la mayoría de los casos, muchos otros derechos fundamentales: el derecho a filiación, el derecho a conocer el origen, el derecho de las mujeres al propio cuerpo y el derecho natural del bebé a estar con la madre "piel con piel" nada más nacer.

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El último 'Messias'

Jair Messias Bolsonaro ha llegado al poder. Seguramente es verdad que no hay mal que cien años dure, pero qué daño hará mientras tanto. De momento una de las diputadas del PSL, la catarinense Ana Caroline Campagnolo y el propio Bolsonaro piden a los alumnos universitarios  que graben a los profesores durante las clases para denunciar ideas subversivas. La libertad de cátedra en estado de sitio, la censura se apodera de las aulas de la mano del fascismo. El creacionismo entra en el currículum educativo al mismo nivel y compitiendo con la Teoría de la Evolución. Pasos de gigante hacia las cavernas.

La justicia no ha tardado nada en convertirse en un instrumento político, como cabe a cualquier partido fascista: el juez Sergio Moro, que inhabilitó a Lula da Silva (favorito de largo en todas las encuestas) para presentarse a las elecciones, ha sido designado ministro de justicia con Bolsonaro. Como en la mafia, los favores se pagan.

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