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Ricardo Royo-Villanova

Periodista. He trabajado en El Norte de Castilla y en El Mundo de Valladolid, he pasado por diferentes gabinetes de Prensa y he sido director de Comunicación del Ayuntamiento de Rivas durante casi una década. Ahora me dedico a fabricar webs, porque las webs se fabrican, y tengo dos blogs casi abandonados: A Sueldo de Moscú y Canciones Rusas. He militado en varios partidos políticos, siempre en la izquierda y ahora compagino la militancia con un cierto descreimiento, mientras leo mucho y escribo más bien poco. Pueden seguirme en Twitter: @rjroyovillanova.

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¿De qué hablamos cuando hablamos de diálogo?

La independencia de Cataluña es una aspiración política legítima, como lo son la liberalización del aborto, el matrimonio igualitario, la eliminación del Impuesto de Sucesiones, el despido libre o el establecimiento de un sistema educativo público, por citar sólo algunos ejemplos. En democracia, la ley debe garantizar que cualquier aspiración política legítima se pueda materializar de manera legal.

En España hay un conflicto político que nos bloquea al menos desde 2006, y urge resolverlo: una parte importante de la ciudadanía de Cataluña no está satisfecha con su encaje institucional en  nuestro país. La negativa del autoproclamado "constitucionalismo" a tratar este asunto de otra forma que no sea usar la Ley y la Constitución como si fueran sendas fustas ha contribuido a que de la insatisfacción con el encaje de Cataluña en España, prácticamente la mitad de la población catalana haya pasado al abierto apoyo a la independencia.

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Vistalegre 2: ¿Para qué hemos llegado hasta aquí?

Podemos representó un cambio cualitativo en mi vida política. No fue sólo cambiar de partido, tampoco fue cambiar de ideas, porque en lo sustancial, no las cambié. Pero supuso un cambio radical de actitud y de mi posición ante el hecho político. Por primera vez en 30 años –entré en política en 1986, al calor de los rescoldos del referéndum de la OTAN- me encontraba en un partido que realmente quería gobernar, en un partido que no se conformaba con ser la conciencia del régimen, ni la conciencia de la izquierda, ni una oposición muy fuerte en la calle, o la muleta de otro partido, ni su aguijón... Por primera vez me encontraba en una formación política que se referenciaba en sí misma y no en su relación con otras fuerzas, y que tenía la vocación clara e inequívoca de cambiar cosas aplicando su programa desde el gobierno.

Me sorprendieron y marcaron mucho las palabras de Pablo Iglesias la noche electoral de las europeas (en las que yo aún militaba en IU, partido para el que hice campaña). Después de un éxito evidente, entrar en el Europarlamento con 5 diputados cuando las encuestas más optimistas les daban 3 y las que todo el mundo consideraba más realistas les daban un diputado, dijo serio, casi circunspecto y solemne, que no habían conseguido sus objetivos porque no tenían votos suficientes para aspirar a gobernar. Casi lo presentó como un fracaso.

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