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Rubén Gutiérrez Cabrera

Graduado en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Activista ecosocial en la asociación La Ecoaldea UCM. Ha sido dinamizador de procesos de presupuestos participativos y coordinador de programas formativos vinculados a las transiciones ecosociales.

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Movilizaciones estudiantiles y nuevos horizontes de transición ecosocial

El pasado viernes, las movilizaciones con motivo de la Huelga Global por el Clima (el 15M Climático) desbordaron todas las expectativas. Algunos nos habíamos aventurado a imaginar la posibilidad de llevarnos una sorpresa. Pero lo que se vivió en más de 2.000 manifestaciones a lo largo de más de 120 países de todo el mundo, fue algo que nadie podía prever. No solo por los datos de participación: 10.000 personas en Madrid, 150.000 en Australia, 30.000 en Roma, 10.000 en Londres… sino, sobre todo, porque pocas son las ocasiones en las que es la juventud la que lidera un movimiento global guiado por la exigencia de políticas a la altura de la actual situación de emergencia climática. Un movimiento, por otro lado, que no ha hecho más que empezar: Fridays For Future planea continuar convocando acciones los viernes, Extinction Rebellion tiene programada una acción internacional para el 15 de abril, y para 2020 hay planeadas múltiples acciones por una escalada de acción a largo plazo por la justicia climática y el cambio del sistema.

Este movimiento, que algunos incluso comienzan a calificar como la última esperanza del planeta, está despertando tanto entusiasmo entre quienes aún creen que es posible hacer algo para evitar el colapso civilizatorio hacia el que nos dirigimos, como miedo entre aquellos que ven peligrar sus privilegios. Siguiendo la analogía con la que Jorge Riechmann ilustra el desafío que supone la actual crisis ecosocial, si la humanidad viaja a bordo del Titanic, una gran parte de los pasajeros aún no entiende por qué tendría que renunciar a disfrutar de la música de la orquesta, mientras que la otra parte es consciente del inminente choque y une fuerzas para activar los frenos de emergencia. Pero, ¿y la tripulación? Como explica Douglas Rushkoff, los más ricos vienen preparándose desde hace tiempo construyendo sus propios botes salvavidas para abandonar el barco. Decimos que no hay planeta B, pero… ¿y si lo hubiera pero no tuviésemos botes salvavidas para toda la humanidad?

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