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Cuatro días de calor extremo sin una zona verde a la vista: “Es insano no poder disfrutar de la sombra de un árbol”

La Calle Simanca, en el distrito madrileño de Tetúan.

Andrés Actis

Madrid —
26 de junio de 2026 22:01 h

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Son las 17:48 del miércoles 24 de junio, último día de la ola de calor que ha abrasado España y gran parte de Europa. La temperatura en la calle Margallo, en el distrito de Tetuán, en Madrid, roza los 38ºC. “Te aseguro que la sensación térmica supera los 43ºC”, aclara Beatriz, una camarera que se abanica en la puerta de un pequeño bar sin climatización ni clientes. Y agrega: “Parte de la culpa la tiene el cemento, todo es hormigón en este barrio”. Razón no le falta.

Los árboles en esa zona se cuentan con los dedos de las manos. Hay algunos pocos girando hacia Bravo Murillo, una de las arterias más anchas y transitadas de la zona. Casi ninguno en calles estrechas como Limonero o San Felipe. Hay coches, aceras, edificios y muchos comercios. Pero la naturaleza urbana —el color verde—, un elemento central de la adaptación al calor extremo, brilla por su ausencia.

En Tetuán, al noroeste de la capital, viven aproximadamente 169.500 personas. Se distribuye en una superficie de 5,3 kilómetros cuadrados, lo que lo convierte en uno de los distritos más densamente poblados de Madrid. De larga historia de acogida de población inmigrante obrera, este barrio, que no escapa a la turistificación ni a la especulación inmobiliaria —más de 20 nuevos edificios en los últimos tres años, según el registro de licencias otorgadas por el Ayuntamiento de Madrid— es considerado uno de los más diversos y multiculturales de la ciudad.

Las asociaciones vecinales del distrito tienen en la actualidad dos grandes cruzadas: evitar que el borrador del Plan Estratégico Municipal (PEM) que está redactando el Ayuntamiento salga adelante —supondría duplicar la cantidad de viviendas nuevas proyectadas en un suelo ya “saturado— y mejorar el acceso a la naturaleza, un déficit que cuando el verano aprieta intensifica el efecto isla de calor, fenómeno por el cual las áreas metropolitanas registran temperaturas significativamente más altas (entre 1°C y hasta 12°C más) que sus entornos rurales circundantes.

Según un informe cartográfico publicado recientemente por la organización ecologista Amigas de la Tierra junto al Grupo de Investigación en Arquitectura, Urbanismo y Sostenibilidad (GIAU+S) de la Universidad Politécnica de Madrid, Tetúan es uno de los puntos geográficos de la ciudad que “urge renaturalizar”. No solo desde un punto de vista ecológico, sino como una herramienta de bienestar y adaptación a las altas temperaturas para sus vecinos, sobre todo las personas más vulnerables, que no tienen renta suficiente para climatizar y rehabilitar sus viviendas.

Los autores de este trabajo analizaron el acceso a las zonas verdes de diez ciudades del país para la población y las diferencias de disfrute en función del nivel de renta. Pusieron la lupa sobre Madrid (3.340.176 habitantes), Valencia (804.121), Zaragoza (683.949), Sevilla (684.164), Palma (430.640), Valladolid (297.129), Badajoz (150.716 hab.), Ourense (104.187), Santiago de Compostela (98.716) e Ibiza (51.872).

Plaza calle Sor Ángela de la Cruz, en el madrileño distrito de Tetuán.

Llegaron a la conclusión de que el 60% de la ciudadanía no tiene acceso suficiente a la naturaleza, superando el 80% en ciudades como Ourense y Valencia. Basaron el análisis en la recomendación de la Organización Mundial de la Salud, la regla 3-30-300: poder ver 3 árboles desde la ventana, un 30% de cobertura vegetal en el barrio y un parque de al menos una hectárea a no más de 300 metros.

Madrid destaca por un contraste: con algo más de 17m2 de zona verde por habitante, es la tercera de las ciudades analizadas con mejor ratio, por encima de la media del conjunto de las diez ciudades analizadas (14,15m2 zv/hab). Sin embargo, de cara a su accesibilidad cotidiana, el 62% de la población no dispone de una zona verde pública de más de una hectárea a menos de 300 metros de su hogar. Se trata de un valor superior a la media del conjunto de las ciudades analizadas (60%). En total, casi dos millones de personas en Madrid no tienen acceso a un espacio verde suficiente a menos de 300 metros.

La investigación identifica cuatro áreas prioritarias para aumentar la vegetación: Puente de Vallecas, San Blas-Canillejas, Carabanchel y Tetuán, por la combinación de pocas zonas verdes y rentas bajas. “En la calle Serrano de Madrid hay un bajo acceso a la naturaleza. Pero las rentas altas permiten una mejor adaptación al calor extremo. Esto en Tetuán no pasa. La investigación busca visibilizar esta doble e interconectada problemática”, explica Miguel Díaz-Carro, responsable de biodiversidad y territorios de Amigas de la Tierra, uno de los autores del estudio.

Sin escapatoria al calor asfixiante

Ángela y sus dos hijos, de cinco y ocho años, toman un descanso en la boca del metro. La corriente de aire, aunque caliente, da respiro al bochorno. Al avanzar por la calle Margallo el calor se intensifica por el motor encendido de los coches que están aparcados. “Con otro clima me hubiese bajado a beber algo en una terraza, pero con este calor hago tiempo dentro con el aire acondicionado encendido”, explica Miguel, un repartidor.

Todas las terrazas de los bares ubicados en la calle Sor Ángela de la Cruz están vacías. Hay sombrillas, pero el aire caliente queda atrapado bajo la lona, generando un efecto invernadero que no invita a sentarse. Igual de vacía está la plaza dura ubicada en el cantero central de la avenida, castigada por el sol. Sin ninguna sombra natural, nadie descansa en esos bancos hasta que no cae la noche.

Víctor, mecánico, lleva 45 años viviendo en el barrio. “Es insano no poder disfrutar de la sombra de un árbol”, dice. Se autodefine como “privilegiado” por tener aire acondicionado en su casa. “Muchos vecinos no tienen. Las casas son un infierno. Y las calles, sin nada verde, también”, se queja.

Mapa de Madrid según el acceso a zonas verdes

Isabela León Cesín, arquitecta y urbanista, Project Manager de Ecodes, afirma que los árboles, a través de la sombra y la evapotranspiración, pueden reducir la temperatura del aire entre 2 y 5°C y la de las superficies entre 10 y 12°C. En un evento extremo, como el de estos días, “esa diferencia puede salvar vidas”.

No obstante, si todos los vecinos de Tetuán pudiesen acceder a un aire acondicionado, el problema estaría lejos de estar resuelto. “Una ciudad que solo se puede habitar en verano si puedes pagar aire acondicionado no es una ciudad preparada para el cambio climático”, aclara esta experta.

Lo sabe Paula, una madre que juega con sus hijos en uno de los pocos parques infantiles de Tetuán, en la calle Pinos Alta, rodeado de árboles. Hay sombra para sus pequeños, que suben y bajan del tobogán, y para ella, que los mira sentada en un banco protegido por un enorme arbusto. “Esta sombra nos está dando la vida en estos días de mucho calor. Necesitamos más zonas infantiles que en verano se puedan habitar”, reclama la mujer.

Las soluciones

Miguel Díaz explica que las ciudades apenas ocupan el 2% de la superficie de la Tierra, pero más de la mitad de la población vive en ellas, cifra que en España crece hasta un 80%. Por ello, en un escenario de crisis climática y ecológica, “las ciudades son un punto clave en la adaptación”.

“La vegetación cumple una función democratizadora. Que dos millones de personas en Madrid no tengan acceso a la naturaleza es una barbaridad. Lo bueno es que hay soluciones, las administraciones tienen a mano herramientas para aumentar el acceso a las zonas verdes de los ciudadanos”, subraya.

Pone el ejemplo de las plazas duras de Tetuán. Estos espacios “representan uno de los mayores activos para la ampliación de zonas verdes”. El informe explica que “reverdecer una plaza no es solo una operación de mejora ambiental, sino también de restitución histórica”. Las intervenciones de este tipo deben propiciar la diversificación del pavimento, introduciendo una mayor superficie permeable y zonas de plantación, así como la incorporación de arbolado, compatibilizando la mejora ambiental con los usos estanciales.

“Puede que en Tetuán, por su densidad de población, no se pueda construir un gran parque, pero hay muchas estrategias de renaturalización que pueden ponerse en práctica. Es cuestión de decisión política”, agrega Miguel Díaz.

¿Qué es la renaturalización urbana? La creación o facilitación de biodiversidad silvestre, elementos y procesos naturales en los núcleos urbanos, responde el activista de Amigas de la Tierra. “Todo solar libre de Madrid tiene que transformarse en una zona verde. Es una cuestión de resiliencia, adaptación y salud física y mental”, insiste.

Eso sí, la planificación verde estratégica en favor del derecho de acceso a la naturaleza, advierte, debe ir asociada a políticas públicas orientadas a la regulación de los precios del suelo y del alquiler, y la creación y ampliación de un parque de vivienda pública bien dotado de espacios verdes.

Y, si bien la gentrificación es un riesgo de la renaturalización de las ciudades, no puede permitir “un retroceso en una ejecución de renaturalización a gran escala”. La investigación concluye que es posible lograr un acceso a la naturaleza de los ciudadanos con menos poder adquisitivo “sin que esto suponga poner en riesgo su derecho a tener una vivienda digna”. 

Si en Tetuán se consumase esta transformación, tal vez, el repartidor Miguel podría disfrutar de sus habituales descansos en una zona verde en lugar de encerrado en su coche con el motor encendido para hacer funcionar el aire acondicionado. 

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