Macron, Meloni y Merz siguen el camino trazado por Sánchez
“No podemos quedar aislados”, dijo Feijóo con esa cara que pone de estar muy preocupado. “Sánchez nos está posicionando fuera del núcleo de nuestros aliados”, afirmó Ester Muñoz, portavoz del PP en el Congreso y de escasos conocimientos de política exterior. “El Ejecutivo socialista opta por una equidistancia que lo deja solo en el peor de los escenarios: el de la ambigüedad moral y la orfandad estratégica”, se explayaba el editorial de ABC. Huérfanos en mitad de Europa, clamaba la derecha. No nos caerán las migajas de la mesa. Nos moriremos de hambre.
Hay tan poca experiencia sobre política exterior en la dirección del PP que no hay que esperar mucho tiempo para que la realidad les estalle en la cara. A veces sólo tienen que pasar 24 horas o menos. Después de no atreverse a contradecir a Trump en el Despacho Oval, el canciller alemán Friedrich Merz rectificó y dejó claro que no iba a dejar sola a España frente a la ira de EEUU. Macron no tardó mucho tiempo en colocarse en el mismo punto en el que estaba Pedro Sánchez: “Francia no forma parte de esta guerra. No estamos en combate y no vamos a involucrarnos en ella”. Giorgia Meloni había estado callada varios días hasta que decidió que tenía que presentar su posición. Italia “no está en guerra” ni quiere “entrar en ella”. De repente, los que se habían quedado solos eran Feijóo y sus mariachis.
La decisión de Sánchez de no poner las bases militares españoles a disposición de la guerra norteamericana contra Irán provocó la indignación del PP. Ya sabemos lo que habría hecho Feijóo si hubiera estado al frente del Gobierno en estos días. El ministro de Defensa del muy derechista Gobierno de Meloni no está en esa línea. “El uso de las bases militares italianas será el mismo que el de las españolas y de Sánchez”, dijo Guido Crosetto. Lo que el ABC había llamado en su editorial “la enésima deslealtad de Sánchez” no es muy diferente a lo que después afirmaron en público los gobiernos de Italia y Francia. Vamos camino de que media Europa sea tan desleal como Sánchez.
En 2003, el Gobierno de Aznar decidió ignorar la posición de Francia y Alemania para ponerse del lado de EEUU en el proyecto de invasión de Irak. Ahora el PP parece que está cometiendo el mismo error con el agravante de que no hay ningún análisis estratégico que lo respalde. Al menos, Aznar tenía una idea definida sobre cómo debía ser la política exterior de España y empeñó su palabra en defenderla, también a cuenta de las armas de destrucción masiva, con las consecuencias conocidas por todos. En estos momentos, todo se reduce a decir lo contrario que Sánchez.
Será que confían en que sus guardaespaldas mediáticos les salven la cara. Eso es lo que pasó el viernes. El ABC tituló a toda plana en su portada “Falso 'no a la guerra'”. Todo porque Sánchez decidió enviar una fragata a la misión encabezada por Francia para defender a Chipre de un posible ataque iraní. Chipre es un país de la UE y los demás socios tienen la obligación de defenderlo, según el artículo 42.7 de los tratados. Primero, criticaron a Sánchez por no colaborar con EEUU en la destrucción del régimen iraní y luego le criticaron por lo contrario. No se aclaran.
La fragata forma parte del grupo naval de apoyo al portaaviones Charles de Gaulle que Macron mandó hacia Chipre. Abandonar esa misión aumentaba el riesgo u obligaba a buscarle una alternativa y Sánchez prefirió no ponerle las cosas más difíciles a Macron. Defender a Chipre no es lo mismo que atacar Irán, por si es necesario recordarlo, aunque a algunos les ha costado entenderlo. Es una manipulación a la que se unió alegremente El Español.
Un 68% de los españoles está poco o nada de acuerdo con la guerra, según una encuesta de El País (sólo el 36% de los votantes del PP la apoya). El 53% está a favor del veto al uso de las bases de Rota y Morón decidido por el Gobierno. Cerca del 26% lo censura.
Los resultados no son muy distintos en la encuesta de El Mundo. A pesar de que su titular es “Sánchez activa la polarización masiva”, los datos muestran que el 62% rechaza la guerra. Un 51,6% cree acertada la decisión de impedir el uso de las bases (un 40,9% está en contra). Los españoles no están polarizados. Están muy preocupados por el desenlace de los acontecimientos, temen sus repercusiones económicas y no quieren que Trump arrastre a España a una guerra como ocurrió en 2003.
Por si acaso, porque sería estúpido pensar que la guerra traerá ventajas económicas, Sánchez ya se ha puesto la venda: “Tienen que ser conscientes de que lo que pueda suceder en sus bolsillos nada tiene que ver con las decisiones del Gobierno de España, sino con una guerra en Irán que es ilegal y que va a traer mucho dolor”. Le escucharemos responder eso al PP en el Congreso más de una vez.
Evidentemente, los intereses de cada país europeo son diferentes. Las relaciones de Alemania con Israel condicionan su política exterior. Francia tiene el compromiso de defender al Gobierno de Líbano y además cuenta con una base militar en Emiratos. Reino Unido está prestando ayuda logística a EEUU, aunque Starmer ha dicho que no para acciones militares ofensivas, sino para proteger a los países del Golfo Pérsico (esa distinción no ha gustado nada a Trump). Polonia y otros países de Europa del Este se unirán a lo que diga Washington.
Por encima de las consideraciones específicas de cada país, los líderes europeos no querían esta guerra, entre otras cosas porque saben que sufrirán sus consecuencias mucho más que EEUU. No parece que tengan ningún control sobre las decisiones de la Casa Blanca. Trump sólo quiere aliados si le dan la razón en todo. Eso no quiere decir que vayan a emplear la misma retórica que Sánchez. Trump es como una granada de mano y los dirigentes europeos no tienen ganas de que les estalle en las manos.
Marco Rubio ha comunicado a los ministros árabes de Exteriores que la guerra puede durar varias semanas. Trump exigió el viernes la “rendición incondicional” a los dirigentes iraníes, que no se la van a conceder, un día después de alardear de que aspira a elegir personalmente al próximo líder supremo de Irán. Es una forma de imperialismo a golpe de la última ocurrencia del presidente de EEUU. Washington ha animado a los líderes kurdos iraníes a que se enfrenten con las armas al Gobierno de Teherán, lo que ha hecho que se hable del riesgo de que se desencadene una guerra civil.
Merz empieza a ponerse nervioso. Ha dicho que es imprescindible que se mantenga la integridad de Irán como Estado. “No queremos que se produzca un escenario sirio”, dijo refiriéndose al éxodo masivo que tuvo lugar en ese país. Siria tenía entonces unos 22 millones de habitantes. Irán cuenta con más de 91 millones. “Lógicamente, tenemos un gran interés en evitar nuevas oleadas de refugiados desde la región”, siguió diciendo.
Trump y Netanyahu pueden destruir Irán y convertirlo en un infierno del que millones de personas intenten escapar, sea por la guerra o por la represión que pueda desatar Teherán. Merz, Meloni, Macron y Sánchez no quieren ser quienes paguen la factura mientras Trump busca otro Gobierno al que derrocar. Eso es algo de lo que Feijóo aún no se ha enterado.