Open Mountain Month: cuando la montaña deja de ser un paisaje y se convierte en una experiencia

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Hay momentos en los que la montaña deja de contemplarse desde la distancia para vivirse de verdad. Esa es, precisamente, la esencia del Open Mountain Month, una iniciativa creada por Helly Hansen que invita a descubrir el entorno alpino desde dentro, aprendiendo nuevas habilidades, enfrentándose a desafíos personales y compartiendo experiencias junto a profesionales y otros aficionados a la montaña.

Para la edición de este año, y ya van cinco, se dieron cita treinta entusiastas de la montaña, entre guías, prensa, equipo de Helly Hansen y los afortunados ganadores del concurso Helly Hansen, todos deseosos de vivir una intensa experiencia en montaña. Una experiencia, o aventura, que comenzó en el Val d’Aran, entre senderos de alta montaña, lagos glaciares y algunos de los paisajes más espectaculares del Pirineo leridano.

Uno de los puntos clave de la experiencia fue la llegada al refugio de montaña de Colomers, situado a más de 2.100 metros de altitud, junto al Estany Major y dentro del entorno privilegiado del Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici. Este refugio es una de las etapas más emblemáticas de la conocida travesía Carros de Foc y una auténtica puerta de entrada a la alta montaña pirenaica.

Pero el Open Mountain Month va mucho más allá de caminar por hermosos y espectaculares senderos. La propuesta busca que los participantes desarrollen habilidades reales en montaña: desde la planificación de rutas y la interpretación del terreno hasta la gestión del esfuerzo, la seguridad y la toma de decisiones en entornos de alta montaña. Un aprendizaje práctico que se ha realizado gracias a los guías profesionales de Carros de Foc, convirtiendo cada jornada en una oportunidad para ganar autonomía y disfrutar de un enclave único.

Ascensión al Tuc de Balaguera

Uno de los momentos más esperados, y gratificantes a la postre, del programa fue la preparación y posterior ascensión guiada al Tuc de Balaguera, una cumbre de 2.753 metros que exige cierto nivel físico, pero sobre todo constancia y un respeto máximo por el entorno. Más allá del reto físico, la cima de este pico también obliga a salir de la zona de confort y a comprender mejor cómo funciona la montaña.

Ya se sabe que moverse por la alta montaña no entiende de treguas, y la previsión meteorológica manda tanto o más que las propias piernas. Sabiendo que las previsiones daban lluvias a mediodía, se antojaba fundamental madrugar para ponerse en marcha pronto. Tras el preceptivo y riguroso control de material, el equipo comenzaba la marcha ascendente. Los números hablan por sí solos, un desnivel positivo de más de 400 metros concentrado en apenas 2,5 kilómetros de recorrido. A medida que se ganaba altura, el paisaje se transformaba en un imponente lienzo alpino, dejando atrás, más bien a sus pies, una espectacular panorámica de lagos glaciares.

Alzando nuevamente la mirada, se alcanzaba el tramo clave de la ascensión: dos neveros que había que subir con crampones y piolet, pese a estar ya metidos en el mes de junio. El primero, más técnico y casi vertical, para los más expertos. El segundo, una escapatoria que se realiza a pie fácilmente.

Independientemente del elegido, ambos coincidían más arriba en un llano todavía completamente nevado y donde, ahora sí, era imprescindible calzarse los crampones y sacar el piolet para atacar el segundo nevero que llevaba hasta el collado antes de la cima del Tuc de Balaguera.

La recompensa llegaría ahí, en la cima, con las panorámicas abiertas sobre los valles y las crestas del Pirineo. Estar allí arriba hace que se entiende por qué cada vez más deportistas buscan experiencias que combinen aventura, aprendizaje y naturaleza. La montaña ya no es únicamente un escenario para practicar deporte, sino un espacio donde adquirir conocimientos, mejorar habilidades y conectar de una forma más auténtica con el medio natural.

El material, a prueba

Sin embargo, la montaña, como ya se preveía, marcaría los tiempos. Justo en el momento de la foto de cumbre, las primeras gotas de lluvia hicieron acto de presencia, obligando al equipo a iniciar un rápido, pero seguro descenso. Un descenso que luego se vería marcado por la niebla, que acompañó al equipo durante todo el trayecto de vuelta hasta el refugio.

Casualmente, las condiciones del descenso permitieron probar, y de la mejor manera posible, la nueva chaqueta Odin Infinity Minimalist de Helly Hansen, una prenda de apenas 200 gramos, impermeable, transpirable y muy compacta, pensada para actividades alpinas de ritmo rápido, como el montañismo, en climas severos. Una chaqueta que permitió al grupo olvidarse de las inclemencias meteorológicas y centrarse únicamente en el descenso, algo que, sinceramente, es lo que se busca en este tipo de prendas.

Al final, y pese al cambio de tiempo, una victoria exprés en los Pirineos donde la buena planificación y el ritmo fueron, una vez más, las claves del éxito.

Esa misma tarde, y ya en el refugio de Colomers, los asistentes pudieron disfrutar de una deliciosa cata de productos típicos yde la zona elaborados de forma artesanal. Por un lado, la cerveza Refu, con sus diferentes estilos, y por otro, el tomate en conserva de Encantaran, con sus diversas variedades y aliños. Sin duda, la mejor forma de poner punto y final a una fantástica jornada de montaña.

Merece la pena apuntar que, en un momento en el que el senderismo y las actividades de montaña viven un importante auge en España, propuestas como Open Mountain Month responden a una tendencia cada vez más consolidada: la de quienes buscan experiencias activas, sostenibles y formativas. Porque alcanzar una cima siempre deja una fotografía memorable, pero lo que realmente permanece es todo lo aprendido durante el camino.