El Tenerife gana al colista y pierde el orden
El Tenerife ganó al colista sin aprobarse ni a sí mismo, pero después de este insípido 1-0 agranda a doce puntos (uno más con el adicional por el coeficiente particular) la distancia con el Celta Fortuna. Por repartirse 27 adicionales, le quedan dos retos al equipo de Cervera: volver a la combinación de orden y letalidad que le trajo hasta este liderato descomunal y —no tan urgente, pero más beatífico— cerrar el dichoso ascenso cuanto antes.
En tanto no ocurra lo primero, al Tenerife le seguirán creciendo las dudas para cualquier lance del juego, en lo que pierden crédito algunos titulares y otros inhabituales no suman. Con lo segundo, debería liberarse de la ansiedad el equipo entero y esa parte del Heliodoro que ha entendido esta travesía del Sinaí como un crucero de recreo del que solo espera una goleada tras otra o, al menos, un ejercicio de fútbol de salón.
Ausente el brillo y la eficacia, el Tenerife ganó —de aquella manera, pero ganó— en una tarde arisca, una suma de precipitaciones y desconexiones de las que participaron antes los futbolistas que el entrenador, en un debate introspectivo que al menos le servirá para saber quiénes valdrán para el reto de la Segunda División cuando acabe esta penitencia de la tercera categoría.
En la línea habitual desde febrero, el Tenerife gestionó la obligación de ganar con más voluntad que acierto en lo que los hechos confirmaban que está muy lejos de la solvencia que le trajo hasta estos 63 puntos, solo dos menos que los 65 con los que subió el año pasado la Leonesa. Cervera premió con la titularidad a Cris Montes y en media hora quedó explicada su eterna suplencia.
Más volante, nada parecido a un extremo, cada acción de Montes trajo recuerdo del ausente Nacho Gil, sin el que el Tenerife tendrá que completar su única tarea del curso. Montes obró como un ocho dizque correcto porque se guardó de perder el balón mientras solo le nacían pases a la corta con César o de vuelta a los medios. Cuando Fabricio entendió la situación, se asoció con el lateral buscando caídas al área o se apuntó a colgar balones por si Gastón (el primer cabezazo al larguero) o Gallego cazaban algo.
Entre la inanidad de Montes salvo cuando asistió a Gallego para el segundo remate —y en la segunda jugada otra madera de Vallés— y la esterilidad de Noel López para irse de alguien en el lado izquierdo, el partido se le fue espesando a los blanquiazules hasta llegar a un descanso en tablas que llamaba a cambios, por más que las ocasiones pudieran esconder la efectividad perdida.
Antes de las rotaciones y después de una primera defensa grotesca a la vuelta de la caseta que casi acabó en gol rojillo, la constancia en la presión alta premió a los locales. El portero se lio en el saque, Vallés anduvo listo para robar en el vértice del área y cuando la devolvió al área chica para que definiera a placer Gallego, apareció Arrasate para cortar el pase y batir a Fernández, ya vendido para entonces.
El 1-0, el penalti que no fue pero señaló el árbitro y la hombrada de Dani con una mano que adivinó el lanzamiento de Ander Yoldi para hacer justicia no rearmaron a un Tenerife que ya corría entre dudas. Los cambios hicieron el resto. Del triple con el que se estrenó Cervera podía intuirse lo que devino el partido. Tiró a Chapela —que, efectivamente, anda todavía en la pretemporada— por el flanco que dejó libre Montes, le dio a Ulloa galones no correspondidos asociado con Juanjo y cambió al bloqueado Noel por el hoy previsible Baldé, un diestro de un solo lance que acomoda a su par y desespera a los tendidos.
El Tenerife perdió primero el orden, luego el medio juego y, de últimas, la serenidad para atender el empuje con el que se fue Osasuna a por el empate—lanzado por un Arrasate redivivo y el miedo que metió Pedroarena, ya con León como improvisado lateral izquierdo— cuando olió la descomposición de su rival.
Cervera descartó la entrada de Dani Fernández por la lesión de David que obligó a la entrada de Antal y cuando metió a Alassan sentando a un fundido Fabricio, mantuvo a Chapela como extremo hasta que convino que el canterano le lucía más como siete que como diez.
El desaguisado —alargado el Tenerife, incapaz de sacarse una vuelta como de atacar largo para llevar el partido a término— no fue a mayores por la inoperancia que explica la condición de colista de Osasuna. Al cabo, una llamada de atención general que obligará a técnicos y futbolistas a elevar tensión y atención para lo que queda, no vaya a quedarse el ascenso que viene en un simple aprobado que no recoja el caudal de méritos que ha llevado al Tenerife a este liderazgo insultante.
(1) CD Tenerife: Dani; César (Antal, 77’), Landázuri, León, David; Cris Montes (Ulloa, 63’), Juanjo, Fabricio (Alassan, 84’), Noel López (Baldé, 63’); Gastón Vallés y Enric Gallego (Iván Chapela, 63’).
(0) Osasuna Promesas: Fernández; Mikel Anso (Kepa, 52’), Unai Santos (Lumbreras, 75’), Auria, Jiménez, Raúl Chasco; Arrasate, Echegoyen (Garín, 86’), Manu Rico (Bruno Pérez, 86’), Ander Yoldi; y Dani González (Pedroarena, 75’).
Gol: 1-0, 50’: Arrasate, en propia puerta.
Árbitro: David Cambronero González (comité castellano-manchego). Amonestó a Gastón Valles (66’) y César (87’); y a los visitantes Echegoyen (7’), Unai Santos (21) y Miguel Auria (77’).
Incidencias: Partido de la vigésimo novena jornada del Grupo I de la Primera Federación 25-26. Estadio Heliodoro Rodríguez López, ante 12.288 espectadores.
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