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ENTREVISTA
Expresidente del Parlamento Europeo

Enrique Barón: “Putin trata de imponer un orden que reemplace al de la ONU”

Enrique Barón, expresidente del Parlamento Europeo.

Rodrigo Ponce de León

Corresponsal en Bruselas —
3 de abril de 2026 22:01 h

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“Hay que seguir construyendo la Unión Europea. Soy de la generación que tenía grabado a fuego en la memoria que España es el problema y Europa la solución”. Con estas palabras, Enrique Barón (Madrid, 1944), doctor en Derecho y economista, expresidente del Parlamento Europeo entre 1989 y 1992, señala el camino a recorrer cuando “hay gente que discute el sistema multilateral del marco de la ONU, aunque funciona”.

Ahora ha publicado Paz y guerra De la URSS a la magna Rusia. Notas de viajes (RBA Libros), donde repasa algunos de los momentos de su carrera para diseccionar la historia de Rusia y el papel de “neozar” Vladímir Putin. Barón asegura que “el futuro de Europa depende de que se consiga una paz justa en Ucrania”, en un momento complicado en la consecución de la construcción de Europa como “Federación Europea”.

Usted explica en su libro que fue a dar un discurso en Kaliningrado, ciudad de Emmanuel Kant y donde tenía la oportunidad de hablar de su concepto de paz perpetua. ¿Qué está fallando para que esa paz se vea vulnerada de esta manera cuando se cumple un cuarto del siglo XXI?

La paz no ha sido la situación normal. Fui a Kaliningrado en un momento en el que estábamos tratando de acercarnos desde la Unión Europea en lo que se llamaba Asociación para la paz. Di una conferencia con el título A Farewell to Arms (Adiós a las armas), que es el título del de la famosa novela de Ernest Hemingway. Expliqué cómo estábamos construyendo Europa en un momento en el que había una posibilidad de acercamiento y de diálogo tras la caída del muro y la implosión de la Unión Soviética.

La paz no es un estado normal. La paz es un proceso que hay que trabajar. Siempre pongo la imagen del tejedor: la paz es un proceso de ir tejiendo valores, intereses, complicidades y, sobre todo, controlar la violencia, que es un elemento que está presente en las sociedades humanas.

Ahora se escucha que hay que acabar con el viejo orden establecido en reglas internacionales... No creo que se deba de reemplazar, ya que entonces solo tendremos caos y el ejercicio del poder absoluto

¿Sería posible ahora una Conferencia de Helsinki como la de 1975? Usted señala esa Conferencia como un “ejercicio modélico de diplomacia” por su acta sobre derechos humanos y libertades, que operó de forma pacífica como una “carga de profundidad” que acabó socavando al bloque soviético.

La Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa (CSCE), que fue la hija de la Conferencia de Helsinki, sigue existiendo y no ha sido denunciada ni por Rusia. Tiene una asamblea parlamentaria en la que hay parlamentarios de toda Europa. Sería muy interesante que el espíritu de Helsinki volviera. Lo que pasa es que la Federación Rusa se metió en una guerra de agresión contra Ucrania y solo hay dos salidas: un triunfo con la eliminación absoluta del contrario o volver a la mesa de negociación y tratar de actuar de manera civilizada.

Escribe en su libro sobre la prueba de fuego de Ucrania para Europa, en los dos sentidos, como compromiso y como zona de guerra. ¿Cuáles deberían ser los próximos pasos de la UE para asegurar la paz?

El futuro de Europa depende de que se consiga una paz justa en Ucrania. Ahora se escucha que hay que acabar con el viejo orden establecido en reglas internacionales... No creo que se deba de reemplazar, ya que entonces solo tendremos caos y el ejercicio del poder absoluto. Solo tendríamos el sonido de las bombas, que rompe todas las normas de derecho internacional. Yo era presidente del Parlamento Europeo cuando cayó el muro de Berlín, que era la cicatriz que dividía Europa, y la Unión Europea la formaban 12 países. Ahora mismo tenemos en la UE a las repúblicas bálticas, Polonia, Hungría, Rumanía, Bulgaria... Se trata de que adoptemos un compromiso para compartir el presente y el futuro con estos países en la Unión Europea.

¿Cree que la UE debe sentarse a negociar con Vladímir Putin sobre Ucrania como han propuesto Emmanuel Macron o Giorgia Meloni?

La Unión Europea no se ha levantado de ninguna mesa. Ha sido Putin el que ha reemplazado la mesa de negociación por la invasión y la agresión.

Le pregunto por una posible negociación porque usted explica que Putin se mueve con la premisa histórica de Stalin de que “el que ocupa el territorio impone también su sistema social hasta donde llega su ejército”, de hecho, la cesión de territorio es donde chocan las negociaciones entre EEUU, Ucrania y Rusia.

Rusia es miembro del Consejo de Seguridad de la ONU. La carta de las Naciones Unidas establece claramente que está en contra de las guerras de invasión de otro Estado miembro, Ucrania es Estado miembro fundador de la ONU. El que tiene que estar dispuesto a sentarse con la Unión Europea es Putin. Pero Putin trata de imponer un orden que reemplace al de la ONU, algo también responde a otro tipo de intereses de Estados Unidos y de China.

En su libro comenta la anécdota de que en la cumbre de Alaska de 2025 entre Donald Trump y Putin, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, acudió luciendo un jersey con las letras “CCCP”, el acrónimo en alfabeto cirílico de la Unión Soviética. Asegura que no fue un mensaje subliminal, sino una pura imagen de propaganda (agit-prop) que condensaba la “idea fija” de Putin originada por un fuerte “síndrome posimperial”.

El mundo ha cambiado mucho. Desde la caída del muro de Berlín, Rusia trata de aceptar la nueva realidad o trata de reconstruir la Unión Soviética. Para Putin, una de sus ideas fijas es que la tragedia más grande que se ha producido desde la Segunda Guerra Mundial fue la implosión de la Unión Soviética. El presidente Mijail Gorbachov, al que traté cuando era presidente del Parlamento Europeo, ya señaló que el sistema soviético estaba gripado, se había destruido como un sistema y aportaba casi todos sus recursos a un esfuerzo militar, fracasó desde dentro.

Hay que seguir construyendo la Unión Europea. Soy de la generación que tenía grabado a fuego en la memoria que España es el problema y Europa la solución

Usted señala que o se dan pasos para construir una “Federación Europea” (el sueño fundacional de 1950) o se corre el riesgo de retroceder hacia una “Santa Alianza”, un sistema dominado por áreas de influencia, nacionalismos regresivos y el sometimiento al neozarismo de Putin, ¿cuáles son los principales impedimentos para alcanzar esa Federación Europea?

La Federación Europea se lleva construyendo desde el final de la Segunda Guerra Mundial, desde el Congreso de La Haya de 1948. Entonces se acordó que había que encontrar una solución federal que superara el pasado. La Declaración Shuman dice que el objetivo es que hay que construir compartiendo valores e intereses, paso a paso, para hacer una federación europea, no habla de un mercado, sino una federación. La actual Unión Europea cuenta con unos tratados que son la constitución, con una declaración de derechos humanos y de valores comunes, con una moneda que funciona y tiene la adhesión del 80% de la ciudadanía. Lo que nos falta ahora es defender lo que hemos conseguido y una política de seguridad, que es ahora el gran desafío.

Usted habla en su capítulo sobre Yugoslavia sobre cómo el fracaso inicial a la hora de detener el conflicto evidenció la imperiosa necesidad de que la UE aprendiera a “hablar con una sola voz” y lograra fraguar una verdadera Política Exterior y de Seguridad Común. Sin embargo, ahora es difícil tener una sola voz, incluso hemos tenido la extraña situación de que la presidenta de la Comisión Europea deslizara que la UE se tendría que olvidar en algún momento del sistema basado en reglas como única forma de defender sus intereses.

Hay que seguir construyendo la Unión Europea. Soy de la generación que tenía grabado a fuego en la memoria que España es el problema y Europa la solución, la famosa frase de Ortega y Gasset. Y esto requiere un esfuerzo cotidiano. La única respuesta es lo que dijo Jean Monnet: “Europa se forjará en crisis”. Ahora hay gente que discute el sistema multilateral del marco de la ONU, aunque funciona, pero no he visto a ningún líder que diga que el sistema de tráfico aéreo hay que desmantelarlo y reemplazarlo. Poner de acuerdo a muchos mediante el diálogo e intereses conjuntos es muy costoso, aunque se ha hecho durante siglos, pero las consecuencias de volver a la ley del más fuerte son peores.

¿Tiene sentido la gobernanza de la UE cuando un país como Hungría tiene capacidad de vetar decisiones que han respaldado el resto de los 26 miembros de la UE?

La unanimidad no funciona ni en las familias. Es necesario reemplazar los vetos o que Hungría respete y aplique los acuerdos. No hay que olvidar que en Hungría hay elecciones en abril. Ya hemos visto lo que ha pasado en Italia y en Francia: un referéndum que planteaba una reforma excepcional por la puerta de atrás ha sido tumbado por el voto en su mayoría femenino y de jóvenes en Italia, y en las elecciones municipales francesas no han triunfado los partidos que plantean una vuelta a un pasado que nunca fue mejor.

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